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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

JULIAN MARIAS: LA VOZ DE UNA ESPERANZADA VISION DE ESPAÑA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“España fue devuelta a los españoles hacia 1976.”
Julián Marías


 

En sus últimos libros, con creciente preocupación dentro de una visión de España, Julián Marías observa los riesgos que amenazan a la siempre deseada libertad, tan penosamente alcanzada después de un larguísimo tiempo de privación. Cree que los mayores peligros vienen de la falta de originalidad, de la recaída en formas ya ensayadas  y fracasadas, en la posible pérdida de una tensión creadora que tan pujante se manifestó desde finales de 1975.

 

Sin ninguna duda, Julián Marías es el discípulo más ferviente y más fiel de Ortega y Gasset  del que fue alumno  en la universidad con anterioridad a 1936. Julián Marías Aguilera  nace en Valladolid el 17 de junio de 1914  y fallece en Madrid el 15 de diciembre de 2005, tras una larga enfermedad  a los 91 años de edad. Trasladada su familia  a Madrid en 1919, estudió en el Colegio Hispano y posteriormente en el Instituto Cardenal Cisneros, donde en 1931 concluyó el Bachillerato. En la Universidad de Madrid cursó filosofía en los años de la República (1931-1936), donde fue discípulo de Ortega, Zubiri, Besteiro, Gaos y García Morente. Militarizado al servicio de la República, escribió habitualmente en las ediciones de ABC  y Blanco y Negro, publicadas en el Madrid de la guerra. “De todo este periodo sólo quiero recordar un nombre –nos dijo Julián Marías-, por el que siento enorme admiración y respeto moral, con cuya amistad me honré: Don Julián Besteiro, profesor de Lógica en la Universidad, viejo socialista, profundamente liberal y generoso, que había sido Presidente de las Cortes y desde que empezó la guerra sólo tuvo, como yo, un sueño: acabarla. Murió en la prisión de Carmona, cerca de Sevilla, en 1940, traduciendo un libro del teólogo alemán Karl Adam, que yo le había enviado”. Terminada la contienda tuvo que purgar unos meses en las prisiones del franquismo.  Se doctoró en filosofía en 1951, pero fue todo lo contrario de lo que Pierre Thuiller llama “un Sócrates funcionario”; en efecto, injustamente rechazado como profesor por su desacuerdo  con la escolástica (y, más profundamente, con el Régimen), Marías dejando a su mujer  (la llorada Dolores Franco Manero, autora de España como preocupación) y a sus hijos en al capital se vio llevado de este modo a enseñar muchos meses al año en el extranjero (Puerto Rico, Wellesley College, Harvard, Yale, Los Angeles, San Marcos, Burdeos, Touluse, París y Lyon); ha tomado parte en numerosos congresos  y coloquios; colaborador de muchas revistas (Cruz y Raya, Hora de España, Insula, Revista de Occidente, La Nación, Sur, Philosophy and Phenomeno-logical  Research, La Vie Intellectuelle, etc.) y traductor de obras filosóficas modernas. Fundó, con Ortega y Gasset, el Instituto de Humanidades (1948 y 1950). Julián Marías fue catedrático de una Universidad  española, por primera vez, entre 1980 y 1984 (titular de la “Cátedra José Ortega y Gasset de Filosofía Española”); durante año y medio, en 1977-1978,  fue senador por designación real. Fue miembro de la Real Academia Española  y del Institut International de Philosophie. Cuando fue propuesto para la Real Academia,  Franco se lamentó con estas palabras: “Es un enemigo del régimen, pero no puedo hacer nada. Sobre la Academia no tenemos control directo”. Es autor de más de cincuenta libros, muchos traducidos a varias lenguas, filosóficos, sociológicos, literarios, varios “libros sobre países” (los Estados Unidos, Hispanoamérica, la Indias, Israel, Andalucía, Cataluña, España en su conjunto). Ha escrito incluso crónicas cinematográficas. En 1996 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Julián Marías es uno de los intelectuales más respetado, en particular por su inspiración liberal y por la independencia de su carrera. Este católico sincero ha sido atacado, a causa de su orteguismo,  por algunos defensores de la escolástica tradicional.

 

Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan:  Historia de la filosofía (1941), El tema del hombre (1943), Miguel de Unamuno (1943, premio Fastenrath en 1947), Introducción  a la filosofía (1947), La filosofía española actual. Unamuno, Ortega, Morente y Zubiri (1948), Ortega y tres antípodas (1950), Idea de la Metafísica (1954), La estructura social. Teoría y método (1955), Filosofía actual y existencialismo en España (1956), El oficio del pensamiento (1958), La Escuela de Madrid (1959), Los españoles (1962), La mujer en el siglo XX (1980), España inteligible. Razón histórica de las Españas (1985), La mujer y su sombra (1986), Una vida presente. Memorias (1988-1989, 3 volúmenes), La educación sentimental (1992) y Tratado sobre la convivencia (2000).

 

Más allá del plano del conocimiento, Marías, que ha hecho suya la concepción raciovitalista, se interesa personalmente por la “estructura empírica de la vida humana”. De hecho, entre  el dominio de la teoría analítica de la vida humana y el método de narración biográfica de su concreción se puede descubrir, según él, un dominio intermedio: el de algunos caracteres de nuestra existencia, que aparecen mediante la observación inmediata, pero que no dependen ni de la concepción apriorista  ni de la historicidad individual. “Podríamos decir que el hombre –escribe Marías- es el conjunto de las estructuras empíricas con que se nos presenta la vida humana”.

 

Anunciaba Marías en el último capítulo  de La España real  que los libros de Historia del futuro dirían. “España fue devuelta a los españoles hacia 1976”. Y continúa en el prólogo de La Devolución de España (Segunda parte de La España real): “Nos hemos encontrado con que el pueblo español estaba vivo, activo, en disponibilidad: ni enfermo ni envilecido ni lleno de odio. Esto ha sido posible porque no ha faltado la levadura o, si se prefiere otra imagen, la sal de la tierra, que ha evitado la corrupción. Y esta sal histórica es una combinación de verdad y libertad”.

 

 


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