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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LUIS MARTÍN-SANTOS: LA VOZ RENOVADORA DE LA NARRATIVA ESPAÑOLA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Mi obra tiene un sentido claramente destructivo”.
Luis Martín-Santos


 

Luis Martín-Santos con una única novela publicada en vida, Tiempo de silencio (1962), se ha convertido en uno de los nombres claves en la historia de nuestra narrativa reciente. Tiempo de silencio, es uno de esos raros libros que, a la vez que cierran caminos viejos, se muestran precursores del futuro. Tiempo de silencio es posiblemente la novela más original y revolucionaria de la posguerra, es un libro de extraordinaria ambición al tratar de realizar –con una rica variedad de procedimientos narrativos- una exploración abarcadora de la realidad tanto en su dimensión social como cultural. La historia del libro, completada con otros hilos argumentales, es el fracaso de un joven investigador, el cual, obligado a participar en un aborto ilegal  y tras salir con bien de una investigación policíaca, decide abandonar su trabajo y retirarse a la práctica de la medicina rural. Este argumento es la base de una exploración social que va desde las clases intelectuales y acomodadas al lumpemproletariado, pasando por la burguesía decadente. Novela social sólo en cierto sentido, pues no trata del proletariado, tampoco expone una tesis socialista ni defiende una concreta ideología o política, sino que su mensaje es un desesperanzado nihilismo. Pero la novela pasa revista a una realidad mucho más amplia. Intenta destruir toda una serie de mitos que se le representan al autor como valores anacrónicos: el de la España eterna, el de la España creadora, el de una cultura rica o una tradición cultural. Y todo ello en un discurso que se realiza a través de la ironía, el sarcasmo y la parodia. Al nihilismo desprendido del comportamiento inconsciente del protagonista se pueden oponer la esperanza de una praxis que procede de la reflexión y de la dotación de unos medios adecuados para luchar contra una tradición y unas formas de vida anquilosadas. En este sentido de obra abierta viene a colaborar una sutil técnica del autor que consiste en no interpretar los sucesos sino en describirlos. Lo que no es obstáculo para que en el libro tengan un papel importante la simbología y el carácter elusivo de muchas descripciones.

 

Aparte de todo ello, otro mérito fundamental dela novela, tanto en sí como en su trascendencia histórica, hay que buscarlo en el lenguaje. La riqueza léxica y sintáctica le aleja de la prosa al uso y establece el camino por el que habrán de seguir otros novelistas. Tiempo de silencio, siendo, pues, en amplio sentido, una novela social, se escapa de la estrechez del realismo crítico por los dos lados por los que los autores más dotados de ese grupo habrían de rebasarlo: el temático y el formal. Formalmente, Tiempo de silencio busca, léxica y sintácticamente, la obra bien hecha, cuidada, exigente, en la que los valores estéticos no sufren en detrimento de otros no específicamente literarios

 

Tiempo de silencio, considerada una de las mejores novelas españolas del siglo XX,  supone la liquidación como estética válida del realismo crítico. Y esto que de por sí tiene un enorme interés histórico no es lo fundamental, sino el haber hecho posible la llegada de una novela más imaginativa y más ambiciosa, la introducción del cuidado por la forma –estilo y construcción-, la presentación de técnicas más nuevas y la introducción de los diversos recursos del humor como medio de realización literaria.

 

Luis Martín Ribera, que cambiaría su nombre por Luis Martín-Santos Ribera  nace en Larache (Marruecos) el 11 de noviembre de 1924. Con cinco años de edad se traslada con su familia a San Sebastián, donde estudia bachillerato. Cursa la carrera de Medicina en Salamanca que termina con premio extraordinario. Realiza  el doctorado en Madrid entre 1946 y 1949, al tiempo que colabora con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, relacionándose con especialistas como López Ibor y Castilla del Pino. También en Madrid traba amistad con los escritores de la “generación del medio siglo”,  llamada la “generación herida” por Ana María Matute. En 1950 realiza estudios de posdoctorado en Alemania y en 1951 es nombrado director del sanatorio psiquiátrico de San Sebastián. En 1953 contrae matrimonio con Rocío Laffón, que morirá diez años más tarde, a consecuencia de un escape de gas. Martín-Santos es detenido varias veces por hacer propaganda del entonces clandestino Partido Socialista Obrero Español, en el que llegaría a ser miembro de la Comisión Ejecutiva. Luis Martín-Santos falleció a consecuencia de un accidente de tráfico ocurrido en las proximidades de Vitoria-Gasteiz el 21 de febrero de 1964, quebrándose las esperanzas que la medicina y la literatura habían depositado en su singular talento creador.

 

Entre sus ensayos destacan  Dilthey, Jaspers y la compresión del enfermo mental (1955) y Libertad, temporalidad  y transferencia en el psicoanálisis existencial (1964). Pero la obra que le ha dado un puesto privilegiado en la literatura es Tiempo de silencio (1962), novela renovadora de la narrativa española y tal vez una de las más importantes del pasado siglo. En determinados aspectos enlaza con Quevedo, Goya, Larra y Valle-Inclán. Después  de su muerte se publicó, por Carlos Barral,  que fue el editor de la mayor parte de su producción, la colección de prosas narrativas  Apólogos (1970) y la novela inconclusa Tiempo de destrucción (1975). Y como dijo el gran novelista: “El tiempo pasa siempre, necesariamente”.


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