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LA VOZ DE UN BRILLANTE PENALISTA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Los sucesos, con velocidad emocionante,
van afirmando, por momentos, el triunfo
de la libertad en el mundo.”
Manuel Ruiz-Funes

Al recordar a Mariano Ruiz-Funes, uno de los grandes penalistas españoles, evocamos también el testamento poético de León Felipe: ¡Oh, este viejo y roto violín! Esa inolvidable elegía que es casi una “letanía” hecha con los nombres de tantos y tantos caídos en el destierro: “Piedras recogidas / en las sepulturas de los grandes españoles / desterrados y enterrados en el destierro... / Piedras elegíacas ... / ¡Oh Moreno Villa / te debo una elegía! / Y a vosotros también, amigos ilustres: / Altamira, / Canedo, / Barnés (Domingo, Francisco, Paco), / Castrovido, / Albornoz, / Pío del Río Hortega, / Miguel Prieto, /José Oteiza, / José Andrés, / Ruiz Funes...”

Hombres maduros, los profesores universitarios españoles no se arredraron ante su incierto futuro, que les ofrecía la muerte en el destierro como perspectiva ineluctable y mantuvieron una posición dignísima acorde con su ideología política, sin claudicaciones ni desviaciones, por más que la solución española, al finalizar la guerra mundial, no les trajera esperanzas de retorno a la patria.

Mariano Ruiz-Funes García nació en Murcia, el 24 de febrero de 1889 y falleció en México en 1953. Estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde se licenció en 1909, doctorándose tres años más tarde con Premio Extraordinario, con la tesis “El derecho consuetudinario en la huerta y el campo de Murcia”. Ejerció por poco tiempo la abogacía y más tarde se dedicó a la enseñanza como profesor de Derecho Penal en la Universidad de Murcia, en la que fue catedrático desde 1925, siendo decano de la Facultad de Derecho y vicerrector de la Universidad. En 1927 recibió en Turín el prestigioso premio Lombroso, por su obra, Endocrinología y criminalidad (1927).

Vinculado al republicanismo, primero en Acción Republicana, y, en 1934, en Izquierda Republicana, fue elegido diputado en 1931 por Murcia, perteneciendo a la Comisión Constitucional redactora del la Constitución de 1931. Vuelve a la enseñanza universitaria, durante el Bienio Negro Republicano, siendo elegido nuevamente diputado por Vizcaya en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Azaña le encomendó el Ministerio de Agricultura, pasando a hacerse cargo, después de la rebelión militar de julio, del Ministerio de Justicia en el Gobierno de Largo Caballero hasta noviembre de 1936. Posteriormente fue nombrado embajador, primero, en Polonia y, después, en Bélgica, hasta que al finalizar la guerra, emprendió el camino del exilio a México, donde fue catedrático de Derecho Penal en la Universidad Nacional Autónoma y en la Universidad de Xalapa. Durante su exilio dio cursos ocasionales en la Universidad de Montevideo y fue catedrático honorario de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Marcos en Lima y profesor honorario de la Universidad Autónoma de El Salvador.

Destacaremos, entre sus obras, Endocrinología y criminalidad (1927), El derecho penal de los Soviets, Tres experiencias democráticas de legislación penal, Actualidad de la venganza (1943), El delincuente y la justicia (1944), Evolución del delito político (1944) Criminología de guerra (Premio Afranio Peixoto en Brasil en 1947), Criminalidad de los menores y La crisis de la prisión.

En noviembre de 1947 se celebró la Conferencia de la UNESCO en México, acordando su Comité Ejecutivo admitir en las reuniones como invitado de honor, a la República Española, y el Gobierno republicano en el exilio, a propuesta de la Unión de Intelectuales Españoles, designó una delegación para la Conferencia compuesta, entre otros, por Benjamín Jarnés, José Moreno Villa, Isabel de Palencia y Mariano Ruiz-Funes.

Ruiz-Funes formó parte de la Junta Directiva del Grupo de la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero y fue uno de los firmantes de la célebre Declaración de La Habana, en cuya Universidad se celebró en 1943, la Primera Reunión de Profesores Universitarios Españoles. Ruiz-Funes fue también colaborador de la importante revista del exilio español Las Españas.

Terminaremos esta breve semblanza del ilustre penalista español, con las palabras de su hija Concha Ruiz-Funes, profesora de Historia: “Para mis padres el exilio fue una vida muy dura. Él nunca se adaptó, y se le restituyó como catedrático en 1951, dos años antes de morir. ¿Cómo me siento? A veces tengo dudas, pero a todos los efectos soy mexicana. ¿El exilio? Para España no significa nada, porque nunca se ha ocupado del exilio”.

 

 


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