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CIRILO VILLAVERDE: LA VOZ DEL MEJOR NOVELISTA CUBANO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

 

“Que nada de lo que aquí se traza a grandes rasgos
estaba prohibido o no más que tolerado por las autoridades constituidas,
se desprende claramente del hecho de que los garitos en Cuba
pagaban una contribución al gobierno para supuestos objetos de caridad.”
Cirilo Villaverde. Cecilia Valdés


La novela costumbrista, que se adelanta en Cuba a las producciones del mismo género en España, tiene un alto representante en Cirilo Villaverde. Reparte este su actividad entre la política -fue uno de los que más se distinguieron en la lucha por la independencia cubana-, la enseñanza y las letras. Su producción novelística es abundante. Hacia 1837 inserta en Miscelánea de útil y agradable recreo cuatro novelas cortas: La peña blanca, El ave muerta, La cueva de Taganana y El perjurio.

 

Un año más tarde (1836) publicó El espetón de oro, espeluznante relato de la venganza de un marido que, en la misma noche de bodas, torturado por los celos, asesina a su esposa valiéndose de un largo alfiler de oro (de ahí el título); y Engañar con la verdad. Siguen Excursión a Vuelta de Abajo, La cruz negra, Teresa, El penitente, La peineta calada, El guajiro, El ciego y el perro, La joven de la flecha de oro, El misionero de Caroní, Dos amores y Cecilia Valdés.

 

A todas ella gana en interés y belleza Cecilia Valdés. Está considerada como la mejor novela cubana y una de las obras maestras de la literatura de aquel país. “Nunca creí que un cubano pudiera escribir cosa tan buena”, dijo después de leerla nuestro Pérez Galdós. Fue publicada, con el título de Cecilia Valdés o La Loma del Angel en dos partes y épocas: la primera, en La Habana, el año 1839; la segunda, en Nueva York, 1882. El subtítulo de La Loma del Angel responde al barrio de este nombre en la capital cubana, principal escenario de la acción.

 

Cirilo Villaverde nace en Diego de Nuñez (Pinar del Río) el 28 de octubre de 1812. Hijo de un médico que tenía otros nueve retoños, estudia las primeras letras con el sacristán del pueblo. A los once años pasa a La Habana, al cuidado de una hermana de su padre. Estudia latín con el abuelo materno y filosofía, en el Seminario de San Carlos. Graduado en Leyes, empieza a ejercer en varios bufetes; pero pronto toma aversión a las tareas jurídicas. Actúa de profesor en varios centros: redacta libros de texto. Amigo de Narciso López conspira, por lo que es encarcelado y condenado a muerte. En abril de 1849 logra evadirse y pasa a Nueva York. En los Estados Unidos simultanea la docencia y el periodismo con una activísima propaganda revolucionaria. Es indultado en 1858 y regresa a Cuba, donde edita en unión de Calcagno, la revista La Habana, nuevo exilio voluntario a Norteamérica. Cirilo Villaverde muere en Nueva York el 20 de octubre de 1894. Con Narciso López fue Villaverde quien ideó la bandera que había de ser, andando el tiempo, la enseña nacional cubana.

 

Asistimos en Cecilia Valdés a un notable caso de técnica realista, llevada a cabo en unas fechas en que, si se exceptúa a Balzac -tan recargado por otra parte de los elementos románticos-, nada se escribía que mereciese en justicia figurar bajo la etiqueta estética del realismo, como no fuesen esos bocetos costumbristas en los que se atendía más a la nota satírica que  a la transcripción fiel y objetiva de la vida. Claro es que para ello Villaverde hubo de renegar hasta cierto punto de su primitivo credo estético, que bajo la influencia de Ramón de Palma se había iniciado dentro del más delirante romanticismo.

 



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