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ALONSO DE OROZCO: LA VOZ DEL INICIADOR DE LA LITERATURA MISTICA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“No hay libro tan sin provecho que no sea
de utilidad al que es sabio si quiere leerle atentamente.”
Alonso de Orozco


A Alonso de Orozco se le considera el iniciador de la literatura mística española: Vergel de oración y monte de contemplación apareció antes que el famoso Audi filia del  beato Juan de Avila. Hombre del pueblo, escribió en el idioma vulgar por lo que hubo de defenderse de los latinistas; en el conjunto de su obras, expone todo un programa de mística muy sencilla que arranca de la “purgatio”, etapa que no se logra por la ascesis individual sino por la caridad hacia los necesitados.

           

Alonso de Orozco nació el 17 de octubre de 1500 en Oropesa, provincia de Toledo. De familia noble, los primeros estudios los cursó en Talavera de la Reina,  desde niño sirvió como “seise” en la iglesia de dicha ciudad. Estudió en la Universidad de Salamanca con santo Tomás de Villanueva y, en 1922, profesó en la orden de San Agustín. Famoso por su gran austeridad, dirigió los conventos de las orden en Soria, Medina del Campo, Sevilla y Granada. En 1549 se embarcó para México como misionero pero durante la travesía hacia las Islas Canarias padeció un grave ataque de artritis, y los médicos, temiendo por su vida, le impidieron la prosecución del viaje.  En 1551 fue nombrado prior de Valladolid y el emperador Carlos V, le nombró su predicador, confesor y consejero, cargos que mantuvo con Felipe II. Quevedo, enviado por sus padres, le visitaba de niño en busca de instrucción religiosa.  Además de cumplir con sus obligaciones como predicador regio, visitaba los enfermos en los hospitales, a los encarcelados en las prisiones y a los pobres en las calles y en sus casas.  Fundó diversos conventos y colegios en Talavera de la Reina y Madrid. Su fama  se extendió por todo Madrid. El pueblo que le llamaba, muy a pesar suyo, “el santo de San Felipe”, lo amó apreciando en él su exquisita sensibilidad al acercarse a todos sin distinción. Alonso de Orozco murió en Madrid el 19 de septiembre de 1591. Fue beatificado en 1882 por León XIII y canonizado en 2002 por Juan Pablo II.

 

Escritor muy prolífico, fue sobre todo un sacerdote dedicado al pueblo y para él es para quien escribe, en un estilo llano y coloquial. Entre su vastísima obra, de carácter fundamentalmente divulgativo y doctrinal, destacan: Victoria del mundo, donde se opone a los falsos milagros y falsos místicos tan frecuentes en su época, Las siete palabras que la Virgen Santísima Nuestra Señora habló. De la suavidad de Dios y Memorial  de amor santo, de carácter fundamentalmente místico, aunque Orozco nunca habla de sus experiencias personales, que las tuvo, por exceso de humildad. Es interesante su concepto de la ascesis, no tanto como negación y mortificación de uno mismo, sino como entrega al prójimo mediante la caridad. De carácter doctrinal son el Epistolario cristiano para todos los estados y el Examen de conciencia, ambos relacionados con su ministerio sacerdotal. En 1888 se encontró entre sus papeles un opúsculo anónimo titulado De los nueve nombres de Cristo. Los investigadores no están de acuerdo sobre su autoría. De ser suya, constituiría la fuente más cercana de Los nombres de Cristo, del propio Fray Luis de León, quien lo escribiría en la cárcel como esquema previo para un trabajo posterior. Ese sería el “papel” al que se refiere uno de los interlocutores al principio de la obra y que va a servirles como guía en su conversación. Y como dijo  el escritor toledano: “Solamente los españoles, amigos de trajes peregrinos y costumbres extranjeras, tenemos en poco lo que se escribe en nuestra lengua”.


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