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  Guías culturales

LA VOZ DEL AMOR Y LA MUERTE


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Amiga que no se advierte
compañera que se olvida,
afirmación de la vida
que hace pensar en la muerte.”
Manuel Machado.

En la creación del poeta sevillano Manuel Machado hay dos temas vitales, presentes de principio a fin y estrechamente conectados: el amor y la muerte, dos corrientes que vienen a juntarse en las aguas de un solo río: el de la vida. A Machado se le relaciona con harta frecuencia con el amor, o mejor dicho, con el amorío. Sin embargo, junto al tema amoroso, Machado ha hecho también de la muerte asunto importante de su poesía. “Poeta de la muerte”, lo llama Gerardo Diego.

Manuel Machado entre el amor y la muerte o, lo que es igual; Manuel Machado ante la vida, que, al cabo, en ese binomio irreductible se concreta para él la existencia: “Canta tú las fatalidades / que son las únicas realidades: / Amor y Muerte”.

Este gran poeta andaluz vivió siempre con la certeza de la muerte clavada en su alma. La sintió revolotear en forma de amenazante mariposa o de agorero murciélago, le caló su frío marmóreo como la nieve invernal hiela la tierra, vio su rostro traidor enmascarado tras el rojo y negro de unos labios generosos y unos ojos azabache con brillo de mortífero puñal, y hasta presintió su acechante presencia en la sombra de su propio cuerpo, fiel y obstinado negativo de su imagen viva: “Sombra, triste compañera / inútil, dócil y muda, / que me sigues donde quiera / pertinaz, como la duda”.

Manuel Machado nace en el barrio de la Magdalena de Sevilla, el 29 de agosto de 1874. Once meses después nace el poeta de las Soledades, su hermano Antonio.

Manuel y Antonio, “almas gemelas”, acuden al colegio del señor Sánchez donde aprenden las primeras letras. En el años 1882, los hermanos Machado conocen el mar, en Huelva. Ambos sienten en su adentros el deseo de ser marinos en cuánto sean mayores. En 1883, los Machados marchan a Madrid y los dos hermanos ingresan en la Fundación Libre de Enseñanza. Comienzan a leer artículos que firma su padre con el seudónimo de Demófilo. Manuel publica su primer libro Tristes y alegres, en 1894. Dos años más tarde, se traslada a Sevilla con el fin de cursar Filosofía y Letras. Aparece su segundo libro Etcétera. A fines de 1897 consigue la licenciatura y se traslada a Madrid, donde frecuenta las tertulias literarias. Dos años después, se traslada a París, como traductor de la editorial Garnier. Aposentado de nuevo en Madrid, recibe la alegría de ver en la calle su libro Alma, que Unamuno comenta entusiasmado. En 1904 estrena en el Teatro del Duque de Sevilla su comedia Amor al vuelo y al año siguiente sale a la luz su poemario Caprichos, de signo modernista. En 1906, aparece La fiesta nacional, tan elogiada por Rubén Darío, un año más tarde se edita Museo y Cantares. Un poco harto de su modo de enfocar la vida se traslada a Barcelona. En 1910 contrae matrimonio con Eulalia Cáceres. En Barcelona aparecen sus libros Trofeos y Poesías escogidas.

En 1912 publica su poemario Cante hondo. Gana la plaza de Bibliotecario Archivero, con destino en Santiago Compostela. Trasladándose posteriormente a la Biblioteca Nacional de Madrid. En 1918 aparece Sevilla y otros poemas.

En colaboración con Antonio escribió diversas piezas teatrales, siendo su obra cumbre La Lola se va a los puertos que es estrenada en el Teatro Fontalba por la famosa actriz Lola Membrives, el día 8 de noviembre de 1929. Dos años más tarde, los hermanos Machado son nombrados “Hijos ilustres y predilectos de Sevilla”. En 1932, se estrena La duquesa de Benamejí.

En 1936, Manuel formula su adhesión al régimen franquista, quedaban muy atrás las ideas liberales heredadas de sus mayores. Dos años después, Pemán y Eugenio d’Ors le comunican que prepare rápidamente su discurso de ingreso en la Real Academia Española. El 19 de enero toma posesión. Por las mismas fechas se publica en Valladolid su poemario Horas de Oro.

Manuel Machado al enterarse de la muerte de su hermano Antonio, se traslada a Colliure, ignorando la muerte de su madre, a quien deseaba consolar. A partir de este triste suceso, Manuel deja de escribir poesía política. Ya no es el mismo hombre ni el mismo poeta. La muerte de Antonio la tiene clavada en el alma. El 19 de enero de 1947 muere Manuel Machado en Madrid.

Enmarcado en la generación del 98 unas veces y en el modernismo otras, su andalucismo surge en toda su obra lírica con tal personalidad y gracia, que le sitúa aparte de los poetas coetáneos que con él compartieron el movimiento renovador de fines y principios de siglo. Y sobre todo otro valor -o valores que son muchos- prevalece su fidelidad a Andalucía, en una especie de misticismo grave y hondo, bien sentido en el alma y en la inteligencia. De ahí que declarase: “No hay nada superior a la canción del pueblo”.

Siguen teniendo vigencia las palabras de Dámaso Alonso, a pesar del tiempo transcurrido desde que las escribió: “Este hombre, este Manuel Machado, parece jugar, parece reír. No; acercaos: llora. Manuel Machado es profundamente significativo, profundamente grave, profundamente triste: expresó la gravedad por medio de la ligereza”.

El precioso poema de Lírica, uno de los más completos autorretratos del autor; titulado “Rima”, termina en estos versos: “Y... nada más. En mi conciencia inquieta / vigila bien. Espero; / sin saber qué. Y, en tanto, / me anego en risa, disimulo el llanto... / y voy viviendo, mientras no me muero”.




 

 


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