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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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CARLOS MUÑIZ: LA VOZ RENOVADORA DEL TEATRO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Este camino difícil del teatro social,
del teatro comprometido con los problemas de su tiempo...”
Carlos Muñiz


Carlos Muñiz se instala en primera línea del teatro renovador  de los años sesenta. Es entre 1960 y 1962 cuando el teatro español aparece más abierto a una posible renovación desde que terminara la guerra civil. En esos dos años se estrenan las siguientes obras: Las Meninas y El concierto de San Ovidio, de Buero Vallejo; La cornada y En la red, de Alfonso Sastre; Un hombre duerme, de Ricardo Rodríguez Buded; Los inocentes de la Moncloa, de José María Rodríguez Méndez, La camisa, de Lauro Olmo, y El tintero, de Carlos Muñiz. En contra de toda lógica, no serán estos los autores que marquen la pauta en las carteleras teatrales posteriores a 1962. Graves obstáculos impidieron la renovación del teatro español, en esa prometedora línea neorrealista  o  social-realista.  A excepción de Buero Vallejo, los demás autores, en su mayoría se vieron abocados al silencio o a estrenar obras menores o textos muy mutilados, casi todos se refugiaron en el libro y algunos, incluso, abandonaron la escritura dramática.

 

Los autores citados se incluyen en la nómina de esa indebidamente llamada “generación realista”. Las primeras obras de Muñiz (Telarañas (1955),  El grillo (1957), El precio de los sueños, Premio “Arniches 1958”) se mueven, desde luego, en este campo de un realismo social, pero con El tintero (1961), que es un aguafuerte, un chafarrinón, el dramaturgo se orienta hacia un estilo expresionista o neoexpresionista, al que pertenecen asimismo dos textos inmediatamente posteriores: Las viejas difíciles (1966), que es una “tragedia caótica en dos partes”, y Un solo de saxofón (1965), pieza en un acto. En los últimos años, Carlos Muñiz se dedicó a escribir guiones para la televisión oficial.

 

Carlos Muñiz nace en Madrid en 1927 y muere en su ciudad natal en 1994. Graduado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid trabaja como funcionario del Ministerio de Hacienda.

 

En 1955 estrenó su primera obra, titulada Telarañas,  y en 1957  El grillo.  Al año siguiente obtuvo el premio Carlos Arniches por El precio de los sueños, obra también de corte realista. Pero el éxito le llegaría en 1961 con El tintero, traducida en seguida al francés, al portugués, al alemán y al holandés,  y representada en diversos países, que convierte a su autor en una figura del teatro europeo. Es autor, además, de: El caballo del caballero (1965), Un solo de saxofón (1965), Las viejas difíciles (1966), La pirámide (1969),  Tragicomedia del serenísimo príncipe don Carlos (1974), sobre Felipe II y su hijo, y Los condenados (1974). Las palabras del crítico Gonzalo Torrente Ballester en su prólogo a El grillo  son inequívocas: “Quien lo ha concebido y lo ha escrito así es, sin duda, un dramaturgo”.

 


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