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NICOMEDES PASTOR DIAZ: LA VOZ DE UN ROMÁNTICO HONRADO

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Un sepulcro hallará mi dolor.
Un sepulcro es el lecho florido
que apetece mi anhelo postrero;
un sepulcro la dicha que espero;
pues no existe la dicha de amor.
Nicomedes Pastor Díaz

 

Pastor Díaz es, quizás, uno de los mejores y más puros representantes de la poesía romántica; sus versos lúgubres son de los pocos que merecen sobrevivir y su sentimiento de frustración se expresa en una lírica suave y añorante, lejos de las tremendistas exageraciones de otros poetas, dejando así abierto el camino hacia Bécquer.

Nicomedes Pastor Díaz tiene no sólo importancia en la poesía castellana, por ser precursor de Bécquer, sino también en la poesía gallega, por ser suyo el primer poema que se escribió en gallego en el siglo XIX

Nicomedes Pastor Díaz Corbelle nace en Vivero, provincia de Lugo, el 15 de septiembre de 1811. Estudió en el Seminario de Mondoñedo y en la Universidad de Santiago. Cuando Calomarde cierra la universidad gallega, se trasladó a la Universidad de Alcalá, en 1832. En Madrid mantuvo buenas relaciones con los conservadores, como Donoso Cortés y Serafín Estébanez Calderón, y con los liberales, como Espronceda, Ventura de la Vega y Larra, sin embargo, su gran amigo fue Zorrilla.

Pastor Díaz recibe el título de abogado en 1833, iniciando su carrera de éxitos tanto en la literatura como en la política. Literariamente participa en todas las actividades del movimiento romántico, cultivó el periodismo colaborando en las publicaciones El Artista, La Abeja y El Siglo y fue miembro de la Real Academia Española.

Fue un importante político de tendencia conservadora y ferviente monárquico, ocupando numerosos y altos cargos públicos. En 1835 fue nombrado Secretario Político de Santander. Funda, junto con Pacheco, Cárdenas y Ríos Rosas el periódico El Conservador. Su oposición a Espartero le lleva a ofrecer sus servicios a la Reina Gobernadora durante el conflicto de la Regencia, acto que le cuesta un breve periodo de prisión. Con el poeta sevillano Gabriel García Tassara funda el periódico El Heraldo, después del cierre de El Conservador.

Con la contrarrevolución de 1843, llegó el encumbramiento del poeta gallego y diputado por la Coruña que ocupó, en 1847, su primera cartera ministerial, Comercio-Instrucción y Obras públicas. En 1848 fue nombrado rector de la Universidad de Madrid y ese mismo año, Pastor Díaz lee en el Ateneo, de cuya junta fue socio fundador, sus Conferencias sobre los problemas del socialismo y publica su Diccionario de política.

En 1856, O'Donnell nombra a Pastor Díaz Ministro de Estado, pasando poco después a ser Consejero de Estado, accediendo al años siguiente a la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Fue Senador del Reino desde 1858. Regresado O'Donnell al poder en 1863, le nombra Ministro de Gracia y Justicia. Pastor Díaz ya enfermo, ocupa la cartera por dos meses. A poco de retirarse de la vida pública su estado se agravó considerablemente, falleciendo en Madrid el 22 de marzo de 1863.

Pastor Díaz, a pesar de los altos cargos que ocupó, vivió y murió en la “honrada pobreza”, hasta el punto que, a poco de su muerte, hubo de concederse una pensión a su madre y hermanas para que pudiesen sobrevivir. “Pastor Díaz –decía Valera- vivió siempre con la mayor modestia, casi en la pobreza... Cuando murió no dejó un real y fue menester vender sus libros para pagar su pobre entierro”.

Entre su variada obra (ensayos históricos, biografías, etc.), destaca principalmente como poeta pues, aunque su obra más conocida sea una novela De Vistahermosa a la China (1858), ha dejado de tener interés para el lector. Pastor Díaz empezó muy joven a escribir poesía. De 1828, datan “Mi inspiración”, en castellano, y “Alborada” en gallego, publicada en la revista Museo . La obra poética de Pastor Díaz, recogida en sus Poesías de 1840, y completa, en la edición de sus Obras (1866) presenta una naturaleza variada que abarca desde el mero compromiso social (“A la Reina Gobernadora”) hasta la más sentida nostalgia y melancólica tristeza. A esta nota nostálgica y melancólica tristeza pertenecen sus mejores creaciones, especialmente cuando Pastor Díaz evoca aquellos parajes que guarda celosamente en sus memoria (“Mi reclusión”, “Al silencio”, “Al Eresma”, o la más conocida “La Sirena del Norte”), bien, cuando el alma del poeta se impregna de añoranza de sus riberas natales de Landrove o de sus amores juveniles (“Desvarío”, “Su mirar” , “Una voz” , “Ultimo amor”), sentimiento de añoranza que singulariza su poesía. Es en estos poemas en los que resaltan las cualidades más destacadas del poeta gallego: su irrefrenable fantasía y una peculiar sensibilidad poética, plena de ternura, unidas ambas por una sutil amargura que se transforma a veces en vago escepticismo. Su poesía muestra, finalmente otra faceta muy peculiar: su tendencia hacia lo misterioso y sobrenatural; es la expresión del sentimiento trágico del poeta ante la Naturaleza y el infinito (“A la luna”, “La mariposa negra”).

En 1951 Alvarez Blázquez encontró una égloga escrita en gallego que todos los eruditos están de acuerdo en atribuir a Pastor Díaz y que éste debió de componer antes de “Alborada”. Lleva por título “Egloga. Belmiro y Benigno” y en ella se cuenta la amistad de dos pastores que se consuelan de sus pesares amorosos. Cuando ya en 1932, Pastor Díaz se traslada a la Universidad de Alcalá, ya no vuelve a escribir en gallego, pero Galicia sigue presente en su poesía, convirtiéndose en genuino representante de la escuela norteña que luego continuará Enrique Gil.

Menéndez Pelayo antologó su composición “A la luna” entre las cien mejores poesías de la lírica de la lengua castellana. “Yo sólo oré sobre la yerta losa / donde no corre ya lágrima alguna ... / Báñala al menos tú, pálida luna... / ¡Báñala con tu luz!”.

 


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