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FRANCISCO RODRIGUEZ MARIN: LA VOZ DEL PRIMER CERVANTISTA

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Este varón provecto, de aguileña
nariz y negros ojos penetrantes,
canosas barbas y color cenceña,
como su vida al declinar Cervantes...”
Francisco Rodríguez Marín


Si alguna personalidad debe encabezar la lista de los preclaros hijos de Osuna es precisamente el de que fuera durante medio siglo el primer cervantista español.

Pese a la bien merecida nombradía de Francisco Rodríguez Marín, una obra tan divulgada y, en conjunto, valiosa como el Diccionario de Literatura Española de la Revista Occidente comete el yerro de situar el nacimiento en el año 1885 acortando en treinta años la larga existencia del más famosos osunense de la etapa contemporánea

Si bien fue de profesión abogado, sus trabajos profundizan en la lexicografía, el folklore, los estudios históricos y literarios, especialmente cervantinos, así como la creación literaria. Consejero de Instrucción Pública, Director de la Biblioteca Nacional, miembro de las Reales Academias de la Historia y de la Lengua, llegó a ser Director de esta última.

El 6 de abril de 1910 pronuncia Rodríguez Marín, en el Ateneo de Madrid, su famosa conferencia La copla. Bosquejo de un estudio folklórico . Comienza Rodríguez Marín su conferencia reproduciendo algunas palabras de otro trabajo suyo de 1896: De los refranes en general y en particular de los españoles: “Así como el pensar de un pueblo está condensado y cristalizado en sus refranes, todo su sentir se halla contenido en sus coplas”. Ocho mil ciento setenta composiciones integran la colección de Cantos populares recogidos y ordenados por Rodríguez Marín. “Quien dice cantares, dice Andalucía”... Ninguna copla, ningún cantar del pueblo andaluz quedó sin recoger en su colección. Gracias a él los andaluces y, en general los españoles, no nos lamentamos de la desaparición irreparable de la página, quizá más aleccionadora e ilustrativa, del folklore popular.

Francisco Rodríguez Marín consumió su vida entregado a una triple labor: la crítica e historia literaria, el folklore y saber popular y el cultivo de la creación poética. Para muchos Rodríguez Marín es, preferentemente, el cervantista y el creador del cervantismo. Su edición del Quijote representa en su tiempo, un esfuerzo sin procedente. Y otro tanto podría decirse de Rinconete y Cortdillo, La Ilustre Fregona y otras páginas cervantinas. El Rodríguez Marín erudito, el historiador de nuestra literatura, el crítico y el editor de tantas obras literarias, alcanzó sillón en las Academias y obligatoria presencia en las notas manuales de nuestra literatura.

De la otra faceta del folklore y saberes populares los números cantan: miles y miles de refranes y miles de cantares, producto de sus sucesivas rebuscas, en un esfuerzo “que ha de sobrevivirle durante años y siglos”.

Y así, tras mantener el oído a punto para sorprender cantares y refranes, Rodríguez Marín fue creando, desde 1871, sus rimas serias y festivas, sus madrigales, y esos sonetos caprichosamente publicados en dos cancioneros gemelos.

De los sonetos del que hiciera famoso el seudónimo El bachiller Francisco de Osuna, el gran polígrafo santanderino Menéndez Pelayo escribió: “Hace mucho tiempo que no he leído sonetos castellanos que me satisfagan tanto, ni que recuerden en tanto buen grado los del buen tiempo”. Rodríguez Marín, como poeta, lo que hace es recrear poemas del buen tiempo, es decir, del Siglo de Oro de nuestras letras. A fuerza de tanto husmear entre clásicos, Rodríguez Marín ha adquirido oficio como versificador que gusta de rimar poemas “ a la antigua española”.

Poemas de Rodríguez Marín fueron traducidos al catalán, mallorquín, gallego, portugués, italiano, inglés, ruso, brasileño, latín... a algunos sonetos le fue puesta música y sin embargo... el poeta no pasó el río.

“Es clara la copla –escribía Rodríguez Marín-, porque el pueblo que hace gala de llamar al pan pan y al vino vino, no sabe de turbiezas y amanerados tiquismiquis que los demás gustamos, y esa ventaja nos lleva”. La copla popular que va de boca en boca, va dejando impresa la señal de su doctrina. El bachiller Francisco de Osuna escuchó en boca del pueblo el amor a la libertad: “Yo perdí la libertad / La prenda que más quería / Ya no puedo perder más / Aunque perdiera la vida”.

 


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