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NICOLAS FERNÁNDEZ DE MORATIN: LA VOZ DE LA POESIA NEOCLASICA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supieran hablar en francés.”
Nicolás Fernández de Moratín

El neoclasicismo, manifestación poética y artística del siglo XVIII, no coincide por completo con los límites estrictos del tiempo histórico. Este siglo del neoclasicismo empieza, realmente en 1737, el mismo año del nacimiento de Nicolás Fernández de Moratín, cuando Luzán publica su Poética y termina en 1830 al llegar a España –por medio de sus desterrados políticos- los aires románticos de Inglaterra y Alemania.

Nicolás Fernández de Moratín, Luzán, Cadalso, Hervás y Panduro, Iriarte, Samaniego y Meléndez Valdés son poetas totalmente desligados del barroquismo y que representan el neoclasicismo en su máxima espectacularidad.

De origen asturiano, Nicolás Fernández de Moratín nace en Madrid, en 1737. Educado en un ambiente aristócrata y refinado, estudia Filosofía y Derecho. Fue ayudante del Guardajoyas real, del que era jefe su padre. Arbitro de gustos y modas en los salones de Madrid, formó con otros muchos escritores, la famosa tertulia de la Fonda de San Sebastián, opuesta a la Academia del Buen Gusto, del conde Torrepalma. Aficionado a la Economía, es socio de la Real Sociedad Económica, a la que dedica los últimos años de su vida, Nicolás Fernández de Moratín muere en Madrid el 11 de mayo de 1780.

Fernández de Moratín sentía el valor de lo castizo español. Prueba de este carácter popularizante son sus romances, llenos de garbo y sabor tradicional. Su carácter se ve marcado por dos aspectos: el tradicional español, que se refleja sobre todo en sus romances, y el neoclásico en sus ensayos y obras de teatro.

Como dramaturgo, cultivó el género de la tragedia de corte clásico: Lucrecia (1763), Hormesinda (1770) y Guzmán el Bueno (1777). De ellas sólo se representó Hormesinda , que no alcanzó éxito de público a pesar de su apoyo oficial. Es autor de una comedia La petimetra (1762), que rebela la enorme presión que en esos años ejercían las doctrinas francesas.

Moratín echó su cuarto a espadas en la polémica sobre el teatro nacional con varios folletos, Desengaños del teatro español (1763), diatriba con Calderón y defensa de lo galo. “El teatro español es la escuela de la maldad, el espejo de la lascivia, el retrato de la desventura, la academia del desuello, el ejemplar de la inobediencia, insultos, travesuras y picardías”. Lope y Calderón son los “corronpedores del teatro”. Ataca a los autos sacramentales, logrando que fueran prohibidas sus representaciones (1765).

Excelente versificador, de oído fino y delicado, de gran talento descriptivo, pasa por ser uno de los más grandes poetas de su siglo. Sus famosas quintillas Fiestas de toros en Madrid figuran entre “Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana”, escogidas por Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura española antigua y moderna.

En 1797, su poema El arte de las putas fue prohibido por la Inquisición, no pudiendo publicarse hasta 1898. Sus versos fueron publicados por su hijo Leandro: Obras póstumas de D. Nicolás Fernández de Moratín , entre los arcades de Roma Flumisbo Thermodonciaco. Son dignas de la mejor antología, algunos trozos del poema didáctico La Diana, los romances de Don Sancho de Zamora y las odas A Pedro Romero, torero insigne, y A los ojos de Dorisa. Y como dijo nuestro poeta: “Y si mi verso / la suerte amiga / da, que en el mundo / durable exista, / aplauso eterno / haré que os siga, / y en otros siglos / daréis envidia”.

 


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