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ÁLVARO POMBO: LA VOZ DEL MAYOR DE LOS POETAS COLOMBIANOS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Ten compasión de mi dolor, hermano,
porque este ritmo entristecido evoca
las caricias ya muertas de su mano
y los besos ya muertos de su boca...”
Rafael Pombo

 

Rafael Pombo ha sido calificado como el mayor de los poetas colombianos y algunas de sus poesías se hicieron célebres en su país y fuera de él, hasta el punto de que el poeta que,  a pesar de ser septuagenario aun conservaba fresca su inspiración, fuera en 1905, coronado solemnemente en un teatro de Bogotá. Durante su larga vida fue romántico y sólo romántico. No intentó las formas neoclásicas todavía vigentes en su juventud ni, en sus últimos años, la poderosa corriente del Modernismo, ya en boga. Está considerado uno de los más grandes poetas y narradores del romanticismo hispanoamericano.

 

Rafael Pombo nació en Bogotá el 7 de noviembre de 1833 y muere en la misma ciudad el 15 de mayo de 1912. Estudió ingeniería. Desempeñó un cargo diplomático representando al gobierno de Colombia en Washington, fue contratado por la editorial Aplpleton de Nueva York. En su país fue miembro del Parlamento y secretario perpetuo de la Academia colombiana.

 

Fecundísimo poeta, se pueden separar tres etapas en la obra de Pombo; una primera de juventud, que alcanza hasta su viaje a Estados Unidos en 1854. En ella sus influencias son Víctor Hugo y Zorrilla; sus poemas (“Monotonía”, “Vaguedad”, “La copa de vino”) están impregnadas de melancolía romántica y sentimentalismo. Durante su estancia en Estados Unidos (1854-1861) alcanza su plenitud. El conocimiento de otra cultura, sus estudios clásicos –tradujo hasta cincuenta y una odas de Horacio-, su trato con poetas norteamericanos, dieron flexibilidad a su verso y le ayudaron a alcanzar su verdadera forma poética. De esta etapa es una de sus composiciones más conocidas, “En el Niágara”, maravillosa meditación sobre las cataratas, que sobrepuja la que con el mismo tema escribió Heredia. Cuando vuelve a Colombia, su tercera y más larga etapa, su poesía se hace más razonadora a medida que avanza en edad. Se fijan sus modos de versificación, aumentando considerablemente su afición por el soneto, pero los temas son los mismos, constituyendo una paráfrasis de todo lo anterior. Estos temas que se repiten a lo largo de su vida son también tres: la patria, la naturaleza y el amor, unidos frecuentemente estos dos últimos, como por ejemplo en “Preludio de primavera” y “Noche de diciembre”. Su atracción por la naturaleza fue tal, que él mismo nos cuenta que sus amigos tuvieron que sujetarlo cuando, en 1848, visitaba el Salto de Tequendama –el imponente espectáculo colombiano-, para que no se arrojase al torrente de sus cataratas. También compuso poemas patrióticos con sentido popular en  “El Bambuco” y en las fábulas, donde no se arredra ante temas vulgares y cotidianos.

 

Pombo, es sobre todo, un poeta amoroso. La cuerda amorosa saca sus mejore tonos y matices al expresar su amor platónico y erótico, carnal unas veces, imaginativo otras, dedicado  a una o muchas mujeres, vivas y muertas: “El seis de octubre”, “Siempre”, “Las americanas en Broadway”,  “Angelina”, “Avisag”, “Mi amor”, “Elvira Tracy”, etc. Llegó incluso a mistificar la poesía femenina firmando algunos poemas con el nombre de Edda la Bogotana, que trajo de cabeza a la crítica colombiana, pues  hizo creer a los críticos en la existencia de una nueva Safo americana. El mismo Pombo los sacó de su error en la composición  titulada “Edda”.

 

Pombo cultivó además el cuento y la fábula infantil (Cuentos pintados y cuentos morales para niños formales, 1854). Entre su obra destacan la recopilación póstuma de su obra poética, que lleva por título Poesías (1916-1917), y Traducciones poéticas (1917), también póstuma.

 

De tema filosófico es la composición que, junto con “El Niágara”, ocupa la cumbre de la poesía de Pombo. En “La hora de la tinieblas “, el poeta colombiano se pregunta, en sesenta y una décimas, por el destino humano y el absurdo de la existencia. El resultado es una de las mejores poesías románticas que se han escrito en castellano, por la verdad de las dudas que manifiesta y la enorme angustia humana que la impregna toda. Y como dijo el mayor de los poetas colombianos: “¿Por qué, si puede, Dios no satisface, el hambre cruel que nos devora?”.

 

 


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