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  Guías culturales

LA VOZ CON ACENTO NUEVO


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“No corre un soplo de viento.
Todo se llena de pena,
y en el aire de bochorno
su abanico verde y grande
deja caer la palmera.

¡Está llorando Granada,
todo Granada de pena!”
Leopoldo Urrutia.

La poesía de Leopoldo de Luis es tonificante porque su estoicismo la salva de ser negativa: nos ayuda a seguir viviendo seriamente. Poesía grave, sí, que camina hacia la serenidad por la vida del amor y de la esperanza, por el difícil sendero del esfuerzo.

Leopoldo Urrutia de Luis nace en Córdoba el 11 de mayo de 1918 y muere en Madrid el 20 de noviembre de 2005. Su padre era un abogado de inquietudes intelectuales, en Córdoba paseaba con Julio Romero de Torres. Su madre, había sido educada como las señoritas de su época. En 1919 la familia marcha a Valladolid. Leopoldo de Luis ingresa en el Instituto de Valladolid. Estudia el Bachillerato. A causa de una quiebra económica la familia se traslada a Madrid. Estudia Magisterio con la intención de ingresar en la Facultad de Filosofía y Letras.

Estalla la guerra civil, y en octubre se incorpora al ejército de la República. Su amistad con Miguel Hernández data de 1936. Escribe con su verdadero nombre -Leopoldo Urrutia- algunos romances de guerra, entre los que se halla el “Romancero a la muerte de Federico García Lorca”. Terminada la contienda es internado en el campo de concentración (plaza de toros) de Ciudad Real y recluido después en el penal de Ocaña. Se le destina por seis meses al Batallón de Trabajadores en Marruecos y Campo de Gibraltar.

Se incorpora a un trabajo administrativo en Madrid. Comienza a colaborar en la revista Garcilaso y posteriormente en las revistas Espadaña, Cántico, Ínsula, Poesía Española, y Revista de Occidente. Leopoldo de Luis reconoce en su formación influencias de Antonio Machado, Miguel Hernández y Vicente Aleixandre. Entre los numerosos premios recibidos destacamos: Premio Nacional de Literatura en 1979, Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández y el Premio Nacional de las Letras Españolas de 2005. En 2004 es nombrado Hijo Predilecto de Andalucía.

Leopoldo de Luis es un poeta representativo de la poesía española de posguerra. La poesía es, para él, sentimiento y experiencia. Es un poeta del amor doméstico, pero es, además, un poeta social, humanista y, al mismo tiempo, inclinado a la introspección existencial. Su lamentación -cuando existe- es siempre viril y estoica, nunca desesperada. Sus poemas últimos se resuelven en noble serenidad, aunque no signifique nunca ignorancia de lo que pasa en torno suyo.

Alba del hijo (1946) es un libro traspasado de ternura infinita, de sencillez, de belleza. Huésped de un tiempo sombrío (1948) es un libro de temblorosa melancolía. En Elegía en otoño (1952) el poeta extrema su vena romántica. El padre (1954) es una elegía empapada de amor filial. En El extraño (1955) el hombre aparece como espejo de la hermosura cósmica. En Teatro Real (1957) soñamos la vida mientras el tiempo nos destruye: “Y al despertar es cuando comprendemos / que era la realidad lo que soñábamos”. Juego limpio (1961) es otro de los libros capitales de la poesía deluisiana. En La luz a nuestro lado (1964) el poeta proclama su evangelio: “Mientras exista un niño sin pan y sin sonrisa / yo renuncio a la luna”. Con los cinco sentidos (1970) es una visión de la vida a través de estas cinco sensibilidades que posee el hombre. En Entre cañones me miro (1981) el hombre se identifica con su ciudad: es la ciudad, y ésta es él mismo. Reformatorios de adultos (1990) es una obra en que la experiencia existencial alcanza ribetes metafísicos. Realizó, además, un valiosísimo trabajo crítico en Poesía española contemporánea .Antología (1939-1964) y Poesía social (1965), ampliada en la edición de 1969, y es autor, junto con su hijo, Jorge Urrutia, de la edición Obras completas de Miguel Hernández (1979). Entre sus ensayos destaca Antonio Machado, ejemplo y lección (1975) y La poesía aprendida (1975). En 1983 publicó Una muchacha mueve la cortina, y 1989, La sencillez de las fábulas.

La poesía de Leopoldo de Luis es una poesía apegada a las formas tradicionales, pero con un acento inconfundiblemente nuevo. Nuevo y propio. Sus motivos suelen brotar principalmente de la realidad viva del hombre, del hombre español de esta hora, lo cual quiere decir que el poeta está muy atento a lo que acontece en derredor suyo.

Esta poesía -humana, verdadera, conmovida y conmovedora- nos deja una huella imborrable en el espíritu y en el corazón. Poesía arraigada en la existencia profunda del hombre y en la temporalidad de lo cotidiano. Y como dijo el poeta: “He aquí mis cartas / descubro claramente el juego: / miro a la realidad y a este costado / se me inclina la voz por donde muero”.



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