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LA VOZ DEL POETA POR CULPA DE LAS COSAS


Francisco Arias Solís
aarias@arrakis.es

 

 

“Siento crecer profunda y dulcemente
hacia dentro del tronco de mi vida
una raíz de savia renacida
que en ti tan sólo encuentra tierra y fuente.”
Juan Chabás.


Chabás dedica poemas a la calle larga, a la ciudad llovida en invierno, al balcón, al jardín. “Las aceras calcaban / la desnudez mojada de las cosas”. Porque las cosas tienen vida, palpitan, sugieren. “Estaba la emoción en cada cosa; / luz de domingo, / verso evocado, / calle de los niños”. Para su libro poético un título muy expresivo Espejos 1919 -Verso- 1920 (1921). En la ciudad son los grandes espejos que entonces se ponen de moda en los cafés y los cristales de los escaparates que reflejan la imagen, como en un espejo. A renglón seguido de los poemas publicados por Chabás, se incluye un texto en prosa de Adolfo Salazar bajo el título “Kodak en Andalucía”. Es el arte mágico de la época: el arte fotográfico. Chabás pertenece a la primera generación que va por la tarde al cine.

Por un sólo libro de versos y un racimo de colaboraciones en revistas, un escritor preferentemente prosista es recordado hoy y no caprichosamente. Su obra poética es pieza que completa un momento brillantísimo de nuestras letras.

Juan Chabás Martí nace en Denia, provincia de Alicante, el 10 de septiembre de 1910. Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad de Madrid, especialidad ésta última en la que se doctoró. Asiste a las tertulias de Pombo, del café de Oriente y a la de la Colonial, de la que era su animador Rafael Cansinos-Assens. Asiste al homenaje de Luis de Cóngora, celebrado en Sevilla, en diciembre de 1927, con motivo del III centenario de la muerte del poeta cordobés. Militante del partido comunista, en julio de 1936, Chabás suscribe el manifiesto fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y participa en II Congreso de Escritores Antifascistas, celebrado en julio de 1937. Antes de acabar la guerra se casa en Madrid con la francesa Simone Téry, periodista de L’Humanité. Meses más tarde inicio su exilio primeramente en Francia, y más tarde en República Dominicana, Venezuela y Cuba. En 1943 contrae matrimonio con la cubana Lydia de Rivera y cuatro años más tarde con la también cubana Aída Valls. En 1947 desempeñó la cátedra de Literatura en la Universidad Central de Caracas, al tiempo que escribe en El Nacional, y dos años más tarde ejerció como profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba.

Tras enseñar literatura española en Génova, se hizo más popular entre los estudiantes americanos de lengua española que entre los de España, pues aquellos estudiaban a Berceo, a Calderón o a Valle-Inclán en el manual que Chabás publicó en Barcelona en 1932, reeditado varias veces en Cuba, en donde explicaba los mismos cursos que hizo en Génova, sólo que entonces ya había publicado un libro sobre Italia fascista y varias novelas, con resonancias de Gabriel Miró, como Sin velas, desvelada (1923), Puerto de Sombra (1926), Tornaluz de Sevilla (1927), Agor sin fin (1930), y un conjunto de narraciones bajo el título de Peregrino sentado. Por otra parte, el crítico literario edita un primer volumen de ensayos Vuelo y estilo. Y traduce, entre otras cosas, la novela Tercetos, de Luis Pirandello. Juan Chabás fue también colaborador del Centro de Estudios Históricos, de los periódicos La Libertad y El Sol y de revistas como La Gaceta Literaria, Alfar, Revista de Occidente, Litoral, Verso y Prosa, aparte de las ultraístas Grecia, Parábola, Vltra, Índice y Horizonte. “Comenzamos dirigiendo Horizonte, Juan Chabás, Rivas Paneda y yo -escribe Pedro Garfias en El Heraldo de Madrid-. Más tarde nos abandonó Chabás, y en su último número yo me encargué sólo de su dirección” Su producción en verso del exilio se recogió, póstumamente, en Árbol de ti nacido. También en el exilio escribió su utilísimo libro, que sería buena idea transterrar: Literatura Española Contemporánea, 1898-1950.

Juan Chabás fue en el pórtico de los años veinte, poeta seducido por la lectura de Juan Ramón Jiménez. En sus poemas hay ecos de Juan Ramón, pero ¿pero de qué Juan Ramón? Desde luego hay mucho de Platero y yo.

Juan Chabás murió exiliado, en La Habana el 29 de octubre de 1954. En las universidades en las que enseñó, Chabás sembró inquietudes teatrales y poéticas, divulgó a Cervantes y a Unamuno, fundó departamentos de español: hizo patria en el sentido más noble de la tarea.

El toro fue con frecuencia el símbolo idóneo para plasmar sus angustias y las sinrazones de la vida española: “Oigo bramar tus iras por las tierras / de robles y nogales y encinares; / donde los hombres son arcilla y roca: / ¡Oh toro de reyertas y de guerras! / Toro de gloria y cumbres, entre mares: / ¡oír tu sangre hirviéndome en la boca!”.

Mirando esta “tarde barroca”, por culpa de las cosas, recordamos al poeta alicantino, porque las cosas rompen la estructura del tiempo: “...y mi alma cayendo como un rocío / en las cosas / y las cosas en mi alma”.

 


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