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EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

LIBROS SEPARADOS

Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

“Cervantes, cuando escribió el Quijote,
aún no lo había leído.”
Miguel Delibes


En no pocas bibliotecas se procede a separar los libros que, según los registros, no han sido consultados en los últimos cinco, diez o quince años, y se almacenan tales libros en una especie de purgatorio intelectual que lleva todas las trazas de convertirse en un infierno. ¿Quién se tomará la molestia de consultar volúmenes que adrede se colocan en parajes inaccesibles? El que pasea su mirada por los estantes de la porción de la biblioteca declarada “activa” -a diferencia de la etiquetada “pasiva”- no encontrará sino los libros que han sido consultados en los últimos cinco, diez o quince años. Esto quiere decir que, a menos de ser un obstinado ( o un maniático), tenderá a consultar esos volúmenes y no “los otros”. Algunos de tales otros hubieran sido tal vez consultados por el mero hecho de toparse felizmente con ellos, pero ahora ya no se topará con ellos nunca.

La diferencia entre los libros que alberga la biblioteca “activa” y los que duermen los sueños de los injustos en la “pasiva” no es necesariamente una diferencia de calidad. No es imposible, en principio, que los libros que hayan sido consultados y que, por tanto, sigan en “activo”, sean todos excelentes, pero el haber sido consultado no es una garantía de su excelencia. Lo más probable es que entre los libros consultados haya algunos detestables y entre los no consultados varios bastantes meritorios que, por no haber recibido los favores de la consulta durante un tiempo hayan perdido las oportunidades de consultarse en un futuro previsible.

Todo esto sería cosa de poca monta y asunto, a la postre, meramente académico si no fuese que, por ocurrir donde ocurre, y donde menos cabría esperar que pudiese (o debiese) ocurrir, nos llama la atención sobre un fenómeno endémico, pero que en la época actual parece epidémico: “el vicentismo”.

Sumariamente definido, el vicentismo consiste en que cada uno siga a los “demás”, en que cada uno opine, lea, sienta y haga lo mismo que opinan, leen, sienten y hacen los otros. El vicentismo, en suma, consiste en hacer lo que hace el proverbial Vicente, esto es, ir donde va la gente. Vicente es gregario: carece de ideas e iniciativas propias. No parece tener más remedio que ir con los demás, de los que, por supuesto, no se distingue, siendo todos ellos igualmente Vicentes.

No siempre que se opina, lee, siente o hace como los demás se practica vicentismo. Sería, en efecto, absurdo que “vicenteamos” por el mero hecho de ir donde va la gente. Si la gente va a algún lugar interesante ¿por qué no seguirla? Las actitudes anticonformistas que se adoptan sólo porque son anticonformistas, acaban por ser tan conformistas como las más, sólo que de signo inverso: lo más parecido al vicentismos es el puro y escueto antivicentismo.

Es preciso señalar que hay muchas clases de vicentismos, desde los “vicentismos convencionales” –como las novedades y las modas- a los “vicentismos impuestos” como las diversas especies de “tiranías” culturales, intelectuales, sociales, políticas, etc. Convendría asimismo preguntarse si no hay gentes que son genuinos Vicentes, a saber, gentes cuya autenticidad consistiría en ser Vicentes. Sospecho que no porque entonces dejarían de ser Vicentes. Pero ¿cómo podrían dejar de serlo sin dejaran de ir adonde va la gente? o ¿cómo podrían dejar de serlo sin dejaran de leer lo que lee la gente? Y es que, como dijo el poeta: “El ir y venir de Vicente / trae y lleva , lleva y traes, a la gente / porque todo lo tiene presente: / Vicente está en todo y todo está en Vicente”.

 


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