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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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El ANDALUCISMO UNIVERSAL


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es


““Este es el pueblo andaluz
serio, puro y desgarrado,
en las tierras de la luz.”
Rafael Alberti

 


Entre otras muchas definiciones ingeniosas de las diferencias que caracterizan y separan a un optimista de un pesimista destaca aquella que ante una botella, cuyo contenido no pasa de la mitad, el optimista afirma que es una botella medio llena y es pesimista que lo es medio vacía. A medias de todo nos parece que nos estamos quedando en Andalucía: de todo o de casi todo.

 

Quien no sea andaluz es difícil que comprenda como la derrota ha pesado durante siglos en nuestra realidad nacional, cohibiéndola y siendo el motivo de sangrantes quejas.  Hasta el propio arte andaluz ha sido una sangrante queja.

 

Nos hemos acostumbrado a considerar como nuestro el genio torcido, el gesto del fracaso, la voz lúgubre de la protesta. Mas debe de haber una voz andaluza de la fe clara, del triunfo, del futuro. Una voz andaluza más allá de las otras.

 

La trascendencia estética universal de Andalucía que se ha afirmado igualmente por la poesía de Juan Ramón Jiménez, de Antonio Machado, de Federico García Lorca y de Rafael Albrti, la música de Falla y la pintura de Picasso, ha tenido sobre el resto de la actividad artística española  última, una influencia radical y decisiva. Este “andalucismo universal”  ha influido tanto en poetas, músicos o pintores nuevos, andaluces o no, que es fácil reconocer su huella en cualquier caso, y de todos es muy reconocida la obra  de los artistas andaluces  referidos como la herencia más positiva, quizás, del pasado artístico español más reciente.

 

Sin embargo, la impresión fina se cierra en nuestro canto. Y el andaluz se extasía luego en el tormento, o se pierde, tal vez en suspiros larguísimos. Pero esta violencia de después no es quizás  lo más andaluz, sino el aliento primero que se trunca, que es también esa pureza, ese ardor contenido que en los rostros de los jornaleros andaluces hemos visto tantas veces.

 

Pero en siglos de fracaso y lamentación, de olvido y picardía, nos hemos habituado ya  a considerarnos a nosotros mismos como perdidos aquí en la tierra, difíciles e imposibles El cante “jondo” nace con un esfuerzo tembloroso, como una altísima promesa de algo que va alcanzarse y se corta luego, y surge el ¡olé!, la voz de abajo, de aquí, el recuerdo de la tierra, que pone un manto de realismo y de humor de comentario, sobre la divina palabra sin nombre; pone ironía y distancia para apagar el éxtasis. Y lo andaluz así aparece siempre a medias, partido en dos: el deseo y su sombra, lo real y lo ideal, la mística y la picaresca, los latifundios y los jornaleros sin tierra, dulzura y violencia, indiferencia y pasión, alegría y tristeza. Pero sospechamos que esta dualidad clásica es sólo accidental y pide una síntesis que habrá de encontrarse un día, una fórmula humana, natural y mágica.

 

No hemos encontrado aún el camino de esa gloria natural que será nuestro hallazgo, pero si sabemos del tormento de la busca.

 

Toda la Andalucía pintoresca y compleja de estos dos últimos siglos debe dejar paso a la Andalucía del siglo XXI que quiere amanecer, que presiento muy cerca. Una Andalucía que pienso y sueño todavía viviéndola  como algo que merece ser superado.  Y como dijo el poeta: “Yo no culpo a Andalucía, / sé muy bien que a su esperanza / le pasó lo que a la mía”.

 

 

 


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