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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LEOPOLDO PANERO: LA VOZ HERIDA POR LA SOMBRA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

 

“Despacio, muy despacio, van las horas
juntando las palabras de mi canto.
Las horas muertas tras las horas vivas
caminan y caminan en la sombra.”
Leopoldo Panero


Leopoldo Panero es poeta lírico no sólo con palabra intimista, sino con palabra interior. Lo que tiene que decir, utilizando el habla de la gente, lo dice desde lo más hondo de su existencia personal, y lo dice hacia adentro, en vez de hacia fuera. Pero lo más característico o peculiar, y verdaderamente paradójico de su palabra poética, va a ser que llega a cantar ampliamente y sonoramente en algunos poemas como palabra rezada o dicha por el corazón.

 

Sufridos eslabones entre el perfectismo de sus inmediatos maestros, los de la generación del 27 y acechados por las incitaciones de la posguerra, son los poetas de la generación a la que pertenece  Panero. Con Luis Rosales y Luis Felipe Vivanco se haya vinculado al grupo de la revista Cruz y Raya, y más tarde está con ellos en la revista Escorial  También colabora en la revista Caballo Verde para la Poesía, fundada por Pablo Neruda, en 1935. Sus poemas sólo son acogidos en libros tardíamente.

 

Es en 1944 cuando aparece el primer libro de Panero, La estancia vacía. Volver ahora a aquellos versos, después de lo que ha llovido es encontrarse con una larga y monocorde tirada de versos que, como repetido oleaje, dicen una hermosa oración. Una oración en la que se entrelazan sucesivas angustias, amarguras infinitas, soledades que tienen nombres propios.

 

Leopoldo Panero nace en Astorga, provincia de León, el 10 de octubre de 1909, y muere en esta misma ciudad el 27 de agosto de 1962. Cursa sus estudios de Enseñanza Media en San Sebastián y León. Estudia Derecho en las Universidades de Valladolid y Madrid, en la que se licenció. De 1932 a 1934 sigue estudios en la Universidad de Cambridge. Dirigió la revista Correos Literarios, y fue secretario de una sección cultural del Instituto de Cultura Hispánica.

 

Su largo poema en tercetos Canto personal, Carta perdida a Pablo Neruda fue escrito como réplica al Canto general del poeta chileno. Panero recibió el Premio Nacional de Poesía en 1950 y el Premio Fastenrath de la Real Academia.

 

Escrito a cada instante nos traería el recuerdo, el dolor y la esperanza. En el aparecen sus elegías a César Vallejo y a Federico García Lorca, que después añade como suplemento, en 1953, en su Canto personal. Panero publicó además una Antología de la poesía hispanoamericana.

 

Vivir para Panero, es un presente continuo. El tiempo transcurrido es hoy, por la memoria. Vive todo gracias a la memoria. La memoria tiene un poder vivificador. Todos los seres que han pasado por el corazón del poeta existen en la obra a través de la memoria. Recordar es vivir la vida nuevamente, no repetida. La vida verdadera, cabal, amorosamente sentida llega a ser historia. El mismo poeta define a la historia como amor cuando dice a Federico García Lorca: “Cantaste lo dormido de tu raza / la nieve insomne de tu infancia toda; / la historia que es amor y hasta los huesos / España. España sola”.

 

La poesía de Panero tiene en un primer momento el influjo de Garcilaso; más tarde busca forma de sencillez. El poeta, el escritor en general, lo es por sí mismo. Panero en cada libro o separata de poemas se nos da enteramente con todo lo que siente, ante la tierra y ante los hombres. Leopoldo hace sencillamente poesía humana. Poesía de verdad del corazón. Poesía de verdad. Y como dijo el poeta: “Te estoy viendo escribir menudamente, / los ojos fijos, lentos de añoranzas, / tensos los pulsos: corazón que avanza / a través de la sangre...”


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