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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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ANTONIO GIL Y ZARATE: LA VOZ DEL CULTIVADOR DE LA TRAGEDIA ECLÉCTICA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“El campo de la filosofía será siempre , en efecto,
el palenque donde se den siempre los más terribles
combates entre los partidarios de la civilización
y del retroceso.”
Antonio Gil y Zárate

 

“Así el teatro tiene que lanzarse por nuevas vías; y si no quiere decaer y verse del todo abandonado, tiene que modificarse con arreglo a las circunstancias”, decía Antonio Gil y Zárate en su Manual de Literatura. Sus ideas básicas no discrepan de las que sostenían los más destacados dramaturgos del momento, después que la polémica entre románticos y clasicistas había remitido.

Hijo de actores, Antonio Gil y Zárate nace en El Escorial el 1 de diciembre de 1793. El muchacho fue enviado a Francia y estudió Ciencias en Passy, cerca de París, hasta que en 1811 regresó a España. Pensaba prepararse para una cátedra de Física, pero el cierre de las universidades durante la primera etapa absolutista de Fernando VII cortó sus planes. Con el poeta y periodista gaditano José Joaquín de Mora organizó la “Academia de Literatura” , a la que concurrían varios escritores y hombres de ciencia; la Academia fue disuelta por la policía, pero varios de sus miembros consiguieron fundar la Crónica Científica y Literaria, cuyo primer número apareció el 1 de abril de 1817 y de la cual fue pronto Mora su redactor. La actuación de Gil y Zárate en las milicias –de las cuales llegó a ser subteniente –cuando la entrada de los Cien Mil de Hijos de San Luis, le acarreó persecuciones durante el nuevo absolutismo y no pudo regresar a Madrid hasta 1826. Andando el tiempo, Gil y Zárate alcanzó puestos de relativa importancia en la política. Director de Enseñanza y Obras Públicas, Subsecretario del Interior y Consejero de la Corona. Durante largo tiempo fue blanco predilecto de un famoso censor, el padre Carrillo, que impidió el estreno de varias de sus obras. Antonio Gil y Zárate murió en Madrid el 27 de enero de 1861.

Gil y Zárate, educado en el neoclasicismo, comenzó escribiendo comedias de costumbres a la manera moratiniana; el mismo año de su regreso a Madrid estrenó Cuidado con las novios y Un año después de la boda. El dramaturgo que había conseguido estrenar algunas tragedias traducidas, quiso estrenar una original y escribió Rodrigo, último rey de los godos que fue aceptada por el censor político; pero el padre Carrillo se opuso a su estreno. Gil y Zárate probó de nuevo en 1829 con Blanca de Borbón ; pero la rechazó esta vez el censor político.

En 1835, cuando el romanticismo había hecho ya largo camino, Gil y Zárate aprovechando la mayor libertad política existente tras la muerte del rey, se decidió llevar a escena Blanca de Borbón. Dos años más tarde estrenó el drama ultrarromántico, Carlos II el Hechizado, una tremenda pintura de la decadencia española durante el reinado del último Austria. Su presentación originó escándalos nunca igualados en la historia de nuestro teatro. Ferrer del Río encarece el mérito de la obra que considera “un cuadro exacto de la decadencia de España al final del siglo XVII” y elogia el diálogo y la versificación.

Tras su incursión romántica, Gil y Zárate siguió escribiendo obras de un neoclasicismo atenuado o combinando elementos clásicos y románticos. Compuso comedias de costumbres como Don Trifón o Todo por el dinero (1841); dramas de amor y celos, como Rosamunda y Matilde o a un tiempo dama y esposa ; dramas históricos como Don Alvaro de Luna (1840) y Un monarca y su privado. Pero su obra más importante bajo todos los conceptos es Guzmán el Bueno (1838).

Gil y Zárate fue un perfecto cultivador de la tragedia ecléctica: tomó lo que estimó mejor de cualquier escuela. Perteneció a los románticos por reclamar libertad para los temas y lo metros y a los clásicos por su innato amor al orden, su preocupación por la forma y su inclinación a crear tipos más que individuos.

 


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