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  Guías culturales

LA VOZ DE UN COMBATIENTE DE LA CULTURA


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

“Cuando los norteamericanos hablan de sus derechos,
nosotros podemos alegar que por cada diez norteamericanos,
uno está privado del derecho más elemental: el de ser hombre.”
Iliá Ehrenburg.

 

Dotado de un gran talento periodístico, muchas de las obras en prosa de Iliá Ehrenburg traducen aquellos problemas y asuntos más actuales, lo que hizo que su éxito y fama no cesaran de crecer. Su destacado sentido del humor, no llega a cubrir al romántico que sueña con un mundo mejor. Fue uno de los escritores rusos más leído durante la época estalinista.

Iliá Grigórievich Ehrenburg nació en Kiev, Ucrania, el 27 de enero de 1891. Perteneciente a una familia judía de clase media, durante la revolución de 1905 participó en el movimiento estudiantil de la Universidad de Moscú, y poco después se afilió al partido bolchevique (1906). Emigró a París en 1908 donde vivió hasta 1917, haciéndose amigo de Apollinaire, Fernando Léger y Picasso. Al estallar la Revolución regresó a su país y se puso el servicio de la política y la propaganda soviética. En 1919 se casó con su prima Liubova Kozintseva. Dos años más tarde sale de la Unión Soviética y vive en Bruselas y Berlín y más tarde en París. Poco después de proclamarse la Segunda República Española, en 1931, Ehrenburg, un enamorado de la cultura española, recorre por primera vez España. A partir de 1932, Ehrenburg es corresponsal de Izvestia en París. En el Congreso Internacional de Escritores de Moscú (1934), se opone a la tesis de Máximo Gorki que abogaba por el realismo socialista. En 1935 trabaja para la celebración en París del I Congreso de Escritores Antifascistas. La rebelión militar del general Franco sorprendió a Eirenburg, en París, e inmediatamente se viene a España. Participó en el II Congreso de Escritores convocado por la Alianza Internacional de Intelectuales Antifascistas, que reunió en Valencia, en julio de 1937, a José Bergamín, Corpus Barga, Antonio Machado, Pablo Neruda, Fernando de los Ríos, Ramón J. Sender, Octavio Paz, Nicolás Guillén, John dos Passos, André Malraux, Rafael Alberti, Julien Benda, Martín Andersen-Nexö, Anna Seghers, Tristán Tzara, Emilio Prados, María Teresa León, Arturo Serrano Plaja, Juan Gil-Albert, Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Ramón Gaya, etc. En el Congreso, Iliá Ehrenburg nos dijo: “La literatura española era para todos nosotros la lección de lo humano. Ciertamente, los hombres no han cuidado durante decenas de años los olivos para que los obuses arrasen los olivares; ciertamente, la tierra generosa española no ha dado al mundo a García Lorca para que un soldado ignorante lo mate”.

Durante la II Guerra Mundial el periodista ruso se convierte en un activo propagandista con sus célebres artículos contra las barbaridades de los nazis, siendo, además, un miembro prominente del Comité Judío Antifascista. En 1960 le fue otorgado el Premio Lenin de la Paz. Iliá Ehrenburg muere en Moscú el 31 de agosto de 1967.

Sus obras poseen un tono combativo y militante y un estilo realista, mostrándose unas veces escéptico y otras sentimental. Entre sus obras figuran las siguientes: Poemas (1921), Las extraordinarias aventuras de Julio Jurenito (1922), donde satiriza las instituciones, Calle en Moscú (1927), Miguel Lykor (1929), Fábrica de sueños (1931), El segundo día (1933), La guerra (1943) y Tempestad (1948). En 1954 publicó El deshielo, novela prohibida al año siguiente por soslayar las directrices oficiales que acuña el término después utilizado para designar el período de desestalinización de la política soviética, y en 1958 una obra teatral, Julio Jurenito. Su obra de carácter autobiográfico, La gente, los años, la vida (1961-1964; 4 vols.) fue severamente criticada por Kruschev. Es autor también de diversos ensayos críticos sobre Chéjov, Stendhal y otros escritores. Durante su estancia en España, al poco de proclamarse la II República y durante la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, recogió sus impresiones en varias obras: España, república de trabajadores (1932), No pasarán (1936), Aquello que ocurre al hombre (1937) o Guadalajara, una derrota del fascismo (1937). Impresiones que pudieran resumirse en esta frase del escritor ruso: “España, son veinte millones de Quijotes andrajosos y un montón de rocas estériles, aleado todo con una amarga injusticia”.


 


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