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TIRSO DE MOLINA: LA VOZ DEL GENIAL INVENTOR DE DON JUAN

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“¡Estrellas que me alumbráis
dadme en este engaño muerte,
si el galardón en la muerte
tan largo me lo fiáis.”
Tirso de Molina

 

¡Terrible estrella, tremendas estrellas, las de Don Juan! Por algo, en su primera aparición en los escenarios del mundo, al hacerlo de modo barroco, su inventor o descubridor el fraile Tirso, le hizo decir aquello: “¡Estrellas que me alumbráis...!”

Pocas veces la crítica ha coincidido tanto en lo favorable como en lo adverso como al enjuiciar, desde hace más de un siglo, el teatro de Tirso de Molina, a quien se considera con razón entre los autores del repertorio teatral seiscentista, como el más cercano y parecido a su creador; Lope de Vega.

Muy poco es l o que sabemos aún de cierto de la vida de Fray Gabriel Téllez, el gran inventor de Don Juan . El enigma biográfico de Tirso de Molina, del que tanto se ha hablado, subsiste.

Nacido en Madrid, sin que se haya podido precisar la fecha exacta, que parece girar en torno a 1584, Tirso fue hijo bastardo de Téllez Girón, hijo a su vez del duque de Osuna. Ingresó como novicio en la Orden de la Merced, en el convento de Guadalajara, el 14 de noviembre de 1600, profesando dos meses después. Prosiguiendo sus estudios en Toledo, donde inicia su actividad dramática, y concluirlos quizá en Salamanca; residió cierto tiempo en Galicia y Portugal. Tras un posible destierro en Aragón, en el monasterio de Estercuel, se embarca en Sevilla, en enero de 1616 para la isla de Santo Domingo, donde permanecerá hasta 1618.

Concurre a las justas literarias que tuvieron lugar en Madrid con motivo de la canonización de San Isidro (1622). En 1625 la Junta de Reformación vituperará su teatro como inmoral.

Tras la decisión de la Junta y después de un viaje a Sevilla, vuelve Tirso a Madrid en la primavera de 1626, siendo nombrado comendador del convento de Trujillo, al frente del cual permanecerá hasta 1629. Poco después se vio Tirso de nuevo confinado, esta vez en el convento de Cuenca. En 1645 es elegido comendador del convento de Soria, y, en 1646, definidor provincial de Sevilla. Retirado por último al convento de Almanza, Tirso de Molina morirá, el 24 de febrero de 1648.

A Tirso de Molina , “primer poeta trágico de España” se debe sin duda la más avanzada gama de perfiles psicológicos del teatro del Siglo de Oro. Las más sutiles e intensas pasiones del alma humana, se ven encarnadas en una serie de personajes inolvidables: El vergonzoso en palacio, La prudencia en la mujer, Santa Juana, Marta la piadosa, El condenado por desconfiado y El burlador de Sevilla.

En El burlador de Sevilla y convidado de piedra, Tirso crea un tipo de larga tradición literaria: Don Juan, mito de la agresividad sexual masculina, según Zorrilla moldeó en su creación más famosa. Don Juan personifica audacia y rebeldía, el enfrentamiento de un individuo a toda suerte de valores sociales o morales, hasta el punto que la justicia eterna tiene que recurrir al castigo de forma inexorable. Don Juan no es, pese a todo, una mera encarnación del mal, sino antes bien, una fuerza natural, ciega, soberbia, que encarna una soberbia también de clase.

Irónico y refinado. Tirso es también el poeta artificioso de la comedia de enredo y en la que el eterno femenino campea absoluto aunque no desprovisto de ambigüedades múltiples en su gusto por el género “travesti”. Vistiendo de hombre a la mujer se trataba, y lograba la más de las veces, desenmascararla, casi diríamos que desnudarla, por la apariencia escénica, de su más púdica intimidad y secreto. La doña Juana de Don Gil de las calzas verdes o la misma Santa Juana , no temen enmascararse engañosamente vistiendo calzas verdes.

Tirso de Molina se nos aparece como uno de los más españoles y al mismo tiempo de los más universales poetas –y ello no sólo por haber dado forma definitiva al mito de Don Juan- de nuestro teatro.

Lope dijo de Tirso: “Fénix en ti resucita” y en el Laurel de Apolo le colocó al lado de Terencio. Menéndez y Pelayo dice que El condenado por desconfiado, de Tirso, es el primero de los dramas de nuestro teatro, y que después de Shakespeare no ha habido otro creador de caracteres que haya demostrado poseer la fuerza y la energía de Tirso de Molina.

No olvidemos que el genial inventor de Don Juan, lo fue también de Santa Juana. Para lo primero le bastó un señaladísimo botarate sevillano. Para lo segundo , una insignificante beatilla madrileña, que nunca se canonizó. Porque en lo que el fraile Téllez aventaja tal vez a todos los comediógrafos de su tiempo –incluido Lope- es en el buen humor.

 


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