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Festival Escena Contemporánea 2009.

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EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

ESCAPAR DE LA SOLEDAD


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Compañera de mi alma
no te apartes de mi lado
porque si me dejas solo
la soledad me hará daño.”
Augusto Ferrán

 

España es ya un país viejo. En los últimos 25 años (1980-2004), la población juvenil española (menores de 14 años) ha descendido en un 44 por ciento, representando, en la actualidad, tan sólo el 14,5 por ciento de la población total española, siendo el país de la Unión Europea que más jóvenes menores de 14 años ha perdido. Por el contrario la población mayor de 65 años ha aumentado en este periodo en un 56 por ciento, representando ya el 16,8 por ciento de la población total española, siendo el país de la Unión en el que más ha aumentado el grupo de mayores de 65 años. Esto significa que en la actualidad la población mayor (16,8 por ciento) ha superado con mucho a la población juvenil (14,5 por ciento) en España, siendo el país de la Unión Europea que más ha envejecido en el periodo considerado.

El grupo de población de más de 65 años representa actualmente en España el 16,8 por ciento de la población total. La importancia de este grupo plantea un reto importante a la hora de tratar las necesidades producidas por la salida definitiva de estas personas del mercado laboral o por la pérdida de autonomía debida al envejecimiento.

Hasta hace unos pocos años, las residencias eran la única opción para todas aquellas personas mayores que no podían, por circunstancias diversas, vivir solas o con su familia. Ahora ya se apuntan otras soluciones para que estas personas no tengan que salir de su ambiente y puedan combatir su soledad conviviendo con otras personas. Se trata de la acogida familiar, las viviendas compartidas y los pisos tutelados. La idea de todas estas posibilidades es que el anciano viva protegido y acompañado, pero sin necesidad de salir de su entorno.

Las viviendas compartidas se basan en la idea de que los ancianos que posean una casa con espacio de sobra la puedan compartir de forma gratuita con personas más jóvenes a cambio de la compañía y, en algunos casos, la prestación de servicios. La Universidad de Granada fue la primera en poner en marcha un proyecto de este tipo con estudiantes como inquilinos y a ella le han seguido otros centros.

Pero si la persona mayor no posee una vivienda o ésta no es lo suficientemente grande, otra alternativa por la que puede optar es la acogida familiar, es decir, su alojamiento con una familia con la que no guarde parentesco. En este caso el anciano paga una parte de su pensión –normalmente el 50 por ciento- a la familia de acogida y el resto hasta el importe máximo fijado como ayuda lo pone el organismo que se encargue de gestionar el programa. La pionera de esta tipo de proyectos ha sido la Diputación Foral de Guipúzcoa, que inició el programa en 1988.

Pero si la persona mayor no quiere ni ver compartida su casa ni compartir la de nadie, un tercer programa al que puede acogerse es el de viviendas tuteladas. Un sistema por el que varias personas mayores, de seis a diez, comparten una vivienda que cuenta con la tutela de su ayuntamiento, su comunidad, el Instituto Nacional de Servicios Sociales (INSERSO) u otros organismos como Cruz Roja y los institutos de servicios sociales de las Comunidades Autónomas.

En estas viviendas los inquilinos cuentan con la ayuda de una persona externa para realizar las tareas propias de la casa. Esta fórmula es más idónea para aquellas personas a las que no les gusta vivir solas, mientras que aquellas más independientes pueden optar por una modalidad de las viviendas tuteladas: los apartamentos individuales.

Este sistema se organiza en torno a edificios estructurados en pequeños apartamentos donde los ancianos viven solos. Cuentan, sin embargo, con zonas comunes, con restaurantes y salas de ocio, donde pueden reunirse con el resto de las personas mayores del edificio.

Romper con las residencias como la única opción de los mayores debe ser el objetivo de los programas de ayuda para las personas mayores. Es importante que éstas tengan un gran abanico de posibilidades entre las que puedan optar, porque sus necesidades son muy diferentes entre sí. Y como dijo el poeta: “ A soledades del alma / no sé si voy a vengo / cuando soledades hallo / y soledades encuentro”.


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