- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009





Publicar en Liceus
Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

 Ir al artículo...

  Guías culturales

SOR ANA DE SAN JERÓNIMO: LA VOZ PURA Y SENCILLA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“¡A ti ¿A quién, si no a ti, mis voces diera?
¿Quién, como tú, mis voces escuchara?
¿En qué otro mar mi llanto desbocara?
¿En qué otro pecho mi dolor cupiera?
Sor Ana de San Jerónimo

 

Hasta hace pocos años era obligado lugar común hablar de siglo XVIII como el gran desconocido de la historia literaria española, víctima, al parecer, de una desatención crítica que contrastaba con el interés que desde mucho tiempo atrás suscitaba la literatura de los siglos áureos e incluso la de la Edad Media. Mucho ha cambiado, sin embargo, las cosas y hoy el lugar común puede estar, paradójicamente, afirmar todo lo contrario, es decir, en subrayar la fuerte atención intelectual que la época ilustrada suscita en estos momentos.

El siglo XVIII se ha puesto de moda en estos últimos años y no sólo en su dimensión literaria sino en el orden del pensamiento y de la cultura en general.

Lo que caracteriza al siglo XVIII es su ilusionada creencia en un mundo mejor. Todo se orienta a repartir un poco de felicidad ya en este mundo. Heneke ha llamado a este siglo la “edad de las ilusiones”. Edad en la que se intenta regresar a la idea de un Adán sin pecado original y se abre camino a un sentido nuevo de la vida, al sentimiento y a la ternura, substrato importantísimo de esta época de apariencia tan racional.

Los poetas se hacen las grandes interrogaciones que escapan a la mirada del raciocinio. Buena parte de los temas e ideas que informan la poesía pertenecen, en efecto, al ideario común de la Ilustración y, por tanto, son patrimonio de la gran cultura literaria francesa de la época.

No obstante, hay ciertas excepciones como la poesía religiosa, con ambiciones de mística de tres monjas de la época: la sevillana Sor Gregoria Francisca de Santa Teresa, nacida en 1653, que trata los temas clásicos de la mística (ansia de Dios, amor divino, deseo de muerte...); la portuguesa, afincada en Sevilla, Sor María del Cielo que nació en 1658, en cuyo poemas se mezclan el gusto popular y la técnica alegórica, y la madrileña, franciscana en Granada, Sor Ana de San Jerónimo, nacida en 1696, hija del conde de Torrepalma, mujer virtuosa y culta, cuyas Obras poéticas (ed. póstuma, Córdoba, 1773), se han alabado por su sabor clásico y castizo.

Una serie de ingredientes propios de la cultura dieciochesca (anacreontismo, bucolismo...) cristalizan en unos motivos poéticos muy definidos (el amor, la belleza, la naturaleza...) tratados en un tono sencillo caracterizan los poemas de Sor Ana de San Jerónimo nacida en Madrid en 1696.

Era hija de don Pedro de Verdugo y de doña Isabel de Castilla, condes de Torrepalma, vecinos de Granada, donde su casa estaba establecida. Era hermana de don Alonso Verdugo, señor de Gor, que murió siendo embajador de España en la Corte de Turín y que también fue poeta y miembro de la Real Academia Española.

Sor Ana de San Jerónimo recibió una esmerada educación mostrando excelente disposición para el estudio y la poesía.

En 1729 renunció al mundo e ingresó en el convento del Angel de Franciscanas Descalzas, de Granada, profesó el año siguiente y falleció el 11 de noviembre de 1771. Los datos anteriores, excepto el de su fallecimiento figuran en la “Noticia de la Autora” que precede a la edición de sus poesías ( Obras poéticas ), hecha en Córdoba, 1773, por “un apasionado suyo” , el cual tuvo la oportunidad de que Sor Ana se las facilitase para leerlas, y aquél aprovechóla para copiarlas. Y como dijo Sor Ana de San Jerónimo: “De la desconfianza en mí hagan nido / no tenga pausa el daño que me apura, / vivas memorias de mi bien perdido”.

 


Volver a Publicar en Liceus ...



        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online