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SALVADOR RUEDA: LA VOZ DEL PRIMER POETA MODERNISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“En el pueblo andaluz, copla has nacido,
y tienes -¡ave musical!- tu nido
de la guitarra en el sonoro hueco.”
Salvador Rueda

 

 

Considerado como un antecesor del modernismo español, la obra de Salvador Rueda se caracteriza por el predominio del ambiente andaluz, el culto a la palabra, la musicalidad y el colorido de sus versos. Sus composiciones, llenas de lirismo tienen una gran potencialidad cromática. Dominando el metro clásico del soneto, también tiene pequeñas composiciones líricas, las coplas, que enlazan con las que más tarde producirá Antonio Machado. De formación autodidacta, su extensísima obra está compuesta por novelas, relatos cortos, prosas costumbristas, teatro y poesía.

 

Salvador Rueda Santos nace en Benaque, pequeño pueblo malagueño, el 3 de diciembre de 1857. Hijo de jornaleros, no llegó a sentir el pellizco del hambre. “Aunque de niño -nos cuenta el poeta-, en mi casa pobre, yo no servía más que para vagar a todas horas por los campos, pretendiendo descifrar los profundos misterios y las grandes maravillas, mi padre siempre me amparó por desgraciado y me tuvo un sitio en su corazón”.

 

Comenzó a escribir desde muy joven. “Aprendí “administración” de las hormigas -nos decía Salvador Rueda-; “música”, oyendo los aguaceros; “escultura” buscando parecido a los seres en las líneas de las rocas; “color”, en la luz; “poesía”, en toda la naturaleza”. En cuanto a las lecturas juveniles del poeta hay que señalar la poesía de Jorge Manrique, Garcilaso y Góngora, que son los poetas que influirán de un modo especial en su obra poética.

 

Fue un estudiante de latín, monaguillo, jornalero, guantero, carpintero, droguero, corredor de guías del puerto de Málaga, pirotécnico y oficial primero del Cuerpo facultativo de Archiveros Bibliotecarios y Arqueólogos.

 

Como todos los poetas de provincia de su época marcha a Madrid, donde Nuñez de Arce, le proporciona un empleo en la Gaceta de Madrid.

 

La sonoridad de la poesía de Rueda tiene una inmediata aceptación en los países hispanoamericanos y a ellos se dirige el poeta. Las principales ciudades americanas le rindieron homenaje. Su favor por la América de habla hispana culmina en el poema “El milagro de América” publicado en 1929. Rueda fue solemnemente coronado en La Habana en 1910 y pudo constatar en su gira la constante admiración de las jóvenes repúblicas. Sin embargo, regresa a su ciudad de Málaga donde vivirá modestamente en una casa cerca del Alcazaba. En el mes de marzo de 1933 el poeta cae gravemente enfermo y muere el 1 de abril de ese mismo año.

 

Es innegable la importancia y el interés que representa la obra de Rueda, no sólo como clave para comprender a las generaciones que le han sucedido, sino por el valor lírico que significó en su momento una aventura tan original y atrevida como la del primer poeta modernista de nuestro país. El poeta malagueño parte de posiciones cercanas a la poesía localista y se hará notar también en él influjo campoamoriano. Renglones cortos se publica en 1880. Noventa estrofas (1883) es prologado por Nuñez de Arce. Carácter específicamente andaluz tienen sus Cuadros de Andalucía (1883), intención compartida en sus muestras costumbristas: El patio andaluz (1886). El cielo alegre (1887), El gusano de luz (1889). La reja (1900). En 1988 publica Sinfonía del año a la que le siguen una serie de muestras campoamorianas: El secreto (1891), Fornos (1894), El bloque (1896) e Himno a la carne (1890), una serie de sonetos en el que aparece un erotismo espiritualista que escandalizó a Juan Valera. La publicación de su breve novela La cópula es una deuda evidente a Felipe Trigo. Esta novela está, sin embargo, muy lejos del naturalismo que tradicionalmente se le supone. Rueda cultivó también el teatro en La Musa, La Guitarra, Vasos del rocío, Los ojos y La cigarrera. En 1893 apareció En tropel, con un Pórtico de Rubén Darío, que venía a confirmarle como la cabeza de los modernistas españoles. Piedras preciosas (1900), Fuentes de salud (1906), Trompetas de órgano (1903) o Lenguas de fuego (1908) constituyen la obra de madurez. En las Obras completas reúne una selección nutrida de su obra. En 1928 aparece Antología poética y en 1957 su obra póstuma Claves y símbolos.

 

Rubén Darío y Salvador Rueda representaron unos “modernismos” completamente diferentes. Quizás, la más importante diferenciación va a estar en el orden ideológico subyacente en la obra de uno y otro. “El modernismo, aparte de sus rasgos específicos americanos -decía Luis Cernuda-, también ofrecía otros  comunes con el movimiento literario esteticista que se da en muchos países poco antes de fin de siglo y durante el fin de siglo”. ¿Por qué no reconocer entonces que en España hubo poetas “modernistas” antes de que Darío trajera el modernismo de América a España? “Los maestros “coloristas” -escribía Juan Ramón Jiménez- eran Don Manuel Reina de Córdoba, que caía del segundo parnaso francés, y Salvador Rueda, predecesor de Rubén Darío, quien fue partícipe del “colorismo” ante de su gran gloria individual”.

 

Málaga supo reconocer la valía del poeta y, fuera de toda costumbre, le consagra en vida un monumento en el parque. Y como dijo el poeta: “Málaga que era una espina / por evolución precisa / se abrió en tu mano divina / y se hizo ilustrada rosa”.


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