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  Guías culturales

LA VOZ DE UN ARDIENTE PROFETA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“En política, la verdad debe esperar
el momento en que todos necesiten de ella.”
Björnstjerne Björnson.

 

Noruega presenta en los últimos años del siglo XIX, dos escritores de reputación europea, cada uno en su género: Björnson en la novela, y su consuegro Ibsen en el drama. Ambos fueron directores del teatro Nacional de Bergen. Ibsen era por esencia un escritor de vena satírica, así como Björnson era un apóstol de instintos constructivos y un ardiente profeta.

Björnstjerne Björnson nació en Kvikne el 18 de diciembre de 1832 y falleció en París el 26 de abril de 1910. Hijo de una antigua familia campesina, realizó sus primeros estudios en Molde. Participó como ardiente republicano en la Revolución de 1848. Después de matricularse en la Universidad de Cristianía el año 1852, comenzó su vida de escritor como crítico dramático en la prensa. Perteneciente a un ambiente de gran cultura, fue un polémico periodista en defensa del humanitarismo y de las universidades populares. Estuvo a la cabeza del separatismo noruego que propugnaba la escisión de suecos y daneses. Fue director del teatro Bergen (1857-1859) y del de Cristianía (1865-1867), y fundó en esta última ciudad uno propio. Viajó tres años por Europa (1860-1863), durante los cuales “vio muchas ciudades y muchos hombres”, principalmente de Alemania. Como político –y sus opiniones en este orden le llevaron a un destierro temporal voluntario (de 1873 a 1876), y más tarde a otro obligatorio para evitar las consecuencias de una acusación de alta traición- como lector, como conferenciante, como orador, ofrecía una mezcla feliz de atractiva apariencia física y de gran elocuencia; pero aunque de temperamento muy fogoso, nada tenía de fanático intransigente. Después de cincuenta y un años de vivir entregado a una continua actividad literaria, en 1903 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

Se inició en la literatura con el relato rural Synnove Sobakken (1858), que exaltaba la belleza de los paisajes noruegos y, que, aparte de sus producciones poéticas y dramáticas, le valió el reconocimiento de su mérito por la crítica europea, y con los dramas Hulta la coja (1858) y Entre batallas (1858), de inspiración romántica, a los que siguieron El rey Sverre (1861) y la célebre trilogía Sigurd Slembe o sea de Sigurd el bastardo (1862), basada en la historia noruega.

Hasta aquí Björnson se había mostrado fiel a los principios del cristianismo. En comparación de Ibsen, parecía cubrirse con el manto de los profetas del Antiguo Testamento, y su figura se yergue como la de un fogoso político, un brillante educador y un guía que usa un lenguaje directo, de telegráfica concisión. Se constituyó él mismo en “la conciencia del Norte” y como todo buen pensador cuyos puntos de mira son adaptados y suavizados por nuevas experiencias de la vida, no dudó en proclamar una rectificación de los suyos que iba a parar en que Noruega debía mirar con simpatía a Alemania y lanzarse en pos de las corrientes europeas, idea originada en la lectura de la guerra de Alemania de 1870 a 1871.

Aunque influido por las corrientes realista y naturalista danesa, los temas históricos y el mundo rural seguirán predominando en sus obras: el extenso relato Los recién casados (1865), el drama Sigurd Jolsafar (1872), inspirado en una antigua saga, y el vigoroso poema épico Arnljot Gelline (1870). Durante este periodo compuso los versos recogidos en Poemas y cantos (1870), libro por el que fue nombrado poeta nacional y que inspiraría posteriormente la letra del himno nacional noruego “Sí, amamos esta tierra”.

De 1873 a 1875 vivió en Italia, donde escribió los dos dramas burgueses que le darían a conocer internacionalmente: La bancarrota (1875), en el que ataca la hipocresía latente en la moral del mundo de los negocios, y El redactor (1875), donde puso en la picota a los potentados de la prensa y a los directores de periódicos al servicio de ciegos fanatismos. Las ideas del danés Georg Brandes y de Ibsen, centradas fundamentalmente en los problemas sociales, políticos y éticos, influirán decisivamente en las próximas obras de Björnson, entre las que cabe mencionar, los dramas El rey (1879) y Leonarda (1879) y la novela realista Magnhild (1879). En 1883 apareció la primera parte de su tragedia social Más allá de las fuerzas humanas, para muchos su mejor obra, y cuya segunda parte data de 1895. De su restante producción destacan El guante (1884), drama en el que se revela contra la falsa moral de los matrimonios de conveniencia, Amor y geografía (1885); Las voces de Dios (1889), Paul Lange y Tora Parsborg (1898), inspirado en el suicidio de un amigo, y la comedia Cuando florece la vid (1909), escrita poco tiempo antes de morir.

En la totalidad de la obra de Björnson se recoge la esencia del carácter y las costumbres noruegas. La clasificación de Björson puede hacerse fácilmente: es un utilitario, un moralista, un maestro que enseña. En él, el estilo está subordinado a la idea. Y la idea es diáfana. Consiste en que no debemos aspirar más que a lo estrictamente asequible, porque ya la evolución cuidará de ensanchar firmemente su área de acción. La razón, no la fe, lo experimental, no lo revelado, es el círculo dentro del cual él, al fin y al cabo, vive, se mueve y halla su razón de ser. Y como dijo este ardiente profeta: “A veces, el silencio es el mejor orgullo que se puede mostrar”.


 

 

 


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