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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

CARLOS REYLES: LA VOZ DE UN CULTIVADOR DE LAS LETRAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Una media luna, como de lanza nueva,
iluminaba tenuemente el paisaje dormido...”
Carlos Reyles

 

Se puede afirmar en términos generales que la novela uruguaya del primer cuarto del siglo XX es por el tema novela rural, o si se quiere mejor, gauchesca, y por la técnica naturalista. Es Carlos Reyles el novelista uruguayo que mejor encarna la evolución del género desde el naturalismo a nuestros días. Preocupado del movimiento intelectual de la época, lector asiduo y viajero infatigable, lleva a la novela sus propios problemas, que casi siempre vienen a confundirse con problemas del hombre contemporáneo. Su afán renovador trasciende desde el campo literario al ideológico y al social. Novelista, quiere recoger en su obra las tendencias más señaladas del género, rico hacendado, lucha por incorporar a la agricultura y ganadería los últimos avances de la técnica. Su hacienda fue considerada a principios del siglo XX como la más progresiva del país. Pero, al mismo tiempo, ese señorito huérfano y millonario que era Carlos Reyles se dedica con afán innovador al cultivo de las letras, y en plena juventud escribe varios cuentos y narraciones largas, que habían de culminar en La raza de Caín (1900), novela que le consagra como el primer escritor del género en su patria. Antes había publicado su primera novela Beba (1894), a la que siguieron Primitivo (1896), El extraño (1897) y El sueño de rapiña (1898), tres relatos impresos bajo el título general de Academias. Tras un paréntesis de dieciséis años y notablemente espaciadas aparecen: El terruño (1916), El embrujo de Sevilla (1922) , sobre su estancia en Andalucía, y El gaucho Florido (1932). La última novela de Reyles, A batallas de amor... campos de pluma, se publicó con carácter póstumo, en 1939. Tiene también alguna pieza de teatro y varios ensayos: La muerte del cisne, Diálogos olímpicos, Incitaciones . Pero no era el ensayo su fuerte. La vocación de Reyles estaba en la novela.

Su nombre completo es Carlos Claudio Reyles Gutiérrez. De padre sajón y madre andaluza, nace en Montevideo el 30 de octubre de 1868. Sin preocupaciones económicas, su vida se reparte durante mucho tiempo entre el cuidado de su hacienda, los viajes, el estudio y la literatura. Viaja mucho por Europa; pero sus últimos años fueron ingratos. Había sufrido reveses de fortuna a partir de 1910. Vende su famosa estancia El Paraíso y va a la Argentina con el proyecto de restablecer sus grandes negocios agrícolas. Pero al cabo de unos años se ve obligado a vender cuanto tenía en la Argentina también, incluida la estancia El Charrúa, única propiedad que le quedaba. Últimamente tuvo que acogerse al desempeño de cargos oficiales: enviado del Uruguay a la Exposición de Sevilla (1929), profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, en sustitución de Vaz Ferreira, que acababa de ser jubilado; presidente de los servicios de Radiodifusión, etc.. Carlos Reyles murió en su ciudad natal el 24 de julio de 1938.

El embrujo de Sevilla, fruto del estudio de los ambientes españoles, es una estupenda realización literaria que contiene todo el arte, toda la pasión y toda la emoción de la famosa ciudad andaluza. El gaucho Florido, es un gaucho donjuanesco, enamorador del chinerío, cuentista, gastador, bailador, etc. Feroz en la venganza por celos, busca refugio en el monte, donde le sigua su china, que va a morir bajo su poncho, en una descarga cerrada... La obra viene a ser como una canción al pasado gaucho...También es de tema gauchesco El terruño, con el gaucho bueno frente a su hermano el “gaucho malo”.

En la obra novelística de Reyles encontramos positivos valores: lenguaje fácil y brillante; mucho colorismo, sabia amalgama de la lengua académica con el habla popular; y un realismo en general de buena especie, aprendido directamente en su propia existencia, repartida entre el campo y la ciudad. Su defecto en lo formal es el uso de extranjerismos, especialmente galicismos. “La obra de Reyles –ha escrito Zum Felde- se presenta, pues, con un carácter muy personal e íntimamente vinculado con su propia vida. Hay mucho de autobiográfico en sus novelas. El Tilo de Beba es Reyles mismo. Guzmán de La raza de Caín es Reyles también. Y Tocles, hasta el propio Tocles, de El terruño, es asimismo Reyles en buena parte, ya que el autor pone en boca de sus personajes sus mismos discursos y les atribuye algunos de sus actos más notorios”.

 


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