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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

JUGAR PELIGROSAMENTE


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Campito mío en la mar
ya no te podré comprar,
que me quedé sin dinero.”
Rafael Alberti

 

La adicción al juego produce casi tantos problemas familiares y sociales al individuo como los que ocasionan las drogas, e incluso llega a producir en algunos casos un síndrome de abstinencia. Ante el incesante incremento del número de jugadores patológicos, además de las terapias tradicionales ya experimentadas se ha puesto en práctica un tratamiento cuyo fin es modificar la conducta del jugador mediante su propio autocontrol.

Existen dos clases de jugadores bien diferenciados, el aficionado y el adicto. Este último es un enfermo que no es capaz de huir por sus propios medios. El problema para estas personas, radica en aceptar que son realmente adictos al juego.

El adicto al juego sufre por su dependencia y eso hace que no sienta ningún placer mientras juega. Convierte el juego en el centro de atención de su vida y siente un impulso hacia el juego que es incapaz de controlar. Se sabe dominado por él y esto en la mayoría de los casos le conduce a una profunda depresión y a una continua sensación de angustia.

Este tipo de dependencia no conoce preferencias por ningún tipo de profesión, sexo o edad. Cualquiera puede caer en sus redes, pero generalmente, se trata de personas con un nivel de inteligencia elevado.

Se estima que cerca del 40 por ciento de estas personas adictas al juego sufre un síndrome de abstinencia con los mismos síntomas que puede experimentar un toxicómano. La razón de este fenómeno, preocupa a los estudiosos de este tema, ya que demuestra la sensibilidad del sistema nervioso ante un estímulo psicológico de este tipo.

Los juegos considerados como más peligrosos a la hora de crear adicción son aquellos que requieren una participación activa por parte del jugador, los que se resuelven mediante una forma rápida, mediante apuestas, y aquellos que se rodean de un ambiente propicio con música y luces. Los sistemas del tipo de la lotería, quiniela o loto resultan menos peligrosos al demorar el resultado. Está comprobado que las máquinas tragaperras son las que más adictos crean, pues, además de ser las de más fácil acceso, reúnen todos los requisitos de peligrosidad.

Se tiene la certeza de que la afición al juego está compartida por igual número de hombres que de mujeres. Incluso, los bingos, por ejemplo, son frecuentados en mayor medida por el sexo femenino. Sin embargo, las mujeres son mucho más reacias a la hora de acudir a un centro a recibir tratamiento.

Parra paliar los efectos de la falta de autocontrol por parte del jugador existe la posibilidad de una autodenuncia. La Comisión Nacional del Juego del Ministerio del Interior remite periódicamente a los casinos y bingos una relación de personas a las que debe prohibirse la entrada por diversos motivos, entre ellas, la autodenuncia efectuada por el propio jugador. Y es que, por mucho que ellos digan que van a dejar de jugar, les ocurre como el personaje de una copla que se canta por esta vieja tierra del Sur: “Siempre dices que te vas / pero no te vas de veras. / ¡Ojalá una vez te fueras / y no lo dijeras más!”

 


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