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  Guías culturales

DON JUAN COMO MITO NO HA MUERTO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.”
José Zorrilla. Don Juan Tenorio

 

Es sabido que el día 1 de noviembre de todos los años se repone en los teatros de España el drama de Don Juan Tenorio. El mes de noviembre es el mes de los muertos; el día primero todas las familias españolas acuden al cementerio de su ciudad para visitar las tumbas de familiares y amigos: depositan allí sus flores y sus oraciones, en ofrenda ritual al tributo que los muertos merecen. Coincidiendo con esa fecha, la representación de Don Juan Tenorio, tiene pues, un carácter ejemplar para la España católica de todos los tiempos; realiza la función de una “meditatio mortis” popular, que recae sobre la vanidad de la gloria humana, lo efímero de los placeres carnales, lo inconsistente de la fama de don Juan, conquistador infatigable e irresistible de mujeres. No es, por tanto, anacrónico que nosotros retomemos el tema, este tema inagotable de don Juan y meditemos a nuestro modo sobre él en esta hora crítica de su existencia.

Hemos de recordar, aunque la cosa sea archisabida de todos, la enorme literatura que su figura ha hecho brotar. Don Juan es, entre los tres o cuatro personajes literarios más famosos del mundo, uno de los que más escritos ha inspirado, más discusiones ha levantado, más juicios contradictorios o ideas opuestas ha sugerido. Y todo ello no por pura casualidad, sino por íntima necesidad de su ser. Don Juan es, de todos los protagonistas literarios, el más confuso, el más complicado, el más lleno de sutiles recovecos o de matices paradójicos.

Un tema muy discutido es el de la actualidad o falta de actualidad de la figura de don Juan.

Creemos que en los momentos actuales el tipo biológico o psicológico de don Juan abunda con una gran frecuencia, pero desposeído de las circunstancias que le hacían un personaje interesante. En un mundo de rejas y conventos, donde la pureza de la mujer está guardada por el honor del hombre y la espada del marido, don Juan tiene cierta grandeza. Pero en un mundo donde las relaciones sexuales son fáciles y el encuentro entre hombres y mujeres se ve propiciado por el ambiente social, los instrumentos técnicos y la nueva moral de nuestra época, don Juan ha perdido todos sus timbres de gloria. Hoy en día la seducción de una mujer ha perdido sus caracteres misteriosos y aventureros. Ya no son necesarias las viejas artimañas de Ciutti y la Celestina: una llamada por teléfono y un automóvil a la puerta de nuestra dama son suficientes. “Si -como dice Marañón- el Comendador se hace el distraído cuando atropellan a su hija; si el marido hidalgo retrasa intencionadamente su retorno al hogar ante la sospecha de que a la cónyuge puede serle su presencia particularmente enojosa... ¿qué tiene que hacer entre nosotros don Juan?”. Efectivamente, su figura ha perdido grandeza y carácter. Se ha convertido simplemente en un frívolo que no quiere comprometerse con los lazos de una relación responsable y duradera.

Por el contrario, don Juan como mito no ha muerto y su expresión sigue conservando el valor simbólico de siempre. Es -como todos los mitos- la encarnación de un figura que ha resuelto todas las contradicciones de la existencia: es cínico y enamorado, pecador y arrepentido, libertino y caballeresco, impío y creyente. Su figura no ha muerto ni morirá porque es la expresión del eterno anhelo humano de resolver de golpe y en una sola vez las paradojas del amor.

Aquí está su fuerza y aquí está su grandeza y por eso sigue representándose todos los noviembres en los teatros de España. Su rostro está presente, su figura permanece. Y como dijo don Juan: “¡Cielos! ¿Qué es lo que escuché? / ¡Hasta los muertos así / dejan sus tumbas por mí!”.




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