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LA VOZ DE LA "VIRGEN ROJA"


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Los seres humanos están hechos de tal modo
que los que oprimen no sienten nada;
es la persona oprimida la que siente
lo que está ocurriendo. A menos que uno
se haya puesto del lado del oprimido,
para sentir con él, uno no puede entender”.
Simone Weil

 

Los escritos de la filósofa social, ferviente activista política y mística francesa Simone Weil, recopilados después de su muerte, muestran el proceso de su pensamiento místico y revolucionario, que anticipó muchas de las ideas de los años 40 y 50 del siglo XX. Ha sido apodada como la “virgen roja”, por su honestidad intelectual, su ética de la autenticidad, su preocupación social y su amor a la verdad, “hay que amar a la verdad –decía- más que a la vida”. También ha sido denominada la “hereje sublime”, e, igualmente, la podríamos considerar como una santa laica, ya que “nunca he entrado en una sinagoga y nunca he asistido a una ceremonia religiosa judía”. Pero su voz tiene el acento de la verdad, ese timbre inconfundible de la verdad humana. Poco antes de morir, al preguntarle el médico que le atendía, por su profesión contestó: “Soy filósofa y me intereso por la humanidad”. Y toda su vida estuvo dominada por el lema: “Prefiero morir a vivir sin verdad”.

Simone Weill nació en París el 3 de febrero de 1909 y falleció en Ashford, Kent, el 24 de agosto de 1943. De familia hebrea agnóstica, su padre fue un médico famoso y su hermano mayor, André, un matemático brillante. En su adolescencia estudia filosofía y literatura clásica. En 1928 ingresa, con la calificación más alta, seguida por Simone de Beauvoir, en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París, siendo discípula de Le Senne y Alain y graduándose en 1931. Durante el periodo en el que impartió clases en diversos liceos se convirtió en una activista social y desarrolla una importante actividad sindical. Para participar de la condición obrera enseña las primeras letras a los niños pobres. En 1934, interesada por los problemas políticos y sociales, abandonó la enseñanza y se convirtió en operaria de la fábrica Renault, experiencia que sirvió de base a su Diario de una fábrica, póstumamente recogido en el libro La condición obrera (1951), en el que analizó las condición de los trabajadores a la luz del humanismo marxista. Weil escribiría : “Lo que he sufrido allí me ha marcado de forma tan duradera que aún hoy, cuando un ser humano, sea el que fuere y en cualquier circunstancia, me habla sin brutalidad, tengo la impresión y no puedo remediarlo, de que hay un error... Allí he sido marcada, y para siempre, con la impronta de la esclavitud” En 1941, en Marsella, trabajará nuevamente como obrera agrícola. Ferviente activista política, en agosto de 1936 participó en la guerra civil española, como periodista voluntaria en Barcelona e incorporándose después al combate armado en Aragón, como miliciana de la columna Durruti, trabajando como cocinera de campo, pero hubo de ser evacuada del frente a los pocos días al producirse una grave quemadura en la pierna con una sartén llena de aceite hirviendo, teniendo que regresar a Francia. De esta experiencia, guardará un sentimiento de la brutalidad y del sin sentido de la guerra. Mientras escuchaba canto gregoriano en la abadía de Solesmes, durante la pascua de 1938, tuvo una experiencia mística, no obstante, no se unió a ninguna iglesia organizada. Su origen judío le impidió la enseñanza en la Francia ocupada por los alemanes. Un año antes de su muerte abandonó Marsella para viajar a Nueva York, donde le esperaba su familia, pero pronto se trasladó a Inglaterra para unirse a la resistencia de Francia Libre, pero dada su débil condición física solo logró un puesto de administrativo como redactora de informes. En abril de 1943 se le diagnostica tuberculosis. Murió en el hospital, negándose a tomar los alimentos que su estado requería e intentando subsistir con las mismas raciones que tenían sus compatriotas franceses bajo la ocupación nazi.

Entre sus obras destacan: La gravedad y la gracia (1952), A la espera de Dios (1951), El conocimiento sobrenatural (1950), Echar raíces (1949), La fuente griega (1953) y Opresión y libertad (1958). Y como dijo la filosofa francesa: “Amar es reconocer que los demás son otros, y no criaturas de nuestra imaginación”.











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