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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

MANUEL GUTIERREZ NAJERA: LA VOZ DE LA EXQUISITEZ


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“¡No morirá del todo, amiga mía
de mi ondulante espíritu disperso
algo, en la urna diáfana del verso,
piadosa guardará la Poesía.”
Manuel Gutiérrez Nájera

 

Manuel Gutiérrez Nájera es el espíritu de la exquisitez, la amabilidad y la finura encarnada en forma humana. Nacido en la ciudad de México el 22 de diciembre de 1859, de padres bien acomodados, alumno de una escuela regentada por profesores franceses, pronto se aficiona a la lengua de Pascal, que llega a dominar plenamente, al igual que el latín. Sus padres intentaron dedicarle al sacerdocio, intento que no llegó a cuajar. En su adolescencia lee a los positivistas, que influyen poco en su espíritu, naturalmente inclinado al misticismo. Ante de los veinte años empieza su carrera periodística, que no abandonaría hasta la muerte, ocurrida en la ciudad de México el 3 de febrero de 1895. Siete años antes se había casado con Cecilia Maillefert, de sangre francesa. Utilizó el seudónimo de “Duque Job” en sus numerosas e innovadoras crónicas periodísticas, publicadas en su mayor parte en la Revista Azul, por él fundada y que tuvo gran importancia para el desarrollo del modernismo. Precursor de este movimiento, fue uno de los poetas más celebrados de su país. Actuó en política esporádicamente y fue diputado por el Estado de México.

Nájera se había bañado desde niño en la mejor corriente que puede bañarse un escritor de lengua castellana; en fray Luis de León y Santa Teresa y en San Juan de la Cruz. Esta preferencia por la mística se explica por el deseo de sus padres de hacerle sacerdote. Después amplía sus lecturas a todos nuestros clásicos y a los poetas y novelistas contemporáneos: Zorrilla, Bécquer, Alarcón y Galdós. Bien pertrechado de letras castellanas, pasa al francés, cuya literatura, tanto clásica como moderna, demuestra conocer a fondo. Y entonces empieza a escribir. Desde los dieciocho años produce verso y prosa. En verso Poesías (1896), recopilación de la mayor parte de su obra poética, Amor y lágrimas; en prosa: Viajes extraordinarios de sir Job, duque; Cuaresmas del duque Job, Hojas sueltas, Cuentos, Cuentos frágiles, Cuentos color de humo, etc .

Lo que define a Nájera como prosista es ante todo la gracia; una gracia aprendida en nuestros mejores clásicos y filtrada luego por el alambique preciosista de París; prosa alada, matizada de ingenio, teñida de humorismo sano.

Sus dos colecciones de versos – Poesías, Amor y lágrimas - señalan en algunos aspectos el comienzo de la nueva escuela poética, del mismo modo que los Viajes extraordinarios y los Cuentos frágiles habían señalado el de la prosa modernista.

Pocos han sabido armonizar como Nájera lo antiguo y lo moderno, lo foráneo y lo propio. “¿Lees mucho a los autores franceses? –preguntaba a José Juan Tablada-. Haces bien. Pero no descuides a los clásicos griegos y latinos, ni a los españoles”.

Las estrofas de La duquesa Job, la más conocida de las composiciones de Nájera, definen hasta cierto punto su estilo poético. Hasta cierto punto sólo; porque al lado de esa poesía ligera, garbosa y colorista, nos dejó otra más honda, más seria y más trascendente. Es la que podemos disfrutar con la lectura de Mis enlutadas, Odas breves, Después, Para entonces y Pax animae. A esta última composición pertenecen estos bellísimos versos: “Tú estás en la estatua de eterna belleza; / de tu hábito blanco nació la pureza, / ¡al ángel das alas, sudario al mortal!”.

 


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