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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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NICETO ALCALA-ZAMORA: LA VOZ DE LA CATEDRA DE LA REALIDAD


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Lo esencial, si ha de vivir con decoro, orden y progreso la República española,
es que renazca en los diputados la noble estima preferente por el mandato
de oposición. Lo otro, el apetito del poder con sus indigestiones de mando
es mal grave, que se propaga principalmente entre la burguesía alborotadora
de las democracias exaltadas.”
Niceto Alcalá-Zamora y Torres

 


Niceto Alcalá-Zamora reconoció que no fueron ideales y menos perfectas todas las soluciones que propuso, pero nos dejó una lección de concreta experiencia política, cátedra de realidad donde se aprende que gobernar no es nunca elegir entre venturas, y sí sortear dificultades siempre, y escoger con frecuencia entre varios males el menor.

 

Hijo de un cortijero cordobés, Alcalá-Zamora se inició en la política muy joven. “Mi familia paterna de Córdoba -escribía- perteneció a la izquierda de los partidos monárquicos: era de abolengo progresista. La materna de la provincia de Jaén, fue republicana de orden... Fue mi padre tan fervoroso y sincero practicante en religión como de la libertad política... Tenía buenos y no pocos libros: muy contados, clásicos y selectos, los de literatura; muchos más de política, administración, ciencias exactas y sociales, filosofía y economía. Su visión sobre las relaciones de España en lo exterior estaba regida por la creencia de que a ésta le convenía mucho la paz.... Hombre de intuiciones, y encariñado como buen padre, sintió desde muy pronto grandes ilusiones a cerca de mi porvenir, que a mi me siguen pareciendo desmesuradas, aun después de haber rebasado con mucho los caprichos de la fortuna cuanto mi padre soñase para mí, que se quedaba cerca, pero a distancia de cuanto he sido”.

 

Niceto Alcalá-Zamora y Torres nace en Priego de Córdoba el 6 de julio de 1877. A los diecisiete años obtiene el título de abogado, y en 1899 el Premio Extraordinario del Doctorado. Fue oficial letrado del Consejo de Estado con el número uno de su promoción, abogado fiscal de lo contencioso, profesor auxiliar de la Facultad de Derecho. Comienza su vida política como miembro del partido liberal, siendo diputado por el distrito de La Carolina ininterrumpidamente desde 1906 a 1923. Fue subsecretario de la Gobernación (1910), ministro de Fomento (1917), representante de España en la Sociedad de Naciones (1922), ministro de la Guerra (1922), concejal del Ayuntamiento de Madrid (1931) y diputado por la provincia de Jaén (1931). Fue el primer presidente del Gobierno Provisional y de la Segunda República Española (1931). “He sido el español -decía Alcalá-Zamora-, que sin privilegios de nacimiento y por vía de legalidad democrática, ha recibido la máxima confianza y recompensa de su país, con desproporción entre la jerarquía del encumbramiento y la de los méritos”. Perteneció a las Academias de Ciencias Morales y Políticas (1920), a la Española de la Lengua (1931) y a la de Jurisprudencia y Legislación, de la que fue presidente en 1930.

 

Se declaró republicano en 1930, e intervino en la preparación del movimiento que se exteriorizó en las sublevaciones de Jaca y Cuatro Vientos, suscribiendo en primer término el manifiesto en que, junto con otros prohombres, adversos a la monarquía, se declaraban constituidos en Gobierno republicano, siendo detenido y encarcelado. Cuando se inició la agonía del Régimen secular español, y con motivo de la caída del Gabinete Berenguer, que debía ser sustituido por el almirante Aznar, llegó a serle ofrecida, en la cárcel, la libertad y la atribución de una cartera en el nuevo Gobierno que debía formarse para sostener a Alfonso XIII, oferta que rechazó haciendo nuevamente profesión de su fe republicana. En la vista de su proceso, algunos días después, negó haber firmado el manifiesto del 12 de diciembre, pero haciendo constar que estaba conforme en todos sus términos. Condenado a seis meses de cárcel, le fueron aplicados los beneficios de la condena condicional, quedando inmediatamente en libertad. En las elecciones de 1931, y con sorpresa para todos, los resultados a favor de las izquierdas fueron llegando en verdadera avalancha. Todas las capitales de las provincias de España, excepto cuatro, votaron por la República. En Madrid y Barcelona las mayorías republicanas eran abrumadoras. El 14 de abril de 1931, Alcalá-Zamora se hizo cargo del gobierno provisional de la República. En 1936 el Frente Popular le destituyó de la Presidencia de la República.

 

El 8 de julio de 1936 salió de España para un viaje al extranjero que iba a convertirse en destierro definitivo, vivido con sencillez y dignidad ejemplares hasta su muerte, ocurrida el 18 de febrero de 1949 en Buenos Aires. Sus restos descansan en uno de los nichos del panteón del Hospital Español de la capital argentina.

 

En su última residencia de Argentina, escribió varios libros: Discursos escogidos políticos y parlamentarios de Emilio Castelar, Nuevas reflexiones sobre las Leyes de Indias, Régimen político de convivencia en España, La oratoria española, más unas Memorias de su viaje a Francia y a Argentina y diversos ensayos jurídicos y literarios.

 

Conversador impenitente gracias a una memoria prodigiosa, don Niceto, un andaluz lleno de erudición y simpatía, refería que con ocasión de un acto de protesta solemne y no disimulada, que la mayoría parlamentaria derechista organizó a fines de 1935 contra una de sus decisiones presidenciales, un diputado le comentaba “ A usted se le da siempre la razón pasado mañana”. Esperemos que en el 76º  aniversario de la Segunda República Española , dada la veloz continuidad de la Historia, se dé la razón a este cordobés que “con íntima alegría procuró servir el interés supremo de España”.

 

 


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