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GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS: LA VOZ DE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Morir, en fin, de angustia y de tormento,
víctima de un amor irresistible:
ésta es mi situación, ésta es mi suerte.
Y tú quieres, cruel, que esté contento.”
Gaspar Melchor de Jovellanos

 

Gaspar Melchor de Jovellanos es el nombre de una nobilísima figura de hombre de Estado, de entusiasta patriota, de economista excepcional, de literato, distinguidísimo que supo brillar en muy diversos géneros. La figura del siglo XVIII por excelencia, encarna con su vida y su obra la ilustración española, las ansias de reforma y los moldes neoclásicos.

Gaspar Melchor de Jovellanos nace en Gijón el 5 de enero de 1744 y muere el 27 de noviembre en Puerto de Vega (Asturias), cuando regresaba de Cádiz a su tierra natal. Hijo de familia noble estudió en las Universidades de Oviedo, Avila y Alcalá. En esta última Universidad conoció al escritor gaditano Cadalso y trabó amistad con Arias de Saavedra y Ceán Bermúdez, que escribiría su biografía.

Al igual que Arias de Saavedra abandona la carrera eclesiástica para dedicarse a la Magistratura. En 1768, Jovellanos es nombrado Alcalde del Crimen de la Real Audiencia de Sevilla. En esta ciudad, Jovellanos se enamoró de la dama que en sus poemas se llama Clori (que abandonó la ciudad en 1769) y que es la musa de su mejor soneto: “Sentir de una pasión viva y ardiente / todo el afán, zozobra y agonía; / vivir sin premio un día y otro día; / dudar, sufrir, llorar eternamente”. En Sevilla mantuvo también una amistad profunda con la Galatea de versos posteriores. En estos años sevillanos escribe gran parte de sus poemas y la tragedia El delincuente honrado, que se estrena con gran éxito en 1773, y en la que Jovellanos realiza el primer intento de acercamiento teatral a los problemas sociales y morales planteados por las costumbres de la época. Entabla contacto con los poetas de Salamanca, a los que dirige la Epístola de Jovino a sus amigos salmantinos, Jovino es el nombre poético de Jovellanos, en la que exhorta a los jóvenes poetas a cantar la moral filosofía, “las virtudes inocentes que hacen al hombre justo”, los “héroes españoles... las costumbres domésticas”.

En 1778 Jovellanos abandona Sevilla. Es nombrado Alcalde de Casa y Cortre y de inmediato emprende viaje a Madrid. En el viaje escribe la Epístola a sus amigos de Sevilla, en la que da rienda suelta a la emoción que embarga a Jovellanos al abandonar la capital en que quizá pasó los mejores años de su vida. Protegido de Cabarrús y de Campomanes asiste a la tertulia de este último. Ingresa en la Sociedad Económica de Amigos del País y en las Academias de Historia, de San Fernando, Española de la Lengua y de Cánones y Derecho, y participó activamente en la vida pública, en la que aplicó sus ideales reformistas de signo ilustrado.

Influido por la lectura de Cantillon, Condillac, Turgot, Adem Simith, etcétera, preparó varios informes económicos y políticos, como el que versa sobre el libre ejercicio de las Artes (1785), en el que aboga por el liberalismo económico. Defiende además la libertad del trabajo de la mujer y su igualdad respecto al hombre por lo que se convierte en uno de los primeros feministas. Las dos sátiras A Arnesto (1786-87) compaginan al moralista severo con el poeta civil preocupado por los problemas sociales de su patria. La primera de ellas se conoce con el nombre de Sátira contra las mujeres nobles y la segunda con el de Sátira sobre la mala educación de la nobleza.

Al morir Carlos III y caer en desgracia sus ministros, Jovellanos fue alejado de la corte, probablemente a instigación de la nueva reina María Luisa y obligado a residir en Gijón. En agosto de 1790 sale en Asturias. Permanecerá en su tierra siete años, que son conocidos con detalle a través de su Diario. El pretendido destierro supuso para su espíritu cierto grado de compensación, debido al gran cariño que profesaba a su tierra. Los años en Gijón fueron fecundos. Es entonces cuando funda su obra más querida el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía. En 1794 publica su Informe sobre la el expediente de la Ley Agraria, su obra más notable, un clásico de la literatura y de la economía del XVIII. En 1795, ocurre un incidente sobre dicho Informe, que la Inquisición intenta prohibir. La consecuencia fue engrandecer más, si cabe, la figura de Jovellanos a los ojos de muchos de sus contemporáneos. De gran interés es la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España (1796), redactada por encargo de la Academia de la Historia, en la que expone sus ideas sobre el teatro del Siglo de Oro y, sobre todo, sus opiniones sobre lo que debía ser la dramática en su tiempo.

En noviembre de 1797 es nombrado Ministro de Gracia y Justicia. En el Ministerio permanece sólo ocho meses, debido a su sentido de la justicia y a su integridad moral.

Su actitud crítica ante Godoy, la reina y las instituciones y la acusación de haber difundido una traducción del Contrato Social de Rousseau propician su destierro en Mallorca, en 1801. Pasa un año en la Cartuja de Valldemosa. En 1802 es trasladado al castillo de Bellver, con órdenes rigurosas de incomunicación e incluso con prohibición de leer y escribir. No obstante, allí escribió sus Memorias del castillo de Bellver y otras obras.

El 22 de marzo de 1808 Jovellanos es puesto en libertad. Renuncia al Ministerio del Interior que le ofrece el gobierno bonapartista. Su postura es clara: “la causa de mi país, como la de otras provincias, puede ser temeraria, pero es a lo menos honrada”. Llegó a ser miembro de la Junta Central durante la Guerra de la Independencia y hubo de publicar una Memoria en defensa de la Junta Central para hacer frente a ciertas acusaciones.

“ Ha escrito mucho de legislación, de agricultura, de arte, de crítica literaria –escribe Azorín de Jovellanos- . La poesía le encanta; numerosas poesías han salido de su pluma. Poeta es, ante todo, este anciano... Cuando todos sus escritos en prosa pasen, quedarán estos versos plásticos, enérgicos, que él ha escrito”.

En la Epístola a Poncio describe su visión de España. En este poema se refleja el cuerpo entero el Jovellanos ilustrado, el que con Cadalso pasará la antorcha de su actitud crítica frente a los episodios nacionales a Larra, a los hombres del 98, a la poesía social de la posguerra civil del siglo XX. Y como dijo nuestro Jovellanos: “Campos sin árbol, seto ni edificio, / plagados de amapola y jaramago, / yeguas, bueyes y brazos sin oficio. / Aun vi las huellas del horrendo estrago / que desoló a Castilla cuando estaba / matando moros el señor Santiago”.

 


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