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PEDRO DE OÑA: LA VOZ DEL PRIMER LIRICO CHILENO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

¿Quién a cantar de Arauco se atreviera
después de la riquísima Araucana?
¿Qué voz latina, hespérica o toscana,
por mucho que de música supiera?”
Pedro de Oña

 

 

Pedro de Oña es un poeta chileno  al que no faltan méritos. Se ha llegado a afirmar que con él nace en Chile la poesía lírica y que su poema El Arauco domado (1596), está todo él impregnado de lirismo. Sus maestros en la poesía épica fueron naturalmente con Ercilla, Virgilio, Tasso, Ariosto.

 

Pedro de Oña es el discípulo americano con más mérito de Alonso de Ercilla. Nacido en la ciudad de los Infantes de Angol en 1570,  muere en Lima en 1643.  Hijo del capitán español Gregorio de Oña, decapitado por loas araucanos. Hacia 1590 se traslada a Lima para estudiar Teología en la Universidad Mayor de San Marcos, donde se licenció. Vive en Lima protegido por el virrey García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete,  y ocupa cargos de importancia en la administración territorial. Emprende por contrato, como era frecuente en esa época, la tarea de cantar la participación de García Hurtado de Mendoza –ostensiblemente olvidado por Ercilla – en la campaña Araucana., lo cual hace con éxito en El Arauco domado. El poema sigue siendo el más importante de la épica hispanoamericana después de La Araucana. Oña, aunque inspirándose  en Ercilla, no se propuso competir con él: “¿Quién a cantar de Arauco se atreviera / después de la riquísima Araucana?”  Oña trajo a la epopeya Araucana un nuevo espíritu, laxo en la voluntad, barroco en la lengua..Del poema de Oña dijo Menéndez Pelayo  que es “una adulación tan continua y fastidiosa al marqués de Cañete y a su familia, que el autor mismo tuvo escrúpulo de divulgar el poema hasta que su héroe hubiese dejado el virreinato  del Perú y vuelto a España”. Pero Oña resulta el primer poeta chileno  y acierta a describir una batalla, con tal calor como si en ella hubiera tomado parte el que la describe.

 

El poema consta de 16.000 versos reunidos en octava, metro propio de la métrica culta, pero que riman de distinto modo que los de Ercilla. El valor del poema de Oña reside en la originalidad de un estilo que supera en ocasiones al de Góngora en la elección del vocablo, en la audacia sintáctica, en la capacidad inagotable de fantasía. Lo que hace de Oña un gran poeta es, por otra parte, la habilidad con que capta los grandes escenarios, con que subraya el valor decorativo del desfile de las tropas, la vitalidad de los corceles, el color de los estandartes  y banderas en el campo de batalla, aunque siga los estereotipos europeos.

 

El Vasauro es otro poema escrito también por encargo, para cantar a la familia de los Cabrera, y centrado en el periodo de la conquista de Granada por los Reyes Católicos. Se aprecia en dicha obra la pericia de un poeta que es inventor y original estilita en el ámbito culterano. Escribió también Temblor de Lima (1609) sobre el terremoto de esta ciudad e Ignacio de Cantabria (1639), dedicado a Ignacio de Loyola.

 

Según algunos críticos, Oña, fue a la epopeya pero con el ánimo encogido por la convicción de que ese arte estaba “tan adelgazado y en su punto”, que -después de Ercilla- continuar más allá “no sería perfección sino corrupción”. Sin embargo, resulta difícil aceptar que cuando un artista se decide a escribir una obra no piense en emular, sino en superar su modelo, por elevado que sea.

 

Oña se evadió de la crónica veraz porque ése era el impulso de la imaginación barroca: mitología, tesoros de nombres exóticos, idilios librescos, gestos aristocráticos.

 

Ercilla influye en toda la  obra poética de Oña, así como todo el Renacimiento italiano y español. Oña que habla mal de Góngora, gongorizó en metáfora, sintaxis, cultismos su obra. Y como dijo el poeta chileno: “¡Oh, quién tuviera pluma tan cortada / y versos tan medidos y corrientes, / que hicieran el vestido deste valle / cortado a la medida de su talle!”

 


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