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JUAN LARREA: LA VOZ DEL INTRODUCTOR DEL SURREALISMO EN ESPAÑA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Alguien va a morir.
No sé quien
pero mi corazón se sobresalta
como si le señalaran con el dedo
y he quedado tan desnudo que
la luna me vuelve la espalda.”
Juan Larrea

 

Larrea es la figura más asombrosa o peregrina, al decir de Gerardo Diego, entre los poetas de España. Fue escritor de cortas y espaciadas apariciones. Después de ganarse la consideración de los poetas ultraístas, defendió casi en solitario los postulados del creacionismo y fue el introductor en España de los avanzados del surrealismo. En su búsqueda permanente de la verdad, se alejó de las costas seguras de todo movimiento estético.

 

Juan Larrea Celayeta nace en Bilbao el 13 de marzo de 1895, en el seno de una familia acomodada. A la edad de cuatro años fue enviado a Madrid, donde permanece hasta el otoño de 1902. Después de pasar por les Escuelas Pías de Bilbao, estudia bachillerato den el colegio de los Sagrados Corazones de Miranda de Ebro. Sigue la carrera de Letras en la Universidad de Deusto e ingresó en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios  y Arqueólogos. En 1921 ganó las oposiciones para ocupar un puesto en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. En ese año conoce a Vicente Huidobro cuyo trato fue decisivo para sus quehaceres líricos. Convencido por Huidobro, comenzó a ensayar el francés como lengua de poesía. Huidobro invitó a Larrea a desplazarse a París, donde fue introducido en el círculo poético del poeta chileno.

 

En el año auroral del surrealismo –1924- ya se encontraban en París tres poetas que en diferente medida   iban a revolucionar la literatura escrita en español. Huidobro, Larrea y Vallejo. Durante 1924 y 1925 Larrea viajará con frecuencia a París hasta su residencia definitiva en 1926. Otro surrealista español, convertido en el fuego de París –el malagueño José María Hinojosa-, vive allí desde julio de 1925 hasta abril de 1926. No fue Hinojosa el primero en utilizar la técnica surrealista pero es, con Larrea, su introductor en España.

 

“Al menos creo no equivocarme –comentaba  Luis Cernuda del poeta vasco- al pensar que a él le debieron Lorca y Alberti (y hasta Aleixandre) no sólo la noticia de una técnica literaria nueva para ellos, sino también un rumbo poético que, sin la lectura de Larrea, dudo que hubiesen hallado”.

 

En 1929 lanza en París el primer número de su revista Favorables París Poema, que reunía en reducido grupo de firmas a los amigos más allegados de Larrea: Gerardo Diego, Vicente Huidobro, Juan Gris, Tristan Tzara  y César Vallejo. Sigue escribiendo los textos de Orbe: Testimonio poético, diario intelectual comenzado en 1926, como igualmente las prosas que luego formarán su primer libro publicado, Oscuro Dominio. En enero de 1929 conoce a Marguerite Aubry, con la que se casaría el mes de julio siguiente.

 

En 1930, el matrimonio Larrea marcha a Perú, donde permanece hasta el final del verano de 1931. A su vuelta a Europa, Larrea deja de escribir poesía, tras acabar los poemas bocetados que recibieron el nombre de Versión Celeste.

 

Once días antes de la fatídica rebelión de 1936 sale Larrea de Madrid para reunirse con su familia en el sur de Francia. Se traslada a París donde en compañía de José Bergamín organizó la ayuda de los intelectuales refugiados. En 1938 promueve en París la Junta de Cultura Española, que al año siguiente, reorganiza en México, donde se edita España Peregrina, boletín de esta institución. En colaboración con León Felipe crea más tarde la revista de cultura Cuadernos Americanos. Larrea permanece en México hasta 1949, año en que parte hacia Nueva York,

 

En 1956 Larrea queda ligado como profesor e investigador a la Universidad de Córdoba (Argentina) hasta su jubilación en 1978. Poco tiempo después, el 9 de julio de 1980 fallece en aquella ciudad.

 

La obra critica de Larrea es abundante: Arte peruano (1935), Rendición del espíritu (1943), El surrealismo entre el Viejo y el Nuevo Mundo (1944), The Vision od the Guernica (1947), La Religión del Lenguaje Español (1952), La espada de la paloma (1956), Razón de ser (1956), César Vallejo o Hispanoamérica en la cruz de la razón (1958), Pintura actual (1964), Teleología de la cultura (1965), Del surrealismo al Machupicchu (1967), César Vallejo y el Surrealismo (1976) y Cara y cruz de la República (1980).

 

Aunque su nombre llegó a ser de mención imprescindible, sus versos permanecieron durante décadas en el silencio y en el olvido: sólo Gerardo Diego le dio lugar preeminente en sus antologías de la vanguardia española.

 

“Larrea es el genio joven –nos dijo Vicente Huidobro-. Todo en él es extraordinario”.


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