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MARQUES DE SANTILLANA: LA VOZ DEL PRIMER CRITICO LITERARIO DE POESIA

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Oyó los secretos de la Filosofía
y los fuertes pasos de la Naturaleza,
obtuvo el intento de la su pureza
y profundamente vio la Poesía.”
Marqués de Santillana

 

Muchas veces se ha repetido esta mágica estrofa de la Comedieta de Ponza –del admirable poeta, Iñigo López de Mendoza, nacido en Carrión de los Condes, el 19 de agosto de 1398-, de donde destaca este verso “... y profundamente vio la Poesía”.

El elogio se refiere al rey caballero don Alfonso de Aragón; y lo hace su madre dolorida: doña Leonor, contestando a Juan de Bocaccio, al lamentar la derrota de Ponza. Y esta estrofa sigue a lo que empieza por el verso: “las sílabas cuenta e guarda el acento...” ; y añade evocando a Euclides (“pues en Geometría Euclides no tuvo gran sentimiento...”). Es decir, que en muy poco espacio, muy pocos versos, el primer crítico literario de poesía de nuestra lengua ( primero cronológicamente) encierra una poética, y hasta una retórica, cuyo alcance se prolongará siglos, llegando diría que hasta nosotros intacta en su vigencia fundamental.

El autor de tan mágica estrofa, durante su juventud, se consagró con éxito al servicio de las armas, cooperando en las guerras de la Reconquista, habiendo figurado en la batalla de Olmedo, en 1445, año en que recibió el título de Marqués de Santillana. En poesía fue discípulo del duque de Villena, siendo un gran protector de poetas en la corte. El Marqués de Santillana murió en 1458.

Detengámonos en estos versos. Y en sus versos, verdaderamente finales, por su medida aconsonantados: filosofía, naturaleza, pureza, poesía. El último se nos afirma, ante todo, como visión: y visión profunda. Tan profunda que su musicalidad se transparenta en ella y por ella luminosamente. Y ésta es, para el poeta la poesía. Admirable “visionario” y “oidor” o “escucha” de poesía, este elegantísimo Santillana.. “hablando como extranjero, armado o vestido como francés...” como se le cantó satíricamente en su tiempo por las famosas Coplas de Panadera.

La figura de este poeta se ha ido agrandando y afinando, perfilando cada vez más “pura”, firme, poderosa, con los siglos. Es tiempo de darle en la historia y tradición de la mejor poesía española el sitio que le corresponde y merece. Situar su nombre poniéndole junto a Juan Ruiz, a quien sucede como la mayor figura literaria de su siguiente siglo; y al lado de Manrique y Ausias March; al lado, en los siglos siguientes, de fray Luis, de Herrera, de Lope, de Góngora, de Quevedo... Pues, como todos ellos acompaña a su creación, a su poesía e invención poética, una conciencia crítica, reflexiva, poderosísima. Conciencia o reflexión igualmente poética. “El arte –escribe Menéndez Pelayo- como toda obra humana digna de este nombre es obra reflexiva; sólo que la reflexión del poeta es cosa muy distinta de la reflexión del crítico y del filósofo”. Esta “cosa muy distinta” que es la reflexión crítica de la poesía que nos puede y debe, dar el poeta, esa cosa muy distinta de las reflexiones que sobre la poesía nos hacen los críticos más o menos filosóficos o cientificistas.

En Santillana, esta “reflexión del poeta” se nos ofrece con singularísimo interés literario. Leámosle,. Releámosle, tomando como “punto de partida” su reflexión critica; la que en estas estrofas a que aludo nos expresan su poética con tan clara evidencia: oír, escuchar “los secretos de la filosofía” y “los fuertes pasos de la naturaleza”; obtener con pureza ese intento, obtenerlo poéticamente: viendo, mirando, en profundidad, con profundidad la poesía. ¡Y con qué puro mirar y oír reflexionó este lírico poeta español, extraño, del siglo XV!

 


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