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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

JUAN MARSÉ: LA VOZ BUSCADORA DE ALGUNA FORMA DE BELLEZA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“A mí me gusta meter emociones y sentimientos
en las novelas. No escribo nunca por denuncia,
porque los políticos no leen y porque las historias
me llegan más al corazón que al cerebro.
Yo me muevo por otras razones para escribir,
quizá para buscar alguna forma de belleza.”
Juan Marsé

 

Marsé es, sin duda, uno de los importantes narradores aparecidos desde 1939 por la recreación peculiar de un mundo de marginados, su elaborado lenguaje y su facilidad para contar historias. Aunque sus primeros libros aparezcan ya en los sesenta, Juan Marsé pertenece al denominado grupo del “medio siglo”, cuya estética comparte en un principio pero de la que, lo mismo que Goytisolo, Grosso o García Hortelano, se aleja después. Sus obras Encerrados con un solo juguete (1960, finalista del premio Biblioteca Breve 1961) y Esta cara de la luna (1962) aportan a la novela española el alejamiento consciente del tema de la guerra como algo que ya pertenece a la historia y el estudio de ésta en una juventud que no la vivió, pero que ha sentido sus consecuencias. Las dos novelas son la historia de dos fracasos o deserciones, si se quiere, y el tema último –aunque no se parezcan nada argumentalmente- es el mismo: la derrota de la juventud en una sociedad en la que no puede realizarse. Novelas muy literarias y hechas, también, desde fuera, son ampliamente superadas en uno de los libros más significativos de esos años: Últimas tardes con Teresa (1966, premio Biblioteca Breves 1965), que contribuyó eficazmente a la renovación de la novela española de la década de 1960. De nuevo se fija Marsé en la juventud, y el argumento, deliberadamente folletinesco, a través de un decisivo equívoco analiza la superficialidad de la juventud inconformista –de los grupos activistas universitarios- y lateralmente hace una aproximación a sectores del trabajo y la picaresca barcelonesa. A la vez el libro es una crítica de la literatura del realismo social, aunque como nos dijera Marsé: “llevo con orgullo el estigma de escritor realista”. Novela llena de humor, con una fuerte dosis narrativa y con una afortunada utilización de la ironía como recurso literario –en la que se advierten las huellas de Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos-, es uno de libros representativos de toda su generación.

Juan Marsé nace en Barcelona el 8 de enero de 1933. Su nombre real es el de Juan Faneca Roca, pero tomó el apellido Marsé, al ser adoptado por el matrimonio Marsé, tras la muerte de su madre en el parto. Cursó estudios primarios hasta los trece años, edad a la que entró a trabajar en un taller de joyería, en el que estuvo hasta los veintiséis años. En 1958 empezó a escribir en las revistas Ínsula y El Ciervo y en 1959 obtuvo el Premio Sésamo con su narración Nada para morir. También escribe sobre cine en la revista Arcinema. Tras su primera novela, Encerrados con un solo juguete (1960), marcha a París, donde trabaja como ayudante de laboratorio en el Departamento de Bioquímica Celular del Instituto Pasteur, viviendo en contacto con los exiliados españoles. Como periodista ha sido redactor jefe de la revista Bocaccio y colaborador de la revista Por favor, en la que llegó a ocupar el puesto de jefe de redacción. En 1966 se casa con Joaquina Hoyo. Durante los años 1988-1989, publica quincenalmente un serial en El País, bajo el título Aventuras del capitán Blay.

En 1962, Marsé publica Esta cara de la luna y, a partir de Últimas tardes con Teresa (1966) –donde aparece el espléndido personaje Pijoaparte- y La oscura historia de la prima Montse (1970), comenzó a obtener un notable éxito. El estilo de estas novelas, que recoge elementos de la literatura social, su ambiente, su temática, la interrelación entre elementos de las distintas capas sociales, siguen apareciendo en Si te dicen que caí (1973), para muchos su obra maestra, que consiguió el premio México y fue prohibida en España por la censura franquista, La muchacha de las bragas de oro (1978; premio Planeta), Un día volveré (1982), novela del desencanto en la lucha política, y la novela corta Ronda de Guinardó (1984), premio Ciutat de Barcelona de literatura castellana en 1985. En 1990 obtuvo el premio Ateneo de Sevilla por El amante bilingüe, obra sarcástica acerca de los conflictos lingüísticos en su Cataluña natal. En 1993 apareció El embrujo de Shanghai, una autoparodia de sus primeras novelas en la que Marsé recupera el mundo gris de la España de posguerra y a la que le fueron otorgados el Premio de la Crítica y el Premio Europa de Literatura. En 1997 le conceden el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe por el conjunto de su obra. En 2001 publica Rabos de lagartija, que logra el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa. En 2005, publica Canciones de amor en Lolita’s Club, novela ambientada en los años 80 y centrada en un ex policía que regresa a su pueblo para verse involucrado en una intriga de terrorismo, prostitución y tráfico de inmigrantes. Al margen de sus novelas Juan Marsé ha escrito también libro de relatos, como El teniente Bravo (1986) y Cuentos completos (2003). Su obra ha sido traducida a diversos idiomas y varias de sus novelas han sido adaptadas al cine y al teatro. Y, sin embargo, como nos ha dicho últimamente Juan Marsé: “No soy un intelectual. Ni siquiera me considero un hombre de letras”.


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