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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

JOAQUIN ROMERO MURUBE: LA VOZ ENAMORADA DE SEVILLA

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Filo de la medianoche
mi secreto te daría...
¡Sevilla, si tu quisieras
contigo me casaría!”
Joaquín Romero Murube

 

Gran señor siempre, elegante y comedido, fue un poeta clasicista, que reconoció entre sus maestros a los grandes líricos sevillanos (desde Rioja a Bécquer) a Juan Ramón Jiménez y los cantores puristas y neopopularistas del 27. Como prosista, se formó sobre todo, con el magisterio de Gabriel Miró y de Juan Ramón Jiménez.

Romero Murube como los restantes poetas de su generación del 27 participó en la celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora. En octubre de 1927, la revista malagueña Litoral, bajo la dirección de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, dedicó tres números al homenaje de Don Luis de Góngora. Romero Murube publicó en Litoral su famoso poema “Al Guadalquivir”. “Guadalquivir, rey de los ríos, / corre por los campos buenos, / galán de las dos orillas / y del aire bandolero”.

La revista Mediodía de Sevilla, representó la expresión sevillana de la generación del 27. Miembro activo de su redacción, y sin duda su figura más destacada fue Joaquín Romero Murube, que nació en Villafranca y Los Palacios, provincia de Sevilla, el 18 de julio de 1904, y murió en Sevilla en 1969. Poeta y prosista exquisito, que llegó a ser amigo de algunas de las figuras mayores de la generación, como Luis Cernuda y Federico García Lorca. Romero Murube, director de los Reales Alcázares, gozó de la estima de sus coetáneos, incluso después de la guerra civil, cuando se vinculó claramente al régimen vencedor.

Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan: Sombra apasionada, Sevilla en los labios, Canción del amante andaluz, Discurso de la mentira, Kasida del olvido, Los cielos que perdimos, Tierra y canción y Ya es tarde.

Un tema central vertebra y ordena su obra en verso y en prosa: Sevilla. Discípulo de José María Izquierdo, el primer intérprete moderno de la ciudad, pero mucho mejor que él, Romero Murube elaboró una visión poética, quintaesenciada y esteticista de Sevilla, que cristalizó en libros muy depurados de concepto y expresión. Era la suya, una visión idealizada, ennoblecida y sublimada de Sevilla, ciudad que en muchas de sus páginas aparece tan perdida en el tiempo de un ayer imposible ( de “los cielos que perdimos”, habló el escritor) como soñada y recreada en la memoria.

En tiempos, esta visión pudo parecer definitivamente una crónica, y lo era y lo sigue siendo en su elusión de las contradicciones políticas y sociales; pero desde hace algunos años se ha producido una recuperación del escritor basada en varios elementos de suficiente entidad. Está la nobleza de esa visión como la actual, en la que urge salvaguardar por razones de la calidad de vida el patrimonio histórico y artístico de los grandes espacios urbanos. Está, además, su universalidad: Romero Murube, que vivió la aventura de las vanguardias, abominó siempre de toda idea localista y tópica de su ciudad nativa.. Y están, en fin y sobre todo, las calidades literarias que la sustentan, bien visibles en la cadencia de sus versos, tan sensoriales, tan contemplativos, y, en la rica textura de su prosa grácil, dúctil y ajustada.

Con Romero Murube, Sevilla era temblor seguro. Anduvo el poeta sevillano enamorado de muchas cosas de este mundo. Como de Sevilla ninguna. Y cuando se fue el poeta se llevó a su tierra de siempre para siempre y nunca Sevilla se quedó tan vacía. Y como dijo nuestro poeta: “Se perciben silencios siderales / que anulan los rumores de la tierra. / Como por un espejo, sin ruido, / resbalan las estrellas”.

 


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