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  Guías culturales

CON PUREZA DE ESTILO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.”
Federico García Lorca.

 

“Una de las maravillas del cante jondo -nos dijo Federico García Lorca-, aparte de la esencial melódica, consiste en los poemas”. Poesía, música y ritmo se conjuntan para expresar acordes del mundo íntimo del cantaor. Lo más verdadero de su ser. Su verdad que salta a los labios. Para cantar como quiere. Para cantar de verdad. Y Belmonte nos dejó dicho:”El toreo al que falta poesía no es toreo”.

“El arte mágico de torear tiene también su música –nos dijo Bergamín- y es lo mejor que tiene”. La emoción del toreo, para el que lo hace como para el que lo ve, nace de esa música callada y de un pensamiento conmovido. “A cada pase que daba, se me saltaban las lágrimas”, dijo famosamente Rafael el Gallo. Y García Lorca cantó la elegancia de Ignacio Sánchez Mejías “con palabras que gimen”.

Decía Ortega y Gasset: “la historia de las corridas de toros revela algunos de los secretos más recónditos de la vida nacional española durante casi tres siglos...” Y tenía razón Ortega. Goya, Picasso, Alberti, García Lorca, Gerardo Diego, José Bergamín, Miguel Hernández, Mariano Benlliure, Sebastián Miranda..., los toros, absorben, reciben y vuelcan una parte importante de la poesía y el arte español.

No hace mucho, se realizó una encuesta en España para recoger opiniones de personas relacionadas con el arte flamenco (Cantaores, tocaores, aficionados, etc.) sobre el papel de Lorca en la expansión y revitalización del cante, y solamente ocho de cincuenta interrogados supieron contestar con precisión, es decir, sólo el dieciséis por ciento de los encuestados conocía la relación Lorca-flamenco. Para los restantes, Lorca era únicamente un gran poeta español. La encuesta no pudo ser más desoladora ya que todos los encuestados, como se ha dicho, estaban, directa o indirectamente, relacionados con el mundo del flamenco.

Nunca se ha subrayado suficientemente la influencia de Federico de García Lorca en el flamenco ni se ha reconocido la trascendencia que tuvo su decisión de celebrar aquel primer concurso del Cante Jondo en Granada, para restituir a la canción andaluza toda su belleza.

Manuel de Falla y Federico García Lorca prestan el inapreciable servicio de buscar para darle nueva luz, el auténtico cante. Junto a ellos, toda una pléyade de artistas y escritores con inquietudes, y en primerísima fila, Manuel Ángeles Ortiz. Federico y Ángeles Ortiz, recorren prácticamente toda Andalucía y especialmente su tierra granadina en busca de aquellos que cantasen con pureza de estilo.

Según Ricardo Molina, lo que el cante flamenco expresa son sentimientos e intuiciones radicales de hombre; de ahí su profundidad u hondura que le valió el epíteto de jondo. En virtud de esa inspiración profundamente humana, el cante flamenco es universal, a la vez que español y andaluz.

Alguien ha dicho que, todos los sentimientos, así como, todas las grandes ideas que constituyen la inspiración están expresados en el flamenco, con una gran sobriedad y extraordinaria maestría que no puede por menos de llamar la atención. No hay nada más profundamente poemático que los tres versos de esta siguiriya: “Si acasito muero mira que te encargo / que con las trenzas de tu pelo negro / me ates las manos”.

En el toreo, como en el baile y en el cante, no hay más que una emoción verdadera y viva, la estética, artística o poética; y que es la única verdaderamente, profundamente, vivamente humana: la emoción del estilo. “Para mí -decía Belmonte- aparte de las cuestiones técnicas, lo más importante en la lidia, sean cuales sean los términos en que ésta se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es también el toreo. Se torea como se es”. Cuando un periodista interroga a Rafael el Gallo sobre cuáles fueron los toros que toreó peor, contesta el Gallo. “Los que tenían mi contraestilo”. Joselito, Belmonte y el Gallo fueron los primeros en enterarse, en darse cuenta o “tomar conciencia” -como se dice ahora- de ese arte, de esa poesía, o creación del toreo.

“Lo que vale en el cante -decía Manuel Torre- el famoso cantaor-, es el gusanillo que se mete dentro”. Esto es verdad del cante, del baile, como de la poesía y del toreo. Y a esas cuatro cosas se les mete dentro ese “gusanillo” que decía Manuel Torre, y al que Federico García Lorca, llamó el “duende”.

El cante flamenco suele impresionar por su espontaneidad, desnudez y simplicidad. Su lenguaje es el de todos los días, que es el lenguaje de la emoción sincera. En el cante flamenco hay un grito para cada dolor, una sonrisa para cada esperanza, una lágrima para cada desengaño, un suspiro para cada recuerdo.

En esta vieja tierra del Sur cuando la guitarra acompaña a la soleá, ella misma parece que se queja y llora. Y como dijo Federico: “Es imposible / callarla. / Llora por cosas lejanas.” Llanto sin lágrimas. Como dice este antiguo cante: “Las fatigas que se cantan / son las fatigas más grandes, / porque se cantan llorando / y las lágrimas no salen.”


 


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