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LA VOZ DE RUSIA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Mi camino, en cambio, no es ni recto, ni curvo,
llevo conmigo el infortunio,
voy hacia nunca, hacia ninguna parte,
como un tren sobre el abismo.”
Anna Ajmátova.

La enorme popularidad de Ajmátova le ganó el apelativo de “la voz de Rusia”, pero ello no impidió que Gumíliov, de quien ella se había separado en 1918, fuese acusado de contrarrevolucionario y ejecutado en 1921, que su hijo Lev permaneciera veintiún años en el Gulag y que su tercer marido Nikolái Punin muriese en prisión en 1953; sus libros, considerados “peligrosos”, por el régimen estalinista estuvieron censurados en la U.R.S.S. desde 1921 hasta 1955 aunque durante la segunda guerra mundial logró publicar algunos versos. Su nombre fue excluido dela Unión de escritores soviéticos, hasta que, a finales de la década de los cincuenta, a los pocos años de la muerte de Stalin, pudo recuperar todos sus derechos y vio su obra revitalizada. A pesar de todo ello, poco antes de morir, en un librito autobiográfico que denominó Un poco sobre mí (1965), la gran poeta rusa nos confiesa: “No he dejado nunca de escribir versos”.

Con un discurso preciso y una cuidada estructuración, Ajmátova consiguió traducir a lenguaje poético los aspectos más cotidianos del amor y una personal visión –dramática y valiente- de la realidad sociopolítica rusa.

Anna Ajmátova, seudónimo de la poeta rusa Anna Andréievna Gorenko nació en Bolshoï Fontan, cerca de Odessa, el 23 de junio de 1889 y falleció en Domodevo, cerca de Moscú, el 5 de marzo de 1966. Hija de una familia de origen tártaro, se crió en el actual Pushkin, estudió latín, historia y literatura en Kiev y Leningrado, donde vivió casi toda su vida. Influida por Gavrila Románovich Derzhavin e I.F. Annenski, fundó, junto con Nikolái Gumíliov, su primer marido, la escuela acmeísta, de orientación neoclásica y opuesta a la supuesta vaguedad de la poesía simbolista. Viajó por Italia y Francia. En 1918 contrajo matrimonio con Vladimir Shileiko y en 1922 con Nikolái Punin. En 1965 fue nombrada doctor honoris causa por la Universidad de Oxford.

Ajmátova se inició precozmente en la poesía y publicó su primer libro en 1912, La tarde. Considerada por muchos como la mejor poeta en lengua rusa del siglo XX, su obra suele dividirse en dos períodos: uno subjetivo, intimista y centrado en el tema amoroso, al que pertenecen además de La tarde, Rosario (1914), libro con el que logró la definitiva consagración como poeta, La blanca bandada (1917) y Llantén (1921); y otro cívico-social, inspirado por sus profundas desavenencias con el régimen soviético. Son representativos de este segundo período los poemas recogidos en Anno Domini MCMXXI (1922) y Viento de guerra (poemas escritos entre 1942 y 1944), cuyos versos reflejan las numerosas angustias causadas por la guerra. En Poema sin héroe (1963) intentó hacer conciliar sus preocupaciones existenciales y metafísicas con su necesidad de testimoniar la realidad social y política. Entre sus publicaciones destacan además los poemas recogidos en Versos líricos (1961) y Réquiem (1963), así como diversos ensayos sobre Pushkin y varias traducciones. Y como dijo la poeta rusa: “Esto sucederá un día en Moscú / cuando abandone la ciudad para siempre / y me precipite hacia el puerto deseado / dejando entre ustedes apenas mi sombra”.

 


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