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POETAS ANDALUCES


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Si a mí me dan a elegir,
yo nazco bajo un olivo,
orilla al Guadalquivir.”
Juan Rejano

 

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?, podríamos preguntarnos, al hilo del conocidísimo verso de nuestro Rafael Alberti y ante la proximidad de la cita del 18 de febrero. Los poetas andaluces cantan como siempre cantaron; esto es, con gracia, con pasión, a veces con dolor, siempre con una personalidad poética que los distingue del resto de los poetas españoles.

 

No olvidemos que, en el aspecto exclusivamente poético, al menos un siglo antes de que se pueda hablar de poesía “castellana”, ya existe una poesía arábigo-andaluza que va a marcar los destinos de la lírica europea; que el Barroco, movimiento estético que ha definido en gran parte el ser español desde el punto de vista artístico, sienta sus primeras bases en Andalucía y es un andaluz universal, Luis de Góngora, su más destacado representante en el plano poético; que es otro andaluz genial, Gustavo Adolfo Bécquer, otro de los pilares de la poética andaluza, quien va a establecer un tipo de poesía que tiene en la brevedad, en la desnudez aparente y en la sugerencia sus características más definidas.

 

Asimismo, es en Andalucía donde se cimenta el movimiento modernista de tanta trascendencia para la lengua poética de la generación del 98 y para las futuras generaciones de poetas. Finalmente, es un hecho evidente que la poesía española del siglo XX tiene nombre andaluz hasta nuestra última hora, si se tiene en cuenta la influencia que siguen ejerciendo en las nuevas generaciones Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez o los poetas andaluces de la generación del 27: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José María Hinojosa, Fernando Villalón, Vicente Aleixandre, Juan Rejano...

 

Todas las partes de Andalucía tienen en común: su ser y su manera de ser, su realidad nacional, su visión de conjunto, el Sur como categoría estética, la mediterraneidad, que culturalmente por lo menos, aunque también podría decir geográficamente, llega hasta más allá del estrecho, hasta el ancho océano por donde envía esos efluvios de la más pura esencia de Andalucía hacia el Nuevo Mundo.

 

Hay muy pocas regiones del mundo más y mejor cantadas que Andalucía: sus ciudades, sus pueblos, sus paisajes, y esa arteria de su historia y su cultura que es el Guadalquivir. En España no hay ninguna que lo haya sido, y a millones de versos-luz de distancia, tampoco. Porque Andalucía es uno de los lugares privilegiados en lo telúrico y lo cósmico -como Mesopotamia, como el valle del Nilo, como Grecia-, cuyo carisma histórico y estético sería chato materialismo achacar a la existencia de un río navegable y el comercio que comporta.

 

Decididamente, al poeta andaluz se le puede apreciar un ejercicio testimonial solidario, consciente y directo. Y, creo que muy pocas poéticas hispánicas arrojan un sentimiento tan alto de pueblo propio y antiguo, distinto y hermanado, como consciente de una realidad andaluza, de una realidad nacional,  de la que saca su propia vida de grito.

 

De entre las poéticas españolas, tal vez sea la andaluza la que ofrezca más armoniosos enamorados de su tierra, a la que cantan y describen maravillados uno tras otro sus poetas. Más, junto a esa poética física, siempre existió otra preocupada, pues hay en el pueblo andaluz cómo un anhelo truncado por un desencanto trágico; y en su espíritu, un vago, impreciso deseo: una ilusión de felicidad apenas confesada; un ansia de eternidad jamás satisfecha. Constante de insatisfacción -lo jondo, la pena- fácilmente visible en su poesía de siempre, y que hoy, más que nunca, aparece concienzada de las realidades que limitan tanto social como culturalmente nuestra comunidad, y un decidido propósito de contribuir a su desarrollo integral. Hay conciencia y conocimiento de una tierra colonizada, oprimida, pobre en su opulencia, con estructuras caducas, pero con personalidad propia hermanada solidariamente con el resto de los pueblos de España. Hay mucho “dolor de Sur”, cualquier poeta se siente y confiesa andaluz dolorido, y es que los poetas como los hombres toman conciencia de la situación socioeconómica de la comunidad andaluza, y del injusto puesto que ocupa en el concierto de las regiones españolas.

 

Es en esta línea en la que es fácil advertir una constante poética, no obstante, el dilatado tiempo y los diversos estilos y modos. Trayectoria, en la que se puede apreciar un desencanto mágico y misterioso, contenido a la vez que desgarrado y elegante -lejano siempre a todo prosaísmo-, en el que tendrían toda su entrada lo hondo y la pena; junto a ello, siempre, una armonía, un sentido sobrio del gusto y la belleza con tintineos sensuales, sin ocultar una íntima satisfacción. En la poesía andaluza hay un fuerte arraigo a la tierra y hay que pararse a distinguir las voces vivas de los ecos inertes.

 

Aquí, en este inmenso Sur, donde la tierra europea acaba cerrándose y abriéndose sobre el mar, los poetas no dejan de dar vida sobre el papel a los sentimientos de nuestro pueblo. Allá, cuando nuestra juventud, era casi niñez, alguien nos dijo, y no lo hemos olvidado “ que a los pueblos sólo los mueven los poetas”.


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