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  Guías culturales

LA COMUNICACIÓN ES FUNDAMENTAL EN LA VEJEZ


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“No maduraron los frutos
que tuvieron mal tempero;
aún están verdes por fuera
y ya se pudren por dentro.”
José Bergamín

 

 

Los cambios demográficos que sufren las poblaciones y el elevado promedio de vida en la época actual son, posiblemente, las causas de la relevancia que están adquiriendo las personas de edad avanzada y sus circunstancias.

La medicina geriátrica se ha convertido en breve espacio de tiempo en una especialidad en sí misma, hasta tal punto que en la mayor parte de los países de la Unión Europea las necesidades de los viejos predominan sobre el resto de las necesidades del sistema de cuidados sanitarios.

En nuestro país se hace menester crear un infraestructura geriátrica y deben formarse suficientes profesionales que cubran las necesidades.

La geriatría debe ocuparse del cuidado de las personas que debido a su avanzada edad presentan una serie de problemas físicos, mentales y sociales íntimamente relacionados entre sí. Entender esta interdependencia obliga a las personas próximas al anciano a desarrollar una habilidad especial para que su vida sea más agradable. Del mismo modo, los profesionales encargados del cuidado de los viejos deben compartir esa habilidad, comenzando por no definir de modo arbitrario al enfermo geriátrico y al que no lo es y conocer las características que le definen.

Las personas que tienen cerca a un anciano tienen que ser conscientes de forma preferente pero nunca exclusiva de la realidad que les rodea, adquiriendo conocimientos que son de aplicación en prácticamente todas las facetas de la vida de la persona mayor.

La salud del anciano hay que evaluarla del modo más “rutinario” y cotidiano posible. No es preciso poseer grandes conocimientos médicos, pues sin duda la base de esta evaluación se encuentra en primer lugar en disponer de una gran capacidad de comprensión y paciencia, puesto que el principal problema en la relación con los viejos es la dificultad de establecer cauces de comunicación estables y fluidos. A continuación vendrá el conocimiento de los problemas físicos, mentales, sociales y funcionales, para la cual habrá que romper las limitaciones propias de la edad (sordera, dificultad para hablar, fatiga o debilidad general, etc.) y recurrir cuando sea necesario a las personas de los que depende el anciano para disponer de toda la información posible, aunque es muy importante, no restarle protagonismo.

Preguntar al anciano sobre sus condiciones de vida es una buena forma de conocerle mejor. Las circunstancias económicas, sociales y funcionales son importantes para establecer las pautas de ayuda necesarias.

Si tenemos en cuenta la compleja y sutil forma que tienen de manifestarse y modificarse las alteraciones en las personas de edad avanzada, todas las personas que de modo profesional o personal tengan relación con ellas han de desarrollar y ejercer un “juicio especial” para situarse lo más próximo posible a su realidad y de este modo entenderles que es lo prioritario en estos casos. Y como dijo el poeta: “Si os encontráis algún día / dentro de la soledad, / no pidáis consuelo al mundo, / porque él no os lo puede dar”.



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