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BARTOLOMÉ DE TORRES NAHARRO: LA VOZ DEL PRIMER PRECEPTISTA TEATRAL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es


“Si por amarte esperaba cortesía,
por mis huesos la querría
si viniesen en tus manos
que la triste carne mía
sé que antes de año y día,
será un montón de gusanos.”
Bartolomé de Torres Naharro

 

 


En el reinado de Carlos I encontramos dos autores, Gil Vicente y Torres Naharro, que a caballo entre el pasado y el Renacimiento, ponen las primeras piedras del teatro español.

           

La Propalladia (1517),  título con el que Torres Naharro recopiló el conjunto de su obra, es un libro curiosísimo en el que lo mismo se leen versos escritos en latín, como en italiano y en catalán, además del castellano. Hay ya allí  el germen del futuro teatro español, con su gracejo, ciertos caracteres, el desarrollo de la intriga, más complicado que antes, con mayor número de personajes, y con tirada de versos que tienen, a veces un  primor literario y una gallardía a que antes no se estaba acostumbrado.

 

Bartolomé de Torres Naharro nace en la Torre de Miguel Sesmero, provincia de Badajoz, hacia el año 1485, las únicas noticias que de su vida tenemos las ofrece él mismo. Soldado, cautivo en Argel y sacerdote en sus últimos años, vivió en Roma y Nápoles al servicio de varias personalidades civiles y eclesiásticas. Sus obras se representaron en la corte pontificia con asistencia en alguna ocasión del Papa. En fecha desconocida regresó a Sevilla, donde escribió sus últimas  comedias y al parecer murió entre 1521 y 1530, dándose como fecha más probable la de 1524.

 

Torres Naharro escribió Propalladia en medio de una corte pontificia de religiosidad barrida por los vientos paganizantes del Renacimiento. Más soldado y cortesano que sacerdote, él mismo  es un hombre renacentista aunque aferrado a las fuerzas vectoras del medievo; así sus poemas que incluye en Propalladia, pese a su residencia italiana, son tradicionales y su temática se arraiga en el moralismo satírico medieval, destacan por la flexibilidad métrica Lamentaciones de amor y las Epístolas; y por el contenido, las sátiras, furiosas diatribas contra la curia, contra aquel “castillo de malicia” como define a Roma: “digo que Roma es lugar / do para el cuerpo ganar / habéis de perder el alma”.

 

Al frente de su “opera omnia”, Propalliada, puso Naharro un prólogo que le convierte en el primer preceptista teatral de la Europa renaciente. Aceptando la división horaciana de las cinco jornadas, define la comedia como un “artificio de notables y finalmente alegres acontecimientos”, dividiéndolas en dos clases; son comedias “a noticia” aquellas que tienen una base real, y “a fantasía” las creadas sobre la pura invención. Y ejemplifica esta división afirmando que al primer tipo corresponden Soldadesca y Tinellaria; al segundo; Serafina e Himenea.

 

Las primeras piezas de Naharro, Diálogo del Nacimiento y Trofea son ejercicios de aprendizaje a base de Juan del Encina. Pero ya en las dos comedias a noticia, aunque no faltan las influencias de los clásicos latinos, el autor parece haber encontrado camino propio. En Soldadesca, militares italianos y españoles dialogan en un ambiente de vida alegre y desenfadada, no exenta de lances atrevidos. La nota satírica anticlerical se acentúa en Tinellaria: la acción transcurre en una cocina (tinello) de la curia romana y consiste en los comentarios que los criados van desgranando para poner al descubierto las entrañas de la vida pontificia sin pararse en barras ni en la grosería de los vocablos.

 

En el grupo de comedias de fantasía encontramos dos piezas claves Serafina e Himenea, y dos mediocres, Jacinta y Aquilana  (no incluida en la edición de 1517), aunque estas contengan delicadas escenas y otra de dura crítica social. Jacinta, antecedente de Himenea, escenifica un tema socorrido: la protagonista, so disculpa de elegir a uno de ellos por marido, hace relatar a tres peregrinos noticias de sus países.

 

Himenea es la clave del teatro de Naharro  que se anticipa  a la comedia de capa y espada del siglo siguiente al poner en escena el problema de la honra: Himeneo y Fabia son sorprendidos durante una cita nocturna por el hermano de la doncella, el cual pretende salvar el honor de la familia matándola. Himeneo le persuadirá a permitir el casamiento.

Propalladia supone en 1517 para el teatro un paso gigantesco en lo referente a técnica, al manejo de los personajes, a expresividad y a estudio de tipos realistas, de una vitalidad poderosa. Que los esquemas escénicos de Naharro no se impusieran hasta Lope puede parecer extraño; pero la culpa de ello hay que achacársela a la Inquisición que prohibió Propalladia y hasta 1573 no permitió una edición expurgada del libro. Y como dijo nuestro autor: “El decoro en las comedias es como el gobernalle en la nao, el cual el buen cómico siempre debe traer ante los ojos”.

 

 

 


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