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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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JUAN MARIA MAURY: LA VOZ EMOTIVA DE UN POETA MALAGUEÑO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Para mí ni belleza ni gala
tiene el mundo, ni luz ni color;
más la rosa del cáliz exhala,
dulce, un hálito, aroma de amor.”
Juan María Maury


Poco a poco, todos los grupos del neoclasicismo van concurriendo al albor prerromántico y así nos encontramos con poetas como Alvarez de Cienfuegos, en cuya última poesía abundan los tonos melancólicos y misteriosos y en la que vemos aparecer motivos medievales y orientales; Quintana, que, pese a su enciclopedismo francés y a su conservadurismo neoclásico, termina por aceptar algunos motivos románticos; Juan Nicasio Gallego, conservador, pero que muestra en algunas ocasiones una mezcla de elementos neoclásicos y románticos; Somoza, que más que un prerromántico es un neoclásico tardío, pues empieza a escribir en 1830, fecha que, poco más o menos, marca el final del neoclasicismo; Maury, que usó la polimetría en alguna ocasión, que hizo descripciones románticas en su romance La timidez, y que presenta una ya decidida emotividad de fácil corte popular en La ramilletera ciega.

En cuanto a la métrica, los poetas del XVIII y principios del XIX siguieron cultivando, por lo general, las formas heredadas del siglo anterior, si bien se advierte en ellos la tendencia al uso del endecasílabo blanco en los poemas de carácter filosófico y moral.

Entre los mejores de Juan María Maury se halla La timidez que figura entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna.

Juan María Maury Benítez de Castañeda nació en Málaga en 1772. Se educó en Francia e Inglaterra y viajó por Italia. Partidario de Napoleón fue diputado en las Cortes de Bayona, por lo que tuvo que expatriarse cuando fueron derrotados los franceses en la guerra de la Independencia (1814). Fijó entonces su residencia en París, donde publicó L'Espagne poétique (1826-1827), que es una antología de poesía española con comentarios y notas biográficas; las traducciones en verso francés fueron hechas por él mismo. Durante su estancia en la capital francesa, que interrumpió con algunos viajes a España, trató mucho con los emigrados españoles, entre ellos al duque de Rivas, a Alcalá Galiano y a Martínez de la Rosa, quién más tarde, ministro de Estado, nombró al poeta malagueño cónsul de España en Ruán, cargo que no llegó a ocupar, pues hallándose todavía en París, murió allí en el año 1845. Perteneció a la Academia Española, era caballero de Carlos III y su nombre figura en el Catálogo de autoridades de la lengua.

Escribió diversos poemas extensos, en que se nos presenta como poeta narrativo, épico, didáctico... Son sus títulos La agresión británica, Eloisa y Abelardo, El Génesis pagano, Esvero y Almendora, Dido, El festín de Alejandro. Tiene mayor importancia como poeta lírico de transición al romanticismo del que aparecen claros indicios no sólo en el confuso poema de Esvero y Almendora que es ya de 1840, sino también otros, incluso polimétricos, sobre todo en el romance La timidez, que aún tiene mucho del de Rosana en los fuegos , de Meléndez Valdés, pero en el que hay pasajes descriptivos característicos de la nueva tendencia. Es curioso que el poeta gaditano Antonio Alcalá Galiano pusiera al frente del prólogo a El moro expósito del duque de Rivas, considerado el manifiesto del romanticismo español una cita de Maury. El sentimentalismo de corte popular alcanza su máxima expresión en los días de este poeta malagueño con sus versos de la poesía La ramilletera ciega: “Caballeros, compradle a la ciega / esa flor que podéis admirar; / la infeliz con su llanto la riega; / ojos hay para sólo llorar”.

 


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