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Festival Escena Contemporánea 2009.

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EXPOELEARNING 2009.

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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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  Guías culturales

EL AMOR VERDADERO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“¿Qué es amor?, me preguntaba
una niña. Contesté:
“Verte una vez y pensar
haberte visto otra vez”.
Antonio Machado


Se emplea el término “amor” para designar actividades -o el defecto de actividades- muy diversas; el amor es interpretado como inclinación, afecto, apetito, pasión, aspiración, etc. Otras veces se le ha considerado una cualidad, o propiedad, o relación. Se habla de muy diversas formas de amor, amor físico o sensual, amor materno, amistad, amor al mundo, amor a Dios... Abundan los intentos de clasificar y ordenar jerárquicamente las diversas clases de amor.

 

Empédocles fue el primer filósofo que utilizó la idea del amor en un sentido cósmico-metafísico; consideraba que el amor y el conflicto o lucha eran principios, respectivamente, de la unión o separación de los elementos que constituyen el Universo. La noción de amor es central en el pensamiento platónico. Sócrates decía que el amor era lo único que él era capaz de entender, la única cosa de la que podía hablar con conocimiento de causa, literalmente. “El amor como la locura -decía Platón-, es un dios poderoso”. El amor es el lujo de la pobreza y la abundancia es un oscilar de la posesión a la no posesión, del tener al no tener. En su aspiración al objeto amado, el acto de amar es fecundo y engendra belleza. En definitiva, el amor a las cosas particulares y a los seres humanos concretos es sólo un reflejo o participación del amor a la belleza absoluta, que es la idea de lo bello, según Platón. Bajo la influencia del amor verdadero y puro, el alma asciende a la contemplación de lo ideal y eterno. Las diversas clases de belleza -o reflejo de lo bello- que se encuentran en el mundo, sirven como escalones hacia la cumbre, que es el conocimiento puro y desinteresado de la esencia de la belleza. Como “revela” Diotima a Sócrates al final del Symposium, el amor es la pura contemplación de la belleza pura y absoluta, la contemplación de la belleza divina, no contaminada por nada impuro y que trasciende todo lo concreto.

 

“Amémonos unos a otros -escribe San Juan- porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios, pero el que no ama no conoce a Dios. Porque Dios es amor ...” Así pues, en su sentido original y auténtico, todo amor se encuentra en el horizonte de Dios.

 

San Agustín considera con frecuencia la caridad como un amor personal, divino o humano. El amor es siempre bueno. El amor del hombre por Dios y de Dios al hombre es siempre bueno, y en este ámbito puede entenderse la famosa frase agustiniana: Dilige et quod vis fac -ama y haz lo que quieras-.

 

 Dios es el fundamento último de todo amor verdadero. Por su amor, Dios impulsa a la criatura para que tienda al Sumo Bien. Con estas palabras -tomistas y a la vez aristótelicas -concluye Dante la Divina Comedia: Amor che muove il Sol e l’altre stelle (el amor que mueve el sol y las estrellas).

 

Jean Paul Sartre examina el amor en su análisis del “ser-para otro”, esto es, en las relaciones concretas de “para sí” con “otro”. Como toda relación concreta, el amor es un conflicto que enfrenta y -a la vez- liga a los seres humanos, estableciendo una relación directa con la libertad del “otro”. Porque cada ser humano existe por la libertad del otro, la libertad queda comprometida en el amor. El amor es la tendencia a “capturar” o esclavizar la conciencia del otro, no para transformarle en un autómata pero sí para apropiarse su libertad como libertad. Ello supone que no se pretende actuar sobre la libertad del otro, sino sólo existir a priori como límite objetivo de libertad. El amor requiere la libertad del amado, es decir, el amante necesita ser libremente amado por el objeto de su amor; pero puesto que a la vez pretende ser amado necesariamente -y no del modo contingente-, en realidad destruye aquella libertad que postulaba. El conflicto que el amor revela es el conflicto de la libertad. Y como dijo el poeta: “No es el amor quien muere, / somos nosotros mismos”.

 


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