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MARIA DE ZAYAS Y SOTOMAYOR: LA VOZ DE LA PRIMERA FEMINISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

 

“... en cuanto a la crueldad con las desdichadas mujeres
no hay que fiar en hermanos ni maridos, que todos son hombres.”
María de Zayas y Sotomayor



Las polémicas en torno al problema del sexo femenino se remontan a tiempos muy antiguos, pero son siempre los hombres los que defienden a la mujer -y también los que la vituperan- incluso en épocas en que dichas polémicas tienen gran actualidad, incluso como ocurre en España en la Edad Media. En los siglos XVI y XVII sigue resonando el tema aunque con menos vigencia. No obstante, por entonces empieza a darse un hecho de singular relieve y es que ya hay alguna mujer que, de manera tímida y disimulada, osa salir en defensa de su sexo. Tal es el caso de María de Zayas y Sotomayor.

 

Realmente se sabe muy poco de esta insigne escritora. María de Zayas y Sotomayor que nació el 12 de septiembre de 1590 en Madrid. Hija de un noble al servicio del virrey de Nápoles, escribió poesía y la comedia titulada La traición de la amistad pero su obra principal, Novelas ejemplares y amorosas (1637), es narrativa y muy cercana a la estructura del Decamerón, de Boccaccio: una reunión en la que galanes y damas narran sucesos para entretener a la enferma Lisis; su continuación aparece en Parte segunda del sarao y entretenimientos honestos (Desengaños amorosos) (1647). donde se muestra una clara mediación del punto de vista, dependiendo del sexo del narrador. Su obra presenta un mundo de crueldad, lascivia, traición, odio, guerra y, sobre todo, desengaño, siendo el tema central de su obra el conflicto entre hombres y mujeres. Que la obra tuvo un gran éxito desde el principio lo atestigua -además de las palabras de María de Zayas cuando comenta, en la edición de 1638, que “si unos las desestimaron, cientos las aplaudieron y todos las buscaron y las buscan, y han gozado de tres impresiones, dos naturales y una hurtada”- el hecho de que recibiera el título de Decamerón español. Que su mismo éxito suscitó críticas también lo demuestran otras palabras de la autora cuando al final de su obra de sus Novelas, dice: “... se fueron todos a sus casas, llevando unos qué admirar, todos qué contar y muchos qué murmurar del sarao, que hay en la corte gran número de sabandijas legas que su mayor gusto es decir mal de las obras ajenas, y es lo mejor que nos las saben entender”.

 

María de Zayas residió algunos años en Valladolid, primero y luego en Zaragoza y Nápoles, y quizá en Barcelona. Pero no se conoce la fecha exacta de su muerte. Tampoco sabemos si fue soltera o casada. Por lo tanto, desconocemos qué circunstancias concurrieron para que se mostrase tan preocupada en sus obras por la situación de la mujer de su tiempo.

 

María de Zayas, con estilo y fuerza de verdadera escritora, de verdadera novelista, no se asustó ni del realismo de algunos de sus asuntos ni de la crudeza necesaria para escribirlos, además de que su propensión a la tragedia y a la ironía, a lo fantástico y a lo psicológico -que de todo hay en esta gran escritora-, la ayudaron a crear una serie de novelas que está muy lejos, diría yo, de la literatura ñoña y lánguida que ya empezaba a cultivarse. María de Zayas guardaba aun en la punta de la pluma la sal y la fuerza que dieron a Lope, a Quevedo, a Cervantes, al anónimo autor del Lazarillo y a tantos otros, el genio inimitable de sus obras.

 

Las novelas de la segunda parte llevan el título de Desengaños amorosos, “dirigidos para los que engañan (los hombres) y para las que se dejan engañar”. No creamos por esto que en las Novelas de María de Zayas las protagonistas femeninas son siempre, ni mucho menos, víctimas inocentes, o simplemente víctimas, de los hombres. Burlándose, y quizá con cierto deseo de la venganza -El castigo de la miseria, El prevenido engaño-, olvida un poco el propósito “ejemplar” y moralizador que pudiera deber hacerse primar sobre todo lo demás para hacerse satírica, crítica implacable de los vicios y prejuicios de los hombres.

 

Que María de Zayas estaba preocupada con el problema de los derechos de la mujer y su posición en la sociedad de su tiempo, lo demuestra bien la insistencia con que una y otra vez pone en boca de sus personajes femeninos amargos párrafos de denuncia de la situación en que se encontraban, o panegíricos en defensa de su dignidad, reflexiones sobre la situación social de su sexo, rebelándose a veces contra el concepto de la mujer objeto de placer.

 

Adentrándonos en un análisis somero de la obra, podemos señalar la existencia en ésta de varios factores dignos de admiración: romanticismo anticipado, fantasía, penetración psicológica, escepticismo que a veces se tiñe de cinismo suave, un poco melancólico, al que el humor y la sátira “quitan hierro”.

 

Emilia Pardo Bazán nos dijo que lo que distingue las Novelas de María de Zayas entre las de los demás autores picarescos también clásicos es que la ilustre dama pinta las costumbres de una esfera social que podemos llamar aristocrática. “Con doña María -escribía la Pardo Bazán- salimos de las almadrabas, tabernas y academias de Monipodio y entramos en los salones y retretes de la pulida dama, en la dorada cuadra de palacio”.

 

Que era bien considerada como escritora lo demuestra no sólo la publicación de poemas suyos preludiando obras de muchos escritores de la época, sino también los elogios que éstos la dirigen, entre los cuales cabe destacar la silva VIII que Lope de Vega le dedica en su Laurel de Apolo: “.. tejed ricas guirnaldas y trofeos / a la inmortal doña María de Zayas”.



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