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  Guías culturales

LA VOZ DEL ARTE DE CONTAR


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Hay palabras que suben como el humo
y otras que caen como la lluvia.”
Marquesa de Sévigné.

 

Madame de Sévigné debe su fama al género epistolar, muy del gusto de su época. Fue uno de los personajes que frecuentó más asiduamente los salones literarios de París. Sin embargo, manifestó una gran preocupación por la educación de sus hijos. La mayor parte de sus cartas están dirigidas a su hija, que se había trasladado a la Provenza tras su boda. Escritas en general, de una manera improvisada, rápida, sincera, sin pretensiones al éxito literario, hablan de la corte, de la ciudad, de los sermones, del teatro, de los amigos, de la familia, y, sobre todo repiten en cien formas el cariño de una madre hacia una hija que en nada se le parecía y a la que idolatraba.

Su natural sano, honrado, grave o risueño; su bondad, que no excluye el ingenio, pero que no admite la maledicencia; su inteligencia, su arte de contar, de pintar incluso la vida familiar y algunos lindos retazos de Naturaleza, y, en fin, su rara facilidad de expresión, su estilo, ampuloso aún, pero ya desenvuelto, rico y natural, todo ello hace de estas cartas una de las obras más expresivas en su género, una de las más perfectas de la literatura clásica.

Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné, nació en París el 5 de febrero de 1626 y falleció en el castillo de Grignan , Provenza, el 17 de abril de 1696. Descendiente de un linaje de rancio abolengo borgoñés, nieta de la cofundadora de la Orden de la Visitación de Santa María, quedó huérfana a su niñez. A los dieciocho años de edad se casó con Henri Savigné. En 1646 nació su hija Françoise-Marguerite y dos años más tarde su hijo Charles. En 1651 Henri de Sevigné se batía en duelo por su amante Madame de Gondran, muriendo atravesado por la espada de su contrincante, quedando viuda la marquesa de Sévigné, a la edad de 26años. Casada su hija con el conde de Grignan en 1669, y nombrado este teniente general en el gobierno de Provenza, la marquesa de Sévigné, para consolarse de la ausencia de su hija le escribió durante veinticinco años la mayoría de las famosas Cartas (publicadas póstumamente en 1726) que le han proporcionado la inmortalidad.

A la correspondencia con la hija se añadió, al editar las Cartas, las que enviara a su esposo y a sus amistades más íntimas (Mme. de la Fayette, Jean Racine, Mme. de Scúdery, entre otros). Escritas en un estilo ágil, sencillo y elegante, sus cartas constituyen además un valioso documento para conocer la Francia de Luis XIV. La autora muestra en ellas su aguda sensibilidad y el carácter alegre y espontáneo de su personalidad. Y como dijo la escritora francesa: “Las infidelidades se perdonan, pero no se olvidan jamás”.


 


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