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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LOS SOMNÍFEROS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Malos sueños he.
Me despertaré.”
Antonio Machado

 

Se desliza entre las sábanas. Apaga la luz. Cierra los ojos. Suspira. Intenta conciliar el sueño... Pero esta noche le es imposible conseguirlo. El suplicio comienza. Se gira hacia un lado; después hacia el otro. Abre los ojos en la oscuridad. Mira una y otra vez la hora... Los ruidos de la calle, los malhumores del día anterior, la angustia, las preocupaciones se conjuran para no dejarle dormir. El sueño, se dice, huye del que lo persigue.

Entonces, vencido, se levanta. Se desliza lastimosamente hacia el cuarto de baño. Un trago de agua hace bajar una o dos píldoras “salvadoras”.

A la mañana siguiente, estará un poco alterado, pero la droga le hizo dormir. Por la noche, ya se tomará la delantera... y se tragará antes de acostarse una o dos pequeñas píldoras rosas o azules. Se habrá iniciado de esta manera el engranaje...

Según los datos de consumo de somníferos: seis millones de envases ayudan cada año a conciliar el sueño al 30 por ciento de los españoles que padece insomnio. Lo que constata que si “la salud no tiene precio”, el sueño cuesta verdaderamente caro.

Pero además de su coste los somníferos nos tienden una serie de trampas. Todas estas sustancias, barbitúricos, benzodiazepinas, etc., son depresores del sistema nervioso central, y dada su disponibilidad, son los fármacos elegidos más frecuentemente para los intentos de suicidio.

Los depresores del sistema nervioso central, son las sustancias que ocupan el primer lugar mundial de prescripciones, tanto en preparados farmacéuticos de principios activos aislados, como en asociaciones. Dentro de ellos, las benzodiazepinas son las que se prescriben con mayor frecuencia, pues proporcionan un margen de seguridad más elevado dado que tienen menor capacidad adictiva que el resto.

En el caso de barbitúricos, la tolerancia a algunos de sus efectos se desarrolla rápidamente, de tal modo que se hace preciso la utilización de dosis crecientes del fármaco para mantener los efectos deseados. El desarrollo de la tolerancia a la benzodiazepinas es más lento.

Existe suficiente evidencia de que los consumidores crónicos de estos depresores del sistema nervioso central desarrollan tanto dependencia física como psíquica.

Las manifestaciones clínicas del síndrome de abstinencia tienen un tiempo de aparición que depende de cada droga en particular. La gravedad de los síntomas dependen de la susceptibilidad individual y del patrón de uso

La sintomatología es muy similar a la del síndrome de abstinencia alcohólica. El cuadro se instaura de forma paulatina con debilidad, inquietud, ansiedad, anorexia, náuseas, vómitos, sudoración y temblor. En ocasiones se acompaña de taquicardia y calambres abdominales. Pueden aparecer convulsiones aisladas o en forma de estado epiléptico al segundo o tercer día del comienzo de los síntomas. El 50 por ciento aproximadamente de estos pacientes que presentan convulsiones, desarrollan posteriormente un cuadro de delirium similar al delirium tremens.

Todos los graves inconvenientes de los somníferos muestran que estos medicamentos son algo así como el escorpión... ¡Es en la cola donde tienen el veneno!

En realidad todo insomnio se debe a una causa (o a un conjunto de causas) , y la crítica más seria que se puede formular de la utilización crónica de los medicamentos del sueño es, precisamente, no corregir esta causa (o este conjunto de causas). En otros términos, la ecuación insomnio = somníferos no es más que una almohada de pereza intelectual. Y es que, como dijo el poeta. “No lo quiero creer / pero empiezo a creerlo / cuando siento que estoy / muriéndome de sueño”.


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