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PAULINO MASIP: LA VOZ DE UNO DE LOS MEJORES NOVELISTAS DE TODO EL EXILIO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“La ansiedad de volver no será nada
junto a la certidumbre de haber vuelto
y encontrar que la vuelta no ha resuelto
el drama de tu vida desterrada.”
Paulino Masip

 

 

 

El poeta, narrador, periodista,  guionista cinematográfico,  ensayista y comediógrafo catalán Paulino Masip es un autor irregular, indeciso en el conjunto de su obra, pero responsable de uno de los mejores libros de todo el exilio y,  a su vez, una de las mejores novelas del siglo XX, El diario de Hamlet García (1945), lamentablemente  casi desconocido en nuestro país, a pesar de haberse reeditado en España en el año  1983.

 

Si utilizamos una habitual distinción entre novela en la guerra y novela de la guerra, El diario de Hamlet García es la dos cosas. Es la historia centrada en Madrid, de la guerra contada en sus sucesivos avatares y reveses, pero, a la vez, es la historia de un singular personaje Hamlet García, de no menos singular profesión, “profesor ambulante de metafísica”, el cual se ve visceralmente sacudido por unos sucesos que derrumban todos sus esquemas y que, desde el mundo de absoluta irrealidad en que vive, se le aparecen como totalmente incomprensibles. La primera habilidad de Masip radica en haber dotado de una extraordinaria personalidad humana a un personaje que roza los límites del disparate y de la caricatura. El estallido de la guerra descompone la personalidad de Hamlet García y se desmorona todo su sistema de referencias, de hombre más dado a la literatura que a la vida, lector de filosofía en medio de violentos bombardeos y graves acontecimientos, incapaz de comprender un mundo en el que de repente se han desatado todos los diablos y todas las pasiones. Pero más allá de su carácter histórico El diario de Hamlet García destaca la pusilanimidad y la cobardía de aquellos intelectuales que frente a la revolución son incapaces de actuar, es decir, de tomar partido por la razón histórica.

 

Paulino Masip Roca nace en Granadella, provincia de Lérida, el 11 de mayo de 1899 y muere  en el exilio en la ciudad de Cholula, Puebla, México, el 21 de septiembre de 1963. En 1905 se traslada con su familia a Logroño, donde cursó sus estudios de primaria y secundaria y estudió la carrera de Magisterio que terminó en 1919. Poco después marcha a París donde vivió y trabajó hasta 1921. A su regreso a España tradujo algunos libros por encargo de la editorial Espasa-Calpe. En Logroño fue uno de los fundadores del Ateneo del que fue su secretario. Allí fundó y dirigió entre 1924 y 1925 El Heraldo de La Rioja, y también fundó y dirigió entre 1926 y 1928 El Heraldo Riojano., que fue ahogado económicamente por las multas de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Masip se traslada  a Madrid e inicia su relación con otros  escritores de la generación del 27. Trabaja en la revista Estampa, llega a ser jefe de redacción del diario Ahora y en 1933, tras ser su crítico teatral, es nombrado director de La Voz de Madrid, más tarde regirá El Sol. Asiste a las tertulias de Ortega y Gasset en La Granja del Henar y la del Café Regina presidida por Manuel Azaña.

 

