- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus

Agenda: destacados

Festival Escena Contemporánea 2009.

Del 26 de enero al 22 de febrero de 2009
 

EXPOELEARNING 2009.

19 y 20 de marzo de 2009





Publicar en Liceus
Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

 Ir al artículo...


  Guías culturales

DULCE MARIA LOYNAZ: DULCE MARIA LOYNAZ


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“¿Quién toca el arpa de la lluvia
Mi corazón mojado se detiene a escuchar
la música del agua
Mi corazón se ha puesto a escuchar sobre una
rosa....”
Dulce María Loynaz

“Orquesta de cámara ahora -escribía Juan Ramón Jiménez- de hermanos Loynaz, leves, balbucientes en la hora dudosa (...), entre los cuales Dulce María sale de la cuerda del violín o quizá de la viola del amor”.

Dulce María es una de las voces más altas del idioma castellano. Como poetisa ha ganado, sin proponérselo, los lauros más difíciles. A sus 94 años, ella prestigia el hemisferio de las Letras, con su figura solitaria, dueña absoluta del magisterio que representa su pensamiento. Más de una vez lo ha puesto a prueba. Ejemplo de ello es Premio de Periodismo que en 1991 obtuvo en España con su ensayo El último rosario de la Reina sobre Isabel la Católica.

Dulce María Loynaz nació en La Habana, el 10 de diciembre de 1902 y falleció en la capital cubana el 27 de abril de 1997. Su historia personal es en parte la historia de la isla que la vio nacer. Dulce María representa, con su imagen, ceremoniosa y auténticamente cubana, el último miembro de una familia fundadora: la del general Enrique Loynaz del Castillo, héroe de Cuba.

Es considerada por la crítica como una de las poetisas fundamentales de la lengua castellana del siglo XX. También es autora de obras notables en el campo de la novela y el ensayo. Posiblemente ella posee el poderoso misterio de un lirismo americano, y así pudo lograr no sólo viajar a España en compañía de su esposo, Pablo Alvarez de Cañas, sino triunfar en la tierra de sus más lejanos ancestros. Dulce María ama el pueblo español, y a sus gentes de letras, con los cuales siempre mantuvo una entrañable amistad: Federico García Lorca la visitó en 1930, Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, en 1936... En las visitas que realizara a España desde 1947 hasta 1958, Dulce María fue haciendo muchos y buenos amigos, en una España a la que dedicó gran parte de su mejor literatura.

En Cuba recibió el Premio Nacional de Literatura, la Orden Félix Varela y el doctorado honoris causa en Letras por la Universidad de La Habana. Desde 1959 es la Directora de la Academia Cubana de la Lengua, y es miembro de la Real Academia Española. Dulce María ha cumplido su hora de gloria más destacada con el Premio de Literatura Miguel de Cervantes del año 1992.

La obra publicada por Dulce María Loynaz comprende varios libros de poesía: Versos, 1920-1938, Juegos de agua, Poemas sin nombre, Obra lírica, Ultimos días de una casa, Poesía escogidas y Bestiarium. Su novela Jardín, logro literario de primer orden, fue publicada en 1951; y su libro Un verano en Tenerife, editada en 1958, es una de las obras más importantes de cuantas se hayan publicado sobre las Islas Canarias.

Dulce María, con la cubanía señorial que la caracteriza, ha vivido su existencia en la atmósfera recoleta de un jardín. Ese jardín real, rodea una casa de El Vedad, el barrio de La Habana que la vio nacer, en el que ha transcurrido casi la totalidad de su vida y por el que han pasado ilustres personalidades hispanoamericanas en épocas sucesivas. Además del título de su única y lírica novela, Jardín es emblema del mundo imaginario en que se desenvuelve la obra poética de Dulce María. Una obra en la que germinan las semillas de la memoria, proliferan las flores nocturnas del sueño, se entrelazan las lianas del sentimiento y, a veces, acallando el drama apenas presentido, una mística calma se adueña de todo y se abisma en el abrazo del ser con los otros, con la naturaleza, con los objetos.

Gabriela Mistral le escribe a la poetisa cubana: “Estoy gozando el Jardín. Rara vez en mis años de vagabundaje yo puedo gozar de un jardín ajeno. Empecé y no seguí más biografías... de plantas. Esto le dice como he disfrutado de su jardín, casi tocándolo. Lo más probable es que nunca lo vea; así y todo, me sirve el imaginarlo y hasta le sonreí, como persona presente; al leer sus palabras”.

“Un poeta es alguien que siempre va más allá del mundo circundante -decía Dulce María- y más adentro en el mundo interior”. Y tal vez, por ello se quería recluir en el silencio del estanque: “Yo no quisiera ser más que un estanque / verdinegro, tranquilo, limpio y hondo. / Uno de esos estanques / que en un rincón obscuro / del silencioso bosque, / se duermen a la sombra tibia y buena / de los árboles”.

 


Volver a Publicar en Liceus ...




        
Universidad de Alcalá Confía learning confianza online