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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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PABLO DE ROKHA: LA VOZ DE UN LIRICO IMPETUOSO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Niña de las historias melancólicas, niña,
niña de las novelas, niña de las tonadas,
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia
en el agua de asombro de la cara perdida
y en los serios cabellos goteados de dramas.”
Pablo de Rokha

 

Pablo de Rokha califica su obra “como trágica-dionisiaca, volcánica, insular, dramática-oceánica como el continente americano...”

En Chile, junto con Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda, son dignos de recordar en el siglo XX otros poetas notables, una nutrida lista desde Emilio Prado a Rosamel del Valle y los líricos del triunfo nerudiano con sus sucesores. Prado ejerció una notable influencia sobre los escritores contemporáneos y fundó el grupo que se consagró en torno a la revista Los Diez (1916); al mismo pertenecieron, entre otros, Eduardo Barrios y Augusto D'Halmar.

Angel Cruchaga fue un refinado poeta, que se orientó desde un Modernismo inicial hacia el Realismo y el Criollismo. Juan Guzmán Cruchaga pasa del Modernismo de los primeros libros poéticos a una nota depurada e intimista. Poeta de relieve es Humberto Díaz Casanueva. Cantor de la naturaleza, del sur lluvioso es Juvencio Valle. Mesurado, delicado, sin altibajos es Julio Berrenchea. Poeta y narrador, fue Oscar Castro, con fuerte influencia de Lorca. También son dignos de recordarse muchos otros nombres. Eduardo Anguita, Venancio Lisboa, Angel Custodio González, Gonzalo Rojas, Alberto Ruibio, Alfonso Alcalde...

Sin embargo, el poeta de mayor relieve es Pablo de Rokha, -seudónimo de Carlos Díaz Loyola- que nació en Licantén, el 17 de octubre de 1894 y se suicidó en Santiago el 10 de diciembre de 1968. Tuvo problemas en la Escuela Pública de Talca, donde realizó sus primeros estudios y fue expulsado del Seminario Conciliar de San Pelayo de Talca por leer libros de autores “prohibidos”, tales como, Nietzsche, Rabelais, Voltaire. Se traslada a Santiago para cursar el sexto año de humanidades e ingresa en la Universidad de Chile para estudiar Derecho e Ingeniería pero abandona los estudios. Escribe para los periódicos La Razón y La Mañana y publica sus primeros versos en la revista Juventud de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Regresa a Talca en 1914 y allí recibe un libro de poemas titulado Lo que me dijo el silencio, de Luisa Anabalón Sanderson, que más tarde sería su esposa y tomaría el seudónimo literario de Winétt de Rokha.

El primer libre de Rokha con el nombre de Versos de infancia, influido por las ideas anarquistas, se publica en una antología de la revista Selva Lírica. Posteriormente publica El folletín del diablo, en la revista Claridad y se gana la vida con la compra y venta de productos agrícolas. En 1918 publica un pequeño libro titulado Sátira, en versos alejandrinos. En 1920 ya dirigía la revista Numen. Es candidato a diputado por el partido comunista. Trabaja en al Universidad de Chile. El presidente Juan Antonio Ríos, le nombra Embajador cultural de Chile en América y el poeta realiza una extensa gira por el continente americano. En 1965 recibe el Premio Nacional de Literatura.

Lírico impetuoso, de grandes pretensiones, adversario acérrimo de Neruda, un romántico con reminiscencias baudelaireanas y énfasis prodigioso que mezcla el simbolismo y la poesía cívica, pretencioso en Los gemidos (1922), U (1927), Cosmogenia (1927), Satanás (1927), Jesucristo (1935), Gran temperamento (1937), Morfología del espanto (1942), Fuego negro (1953), Antología:1916-1953 (1954), Idioma del mundo (1958), Genio del pueblo (1960), Acero de Invierno (1961), Estilo de masas (1965), Mundo a mundo (1966) y otros libros.

Pablo de Rokha tal vez haya sido el poeta más discutido del Chile contemporáneo, en una reñida contienda con Neruda por una primacía que jamás alcanzó a pesar de los muchos premios nacionales, contra su rival escribió Neruda y yo (1955), de extrema virulencia.

La pasión política de Rokha se manifiesta en Oda a la memoria de Máximo Gorki (1936), los Cinco cantos rojos (1938) y el Canto al Ejército Rojo (1954). “La poesía es mi militancia”, dijo en cierta ocasión. Sus últimos libros nos dan una imagen del poeta, que si bien parece menos ególatra, no por ello resulta menos desconcertante: nos referimos no sólo a Los poemas continentales (1945), sino también a la Epopeya de las comidas y bebidas de Chile y Canto del Macho Anciano (1965).

Y como dijo el poeta chileno:”Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque sí, moriría si NO cantase... cantar, cantar, cantar, he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha!”

 

 


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