Durante la guerra civil Masip abandona Madrid, se instala en Valencia y, posteriormente, en Barcelona, donde dirige La Vanguardia entre 1937 y 1938  Ese mismo año es nombrado agregado de prensa en París por el ministro de Asuntos Exteriores. El Gobierno de México costea su viaje al exilio, el de su familia, en mayo de 1939, junto a otros intelectuales como José Bergamín. A su llegada a México se integra en el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles (SERE), organizando la ayuda a los exiliados españoles. Dirige el Boletín del Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles. Colaboró en la revista Mañana, publica sus Cartas a un español emigrado (1939). Masip también colaboró en la primera revista cultural del exilio España Peregrina, y en otras revistas del exilio como,   Litoral, Las Españas,   y  Romance. Precisamente en la última entrega de Romance, fechada el 31 de mayo de 1941, contiene un capítulo la novela inédita El diario de Hamlet García. El 19 de febrero de 1947 –octavo aniversario de la muerte de Antonio Machado- se celebró en la Editorial Séneca  un “acto de recuerdo”, Masip un gran admirador de Machado, recitó varias poesías de don Antonio. “El apotegma cartesiano-nos dijo Masip- podría tomar esta variante: “Soy poeta, luego soy hombre. Si la poesía no es vínculo de intercomunicación humana, ¿qué es?. Y por eso el primero de mis poetas amigos, el que está más cerca de mí, un poco quizás porque lo está en el tiempo, mucho, sin duda, por coincidencias de sensibilidad,  es don Antonio Machado”.

 

Antes de la guerra civil, Masip estrena su obra teatral Dúo y sus dos  posteriores, La frontera (1934)  y El báculo y el paraguas (1936),  que fueron representadas en el Teatro de Cervantes y el Teatro de la Zarzuela, respectivamente. En México escribe El hombre que hizo un milagro (1944), farsa en cuatro actos, cuya acción  se sitúa en un pueblo castellano y tiene como protagonista a un barbero, quien de improviso se ve convertido por la gente en un santo que hace milagros. El hecho se origina cuando el barbero afeita a un ciego, y éste, inexplicablemente, recobra la visión. El emplazado (1955), más lograda técnicamente, es también una farsa, sobre un hombre de negocios. Este, Pedro, ha sido desahuciado por los médicos. Abandona los negocios y, después de varias aventuras amorosas, descubre un día el verdadero amor y, con ello, la verdad de sí mismo. Además de El diario de Hamlet García, novela de extraordinario valor literario, Masip escribió otra novela La aventura de María Abril (1953), en la que la agilidad y precisión narrativa contrasta con un argumento en apariencia deleznable, las sentimentales, folletinescas y abigarradas aventuras de María Abril, mujer pública, de clase y estilo, con el industrial Enrique Iturralde. La novela puede ser tanto una hábil parodia de cierta literatura del corazón como un corriente folletín subliterario. Masip también escribió  tres volúmenes de relatos: Historias de amor (1943), De quince llevo una (1949) y La trampa (1954).

 

Más copiosa fue la aportación del escritor catalán al cine aztezca, quien debutó con la aportación del argumento y guión de El barbero prodigioso, realizada por Fernando Soler. Masip hizo más de cincuenta guiones cinematográficos que  alternaba con sus tareas de comentarista cinematográfico en Cinema Reporter. “Si el cine no se lo traga –decía Max Aub-, Masip puede llegar a ser un claro exponente de la novela de nuestros días”.  Uno de sus guiones más famosos fue el de la película Jalisco canta en Sevilla (1948), coproducción hispano-mexicana, dirigida por Fernando de Fuentes y protagonizada por  Jorge Negrete. También escribió el guión de El verdugo de Sevilla (1942), de Fernando Soler, adaptación de una obra de Muñoz Seca. Masip era un enamorado de Andalucía. “Mi padre tenía una debilidad por los andaluces –nos cuenta su hija Carmen-, aunque quería a todas las regiones de España y se sentía catalán y riojano. Andalucía tenía un lugar muy especial en su afecto. En Madrid había tenido amigos andaluces, porque su presencia siempre fue muy fuerte en el entorno cultural, pero en México esta presencia se hizo más palpable y además para todos los españoles lo andaluz llegó a representar lo español en el exilio y esto se debió en gran parte a Lorca y Machado. Mi padre, que seguramente en España oía flamenco, en México se hizo un aficionado serio y conocedor”. Y como dijo el escritor en su exilio: “Voy sembrando de versos mi vida, / que son en la llanura desolada / que detrás de mi queda, como una florecida / explosión de mi alma ensangrentada”.


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