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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

RICARDO MOLINARI: LA VOZ ESENCIALMENTE LIRICA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Quiero acordarme de una ciudad deshecha
junto a sus dos ríos sedientos;
quiero acordarme de la muerte de los jardines, del
agua verde que beben las palomas...”
Ricardo Molinari. Casida de la bailarina (A Federico García Lorca)

 

En el clima borgiano la Argentina experimenta la afirmación de otros poetas de particular relieve, entre los que podemos contar a Ricardo Molinari, Eduardo González Lanuza, Francisco Luis Bernárdez, Leopoldo Marechal y Luis Cané. Es un gran momento para la poesía argentina y todos estos poetas, al igual que Borges, pertenecieron al grupo ultraísta y estuvo integrado en torno a las revistas Martín Fierro, Inicial y Cuadernos del plata.

Molinari es un gran poeta esencialmente lítico. Notable por la pureza de su lenguaje. Molinari, como hemos dicho, pertenece al grupo ultraísta, cuyo empeño de valorización del paisaje continúa; su verso se nutre de vastas lecturas de los clásicos españoles y de los poetas franceses, y revela insistentes preocupaciones formales. La temática limitada, la insistencia sobre determinados símbolos, no han encontrado, sin embargo, toda la resonancia que esta poesía merecía.

Ricardo Eufemio Molinari nace en Buenos Aires el 23 de marzo de 1898 y muere el 31 de julio de 1996. Huérfano a los cinco años se crió con su abuela materna, uruguaya, que le prodigó una esmerada educación. Hacia 1933, viaja a España donde conoce a los poetas españoles de la generación del 27, Lorca, Albeti, Altolaguirre, Prados, Cernuda, Gerardo Diego, uno de sus descubridores. Una vez casado ingresó como empleado en el Congreso de la Nación, ocupación que desempeñó hasta jubilarse. Premio Nacional de Poesía en 1958 ingresó en 1968 en la Academia Argentina de las Letras. Sus “Obras completas” fueron destruidas por la dictadura militar del Proceso: “Me contaron que un muchacho –escribía Molinari-, un soldadito, un conscripto, cuando quemaron los libros míos fue a pedirle a un oficial que le dieran un ejemplar y lo metieron en el calabozo. Son las cosas “agradables” de la Argentina, que se ven toda la vida”.

La obra poética de Ricardo E. Molinari es muy abundante: El imaginero (1927), El pez y la manzana (1929), Panegírico de Nuestra Señora de Luján (1933), Hostería de la rosa y el clavel (1933), La muerte en la llanura (1937), Elegía de las altas torres (1937), Cuaderno de la madrugada (1939), Mundos de la madrugada (1943), El huésped y la melancolía (1946), Sonetos a una camelia cortada (1949), Inscripciones y sonetos (1954), Inscripciones (1955), Oda a la pampa (1956), Unida noche (1957), El cielo de las alondras y las gaviotas (1963), Una sombra antigua canta (1966), La escudilla (1973), La hoguera transparente (1973) y La cornisa (1977).

Esta extensa obra poética para las jóvenes generaciones argentinas ha sido enseñanza provechosa, modelo de compostura y seriedad de intenciones. La elevada conciencia de la poesía y de la vida brota de Molinari de una íntima adhesión al paisaje, del que interpreta la nota espiritual y la tristeza interior, con mesurados acentos como se observa en “Oda a una larga tristeza”: “Quisiera cantar una larga tristeza que no olvido / una dura lengua. Cuantas veces. / En mi país el otoño nace de una flor seca, / de algunos pájaros; a veces creo que de mi nuca abandonada / o del vaho penetrante de ciertos ríos de la llanura, / cansados de sol, de la gente que a sus orillas / goza una vida sin majestad”.

La visión del mundo no es en ningún momento optimista; la vida es para Molinari “una isla sin un clavel”, rodeada de “repugnante soledad”; lo cual induce al deseo de climas otoñales, donde la muerte se vuelve consuelo último. Conceptos que no son nuevos, pero que el poeta expresa en formas originales de extremada modernidad, sin acentos retóricos. Y como dijo el poeta argentino: “Cuando se llega para vivir entre unos sacos de carbón y se siente que la piel / se enseñorea de hastío, / de repugnante soledad, que el ser es una isla sin clavel, / se desea el otoño, el viento que coge a las hojas / igual que a las almas; el viento / que inclina sin pesadez las embriagadas hierbas, / para envolverlas en el consuelo de la muerte”.

 


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