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LA VOZ DEL CANTOR DE AMÉRICA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Soy el cantor de América autóctono y salvaje;
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con un vaivén pausado de hamaca tropical...”
José Santos Chocano.

La vida de José Santos Chocano, un gran poeta continental -no sólo nacional-, sería el mejor tema para una novela amoroso-picaresca. Su leyenda de hombre pendenciero y aficionado a negocios no muy claros le viene perjudicando en el juicio de la posteridad. Santos Chocano era por naturaleza teatral, desmesurado y romántico y traducía a sus cantos su manera de ser.

Quiso ser Chocano el poeta de América; el mismo se proclamó tal y creyó que lo era. Recorrió el continente desde México a Chile recitando sus poemas. Escuchó ensordecedores aplausos. Se creyó intérprete providencial de todo ese mundo, mitad indio y mitad español, así en Blasón, nos dice: “Las dos castas fundo con épico fragor” y agrega: “La sangre es española e incaico es el latido”. Su misión la comparó con la del gran poeta norteamericano Whitmann (“Walt Whitmann tiene el Norte, pero yo tengo el Sur”, dijo Chocano”).

José Santos Chocano nace en Lima el 15 de mayo de 1875. Su padre era militar de la antigua estirpe, y su madre, hija de un minero español enriquecido en el Potosí. El se decía descendiente nada menos que del Gran Capitán. Pasa su infancia en Chorrillos casi recluido en la casa paterna, a causa de la guerra. “Yo no jugué de niño”, había de lamentarse más tarde. A los catorce años colabora en la revista Fin de Siglo y a los quince estudia en la Universidad de San Marcos. Participa en tentativas revolucionarias. Seis meses en la cárcel antes de cumplir los veinte años. Empieza a viajar: misiones consulares en Colombia y países centroamericanos. Va a Buenos Aires y luego, a Madrid, donde se le dispensa una excelente acogida. Bruscamente abandona España. ¿Motivos? Se habla de negocios turbios, incluida una falsificación de giros presentados al cobro. Recorrido triunfal por las Antillas, México y Centroamérica. El presidente Estrada Cabrera le ofrece su amistad y protección. Pancho Villa también.

En Guatemala es sorprendido en una conjura y condenado a muerte. La intercesión del Papa y de Alfonso XIII le salva. Regresa a Perú y se ve envuelto en el crimen del escritor Edwin Elmore y es detenido, procesado y condenado. Al quedar libre viaja a Santiago de Chile y allí permanece hasta su muerte, ocurrida trágicamente el 13 de diciembre de 1934. Chocano iba en el tranvía, y un individuo, a quien el poeta había comprometido en la búsqueda de cierto tesoro oculto, sintiéndose defraudado lo abordó y mató a cuchilladas. Chocano se había casado tres veces, sin molestarse en anular los vínculos anteriores.

Chocano empieza a escribir versos muy pronto. Precisamente en 1895, aparece su primer libro En la aldea y, seguidamente, Iras santas, Azahares y Selva virgen. En La epopeya del Morro, El canto del siglo y los Cantos del Pacífico introduce innovaciones métricas. La última etapa de su poesía se abre con la publicación en Madrid de una obra fundamental, Alma América (1906). Tal importancia concede Chocano a esta colección que llegó a declarar: “Ténganse por no escritos cuantos libros de poesía aparecieron antes con mi nombre”. En el libro titulado La Corte de los poetas, publicado también en Madrid, figura entre otras su poesía Pandereta, dedicada a Francisco Villaespesa, que empieza así: “Madre Andalucía, caja de alegría, / pandereta heroica de vibrante son: / es a ti a quien debo, madre Andalucía, / los desbordamientos de mi fantasía / y las marejadas de mi corazón”. En 1908 publica Fiat Lux.

Chocano se muestra discípulo aventajado de Víctor Hugo y de Nuñez de Arce, al que en una dedicatoria llama “el Magno”. No siempre ha sido bastante estudiado por la crítica como innovador, y otros lo han oscurecido, llevándose gloria que a él pertenecen también. Como en los grandes modernistas, las innovaciones métricas constituyen en Chocano una obsesión. En cuanto a su expresión literaria, está saturada de metáforas e imágenes fuertes, que en ocasiones, llegan al cientifismo. Como notas destacables de su poesía señalaremos; lo racial, lo intimista y lo descriptivo. En este último aspecto, por su paleta colorista, por su exuberancia verbal, así como por los efectos musicales extraídos sobre todo de la rima, puede parangonarse con Zorrilla. Es uno de los poetas más sonoros del siglo XX. Y como nos dijo Chocano: “Y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido / un blanco Aventurero o un indio Emperador”.

 

 

 


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